Reflexiones

Francisco Cuamea

Sociedad organizada y narco: la perspectiva de los espacios

En Sinaloa hay una narrativa derrotista por el alto impacto de los actos y mitos del crimen organizado. Sucesos como los jueves negros no deben determinar el espíritu con el que buscamos soluciones. La sociedad organizada es una alternativa para quienes quieren recuperar cada vez más espacios y no saben cómo

El narcotráfico ocurre dentro de un territorio y no en el espacio exterior.

Cuando venden, cuando compran, cuando se mueven, las personas involucradas en la cadena de esta empresa criminal interactúan en algún grado, dentro de un espacio delimitado, con otras personas que no lo están: en la colonia, el pueblo, el fraccionamiento, la escuela, el templo, las fiestas, los negocios, las playas, la sierra, el valle, la gasolinera, el antro, las clínicas médicas, el gimnasio, las calles, la barbería, la estética, las canchas deportivas, en los campos pesqueros…

Si no los vemos o sabemos distinguir es otra cosa, pero están, se desenvuelven en el territorio, ese tercer elemento que, junto con gobierno y sociedad conforman el Estado en su concepción clásica. Pero no llenan todo el espacio. No son “dueños” del territorio como suele decir el derrotismo, que ve el fenómeno desde una perspectiva reducida por la comprensible frustración alimentada durante décadas.

Sí, tienen las armas, el dinero en algunos casos y la deshumanización para apretar el gatillo, así como el blindaje de su propaganda y narrativa, con lo que son capaces de desplazar a otras personas: del territorio hasta de la competencia comercial. Las famosas propuestas que no pueden rechazarse.

Con todos estos años de exposición a sus crímenes, impunidad y mecanismos propagandísticos, solemos darles el nivel de un monstruo gigante, fuerte e indestructible. Hasta le hemos descrito como la hidra de mil cabezas, tal como la mítica bestia despiadada que regenera sus partes cercenadas.

Esa representación que hacemos del crimen organizado corresponde a lo que se denomina estado de emergencia psicológica. Este se activa ante alguna situación que ponga en peligro nuestra integridad o la de nuestra familia y amigos, y dispara una serie de mecanismos que incrementan las posibilidades de supervivencia.

Y para sobrevivir, las más de las veces optamos por escondernos, por voltear hacia otro lado, por la parálisis o por el silencio. O todas juntas.

Por supuesto que hay una desproporción de fuerza ante un ciudadano común, pero aun así, el crimen organizado no es el único que coexiste en el espacio territorial. Es una parte del todo. Claro que asusta, pero porque estamos acostumbrados al abordaje de choque, a ver el problema como una batalla que se tiene que ganar, cuando de lo que se trata es de un problema que resolver.

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Las batallas se ganan con soldados, armas y testosterona. Los problemas se resuelven con información, estrategia, presupuesto y resolución.

El derrotismo tiene ante sí la responsabilidad de informarse para conocer alternativas reales que pueden realizarse sin ponerse en peligro. No se trata de que los ciudadanos juguemos a las vencidas contra los criminales, esa es responsabilidad de policías, fiscalías y juzgados.

Se trata de tener la iniciativa para hacer lo que sí podemos hacer: de ocupar los espacios con acciones que construyan comunidad. Ya sea con donaciones, con tiempo o talento, cualquier persona que quiera una mejor sociedad puede hacer algo. Hay opciones.  

Una de las preguntas más frecuentes después del 5 de enero: ¿qué se puede hacer? Esta una respuesta: ya hay gente haciendo.  Y sin meterse en broncas.

La sociedad organizada

La sociedad organizada también coexiste en el mismo territorio del crimen organizado. Con sus acciones especializadas, trabaja el diverso abanico de los derechos humanos y sociales.

Y mientras que nos lamentamos de la impotencia ante el crimen organizado, a la par, esta sociedad civil ha venido creciendo, generando otras narrativas y propuestas de solución a nuestros problemas, beneficiando a sectores diversos de la población.

Hoy hay 37 por ciento más organizaciones de la sociedad civil e instituciones de asistencia privada en Sinaloa que hace 10 años. Y 216 por ciento más dinero donado que hace una década.

Hay mayor participación ciudadana interactuando en este mismo espacio territorial. Operan en parques, colonias, juzgados, en las calles, en escuelas, en hospitales. Inciden para tener mejores leyes y políticas públicas; proponen diseños urbanísticos más humanos; financian a otras organizaciones civiles que cuentan con menos recursos. Trabajan para proteger a especies en peligro de extinción o para regenerar y cuidar la biodiversidad. Promueven una narrativa de participación ciudadana para resolver los problemas de la sociedad.

Y al igual que con las personas que participan en la cadena del crimen organizado: que no veamos a la sociedad organizada o no sepamos distinguirla es otra cosa, pero está.

Para 2022, la Secretaría de Hacienda reportó 237 donatarias autorizadas en esta entidad, es decir, organizaciones de la sociedad civil o instituciones de asistencia privada con fines no lucrativos. No trabajan para ganar dinero, su objetivo es alcanzar el bienestar común, abogar por el bien público y asumir responsabilidades frente a la sociedad.

Por ello operan con financiamiento a base de donativos, que para muchas de ellas es insuficiente. En 2012 eran 173.

Estas organizaciones de participación ciudadana de Sinaloa reportaron en 2022 donaciones nacionales y extranjeras por un total de mil 31 millones 60 mil 753 pesos. Tres veces más que en 2012, cuando sumaron 326 millones 188 mil 348 pesos. Las cifras anteriores no consideran las donaciones en especie, sólo el flujo de dinero.

Y no solo eso, Sinaloa es la quinta entidad con mayor cantidad de donaciones de todos el país, de acuerdo con el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados.

Empleo, profesionalización y personal calificado de la sociedad civil

En los 15 años recientes, las organizaciones de la sociedad civil sinaloenses han aprendido a vincularse, estructurarse y capacitarse. Han evolucionado. No sólo son más sino que también son más profesionales.

Poco a poco se convierten en entidades con gobernanza, administración profesional y opciones de empleo para las personas con habilidades especializadas, aunque aún hay otras que funcionan sin ser donatarias autorizadas o contar con un acta constitutiva, lo cual tampoco es regla. Un colectivo cimentado por la mera convicción del ideal es una organización de participación ciudadana.

A nivel nacional, el Inegi informa sobre el perfil económico de las organizaciones sin fines de lucro para 2021.

  • El Producto Interno Bruto de las instituciones sin fines de lucro alcanzó un monto de 694 mil 808 millones de pesos, lo que equivale a 2.9 por ciento del PIB nacional.
  • El PIB de las ISFL presentó un incremento de 4.4 por ciento respecto a 2020.
  • Generaron 2 millones 526 mil 229 puestos de trabajo, lo que representó 6.7 por ciento del total nacional.
  • El valor económico del trabajo voluntario fue de 153 mil 726 millones de pesos y representó 0.6 % del PIB nacional.

Las organizaciones de la sociedad civil suelen hacer esfuerzos para dar a conocer su acciones y resultados. Algunas de ellas, unas más que otras, tienen un alcance importante en las métricas de la comunicación digital.

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