Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Tecnologías contra la discapacidad

Es urgente para la humanidad desarrollar un marco mental que vaya a la par de la evolución tecnológica, para que podamos usarla en resolver los problemas que realmente importan, comenzando por garantizar la calidad de vida y el bienestar para los seres humanos.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en el mundo habitan más de mil millones de personas con algún tipo de discapacidad, lo que constituye un 15% aproximado de la población. En México, contamos con, al menos, 6 millones de personas con discapacidad, ¡casi el 5% de los mexicanos! Esta cifra incluye personas con dificultad de caminar o moverse, ver, comunicarse, oír, recordar y ser autosuficientes en general.

Algunas discapacidades son más notorias que otras, sin embargo, todas merecen ser reconocidas y consideradas… algo que no caracteriza el desarrollo urbano actual ni las facilidades para coexistir en el mundo moderno. Según el censo del INEGI de 2020, 48% de las discapacidades en México son de movilidad, dificultando desplazarse sin apoyo externo; 44% se refieren a poder ver, aún con apoyo de lentes y 22% de escuchar, incluso con ayuda de aparatos auditivos. En un mundo ideal, contar con alguna de estas condiciones físicas no sería un impedimento para alcanzar una vida plena.

En la realidad de nuestro país, de acuerdo con el CONEVAL, casi el 50% de las personas con alguna discapacidad vive en situación de pobreza, de las cuales 10% se enfrentan día a día a la pobreza extrema. Adicionalmente, la relación de personas que no saben leer y escribir es hasta 7 veces mayor entre este sector vulnerable de la población que la tasa a nivel nacional, y solo el 27% cuenta con acceso a prestaciones médicas, situación que dificulta el tratamiento y control de su salud, por lo que en ocasiones su condición llega a empeorar por falta de atención profesional.

Estos indicadores señalan que, en el día a día en un país que enfrenta un panorama social, económico y político complicado, el contar con una discapacidad dificulta aún más la supervivencia y el vivir con bienestar, convirtiéndose en un factor de discriminación sistemática tan internalizado que difícilmente nos damos cuenta de la situación. Las personas que no nos encontramos con alguna de estas situaciones, tendemos a olvidar la necesidad de rampas que faciliten el acceso de las personas que no pueden subir escaleras o de los relieves en braille que permitan la lectura de las personas que no pueden ver y leer fácilmente, entre muchas otras necesidades que parecen pasar desapercibidas.

Ante este panorama, la toma de conciencia de las autoridades y la sociedad en conjunto es indispensable: todos tenemos derecho a una vida digna y plena. Si bien las discapacidades son diversas y de orígenes variados, lo que dificulta su prevención, contamos ya con herramientas tecnológicas que podrían ser aliadas sin precedentes para construir un mundo más equitativo.

Una de estas herramientas son los exoesqueletos mecánicos, tecnologías dignas de un buen libro de ciencia ficción, pues mezclan sensores biométricos, inteligencia artificial y armazones robóticos para ayudar y reforzar la movilidad de las personas que lo utilicen. Hay distintos modelos: desde algunos bastante sencillos pensados para ayudar especialmente a personas de la tercera edad a levantarse cuando su fuerza les falla, hasta algunos increíblemente complejos que pueden ayudar en la rehabilitación de personas tras accidentes cerebrovasculares o lesiones de la médula espinal. Incluso, se habla de alcanzar el suficiente desarrollo y democratización de estas tecnologías para que armazones sencillos ayuden a millones a volver a caminar apoyados por sólidas estructuras metálicas.

También se están desarrollando diversas formas de controlar dispositivos móviles con la mente, de tal forma que personas con movilidad limitada puedan manipular la tecnología y usar sus bondades a su favor, disminuyendo su desconexión con la sociedad y facilitando la interacción suficiente para que puedan llevar a cabo actividades de las que, hasta ahora, se han mantenido exentos. En la actualidad, ya muchos dispositivos electrónicos comienzan a incorporar facilidades para las personas con algún tipo de discapacidad, como lectura en voz alta para aquellos con problemas visuales. Es un gran avance, pero dista de ser suficiente para mejorar la situación del 15% de la población mundial que se considera vulnerable por alguna afectación a sus capacidades físicas o psicológicas.

Las opciones son muchas, la tecnología y la ciencia avanzan a un ritmo cada vez más acelerado, desarrollado soluciones para aquello que antes parecía inamovible. A pesar de eso, no será suficiente mientras no busquemos activamente mecanismos para mejorar la vida del mayor número de personas posible.

Es urgente para la humanidad desarrollar un marco mental que vaya a la par de la evolución tecnológica, para que podamos usarla en resolver los problemas que realmente importan, comenzando por garantizar la calidad de vida y el bienestar para los seres humanos. Para lograr esto, debemos comenzar por las situaciones estructurales; volviendo visible la realidad que viven millones de personas y no solo aquella de las personas privilegiadas, juntando fuerzas como sociedad civil y autoridades para mejorar la situación, cada uno desde nuestras posibilidades.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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