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Redacción Espejo

Tierra Blanca: La realidad a la que nos han sometido

Alfaro Bedolla genera una narrativa orgánica que nos ilustra la realidad a la que nos han sometido, y la aceptación de una cultura con la que se convive día a día

Por Óscar Manuel Quezada

Tierra Blanca, de Leónidas Alfaro Bedolla, está narrada desde una perspectiva circunstancial; y, como suele suceder, los fenómenos circunstanciales algunas veces se presentan para transformar a un individuo, ya sea para bien o para mal. En este caso, un suceso recae sobre una persona e inmediatamente repercute en una transformación grupal que conduce a los círculos de lo ilícito. Esto ocurre a través de Gumersindo, personaje central de la novela, quien, presa de una situación circunstancial, nos adentra en la exploración del mundo del narcotráfico, del mundo del crimen organizado. En la búsqueda de justicia para su padre encuentra otras repuestas y una oferta de vida que lo dirigen a la miseria humana.

En Tierra Blanca, Alfaro nos muestra cómo se forma un cártel, cómo es una organización y cómo aumenta la apertura de más cárteles, de la misma manera en que se extiende un mercado, como si se tratara de una oferta de mercadotecnia para —desde el punto de vista de quienes controlan este nicho— tener la opción manipulable de mantener un equilibrio malsano que permita enfrentar a los grupos en el poder.

Un día por las calles de Culiacán, mientras don Pedro circula en su bicicleta, se le cruza una camioneta. Este hombre de mirada ingenua, padre de Gumersindo, recoge un paquete que se ha caído accidentalmente debido a la velocidad de aquel vehículo. El deseo de regresarlo queda ahí, en un acto de honestidad; entre las manos persiste una situación que duele a medida que desgajamos la novela. Recoge el paquete con la esperanza de encontrar una pista para regresarlo, ya que alguien lo ha perdido. Atraviesa la calle y ésa es la historia. Cuando voltea, está en la boca del lobo, de donde nunca más vuelve a salir.

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Esta situación circunstancial son los hilos conductores y de los que pende la tensión dramática de la historia. El argumento nos genera terror ante la bestialidad de los seres humanos; una situación modifica a una familia y después a toda una sociedad; la transformación inhumana se lleva al límite de la psicopatía.

La novela es un mosaico con diferentes matices, por momentos es crónica, pieza. El razonamiento de los personajes siempre está presente, hay un predominio de las ciencias exactas en el sentido de cómo conducirse de una manera lógica y precisa para envolver eficazmente a toda una célula. Se presenta una encrucijada que involucra a todos los hilos de la sociedad, principalmente a la autoridad-sociedad-crimen organizado; desde esa perspectiva, es fácil entender lo que hoy sucede. La relevancia de la novela Tierra Blanca, en su novena edición, radica en que pudiera significar para el lector un documental de forma que se pueda comprender el origen de la descomposición del tejido social. Cabe señalar que en ningún momento la novela juzga, simplemente narra a través del diálogo cotidiano.

Alfaro Bedolla genera una narrativa orgánica que nos ilustra la realidad a la que nos han sometido, y la aceptación de una cultura con la que se convive día a día.

Con un conocimiento extenso de la geografía del estado de Sinaloa, Leónidas nos lleva y nos trae de un lugar a otro. A través del clima de tensión y la adrenalina a tope, también nos da la oportunidad de asomarnos de vez en cuanto a la belleza de uno de los tantos Méxicos que tenemos, porque hay muchos Méxicos. Sinaloa también lo es, e innegable es su belleza.

Desde las entrañas de una de las colonias más emblemáticas e icónicas de Culiacán, Tierra Blanca, lugar de inspiración en la creación de corridos y de canciones del regional mexicano, nos muestra el razonamiento y la lógica a través de las diferentes variantes de los personajes. Al igual que algunas ecuaciones matemáticas, el resultado es exponencial, hay resultados distintos a los que nuestra sociedad quisiera obtener. En la narrativa palpamos el empoderamiento, la transformación en los códigos del propio crimen organizado, nos encontramos ante una nueva apertura y ante la extinción de aquellos inicios. Tierra Blanca es pionera del género, es un referente para entender lo roto de una sociedad, los hilos que nos determinan y nos destrozan el alma. Pero, sobre todo, sin pretenderlo, se vuelve un documental donde nos muestra cómo una sociedad sometida a las riendas que nos dirigen por cánones ajenos a nuestras propias pautas. Se nos adentra en circunstancias sociales donde el desarrollo de acontecimientos es como una extensión de la propia sociología, un retrato que no queremos reconocer, y al que tampoco deseamos pertenecer; sin embargo, está insertado en nosotros como parte de una cultura que se rechaza, y con la que convivimos como una manera de sobrevivencia para algunos, y un modus vivendi para otros.

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Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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