Reflexiones

Malú Morales

Un invierno para tres

Tal pareciera que Allende nos narra una historia basada en el mundo real y actual de los personajes; a pesar de todo, tal vez sea sólo la envoltura del drama que permea a los tres personajes, a quienes les dedica grandes episodios que relatan su pasado y que puede ser el verdadero meollo de la intencionalidad de la escritora.

Son tres los personajes de esta historia atrapados por una fenomenal tormenta de nieve en Nueva York.  Nada les une, nada les identifica porque cada uno lleva consigo un mundo de dramatismo, contextos, edades y nacionalidades diferentes. Únicamente les une una sola causa: la tragedia de sus vidas que esa imparable caída de nieve ha sido capaz de unir,  de envolver sus destinos irremediablemente.

Isabel Allende, con su magia para hilvanar historias, se vuelve a apoderar de nuestra capacidad de asombro con su emotiva novela: MÁS ALLÁ DEL INVIERNO.

Son tres los que forman parte de este universo: Lucía Maraz, maestra universitaria de origen Chileno, pisando el umbral de la sesentena,  encara la vida con optimismo. Llega a Nueva York como profesora visitante, convive con un pequeño perro Chihuahua, ocupa un diminuto departamento que le renta el profesor Richard Bowmaster, profesor Norteamericano, dueño de un piso ubicado en el barrio de Brooklyn, vive con cuatro gatos como única compañía;  viajero y políglota, que toca el piano por las noches; de ánimo sombrío, es jefe de Lucía en la Universidad de Nueva York. A pesar de habitar el mismo edificio, conviven poco y conversan menos. El tercer personaje para enlazar la vida de todos, es Evelyn Ortega, joven de menos de veinte años, originaria de Guatemala, refugiada con falsos documentos, tartamuda, encara la vida con un rostro de terror permanente.

La noche de la tormenta de nieve la ciudad fue declarada en estado de emergencia, pero el profesor Richard tiene que salir a la calle en busca de una veterinaria donde puedan atender a uno de sus gatos con síntomas de envenenamiento. El animalito se queda para observación y él regresa a su casa en medio de la nieve con suma dificultad por la borrosa visión; de pronto un pequeño auto blanco frena bruscamente delante de él, lo que provoca un choque inesperado. El maestro pretende arreglar la causa del accidente; para su estupor se encuentra a una jovencita que  maneja sin precaución, ella no acepta las disculpas y posibles soluciones, no logra emitir ni una palabra y el afligido hombre sólo acierta a darle su tarjeta con sus datos personales. Horas después recibe la visita de la joven, la hace pasar, escucha en un español entrecortado lo que la muchacha trata de explicarle; ante tal situación acude a su vecina del piso de abajo, la profesora Chilena para que le ayude a entender ese idioma que él conoce poco. Lucía Maraz con su sentido solidario y atraída por el profesor solitario, acude al piso de arriba. Evelyn en medio del llanto y entrecortadas palabras, confiesa que trabaja con una familia al cuidado de un niño con incapacidades, que ha tomado el auto para comprar algo en la farmacia. Suelta la verdad sobre su nerviosismo y miedo y declara que en la cajuela del auto hay un cadáver. Acuden al vehículo para percatarse de que efectivamente en la cajuela está el cuerpo de una mujer joven, congelado y envuelto en una frazada que al parecer Evelyn ignoraba pero que descubrió al colocar sus compras de la farmacia. Al entender que la joven es indocumentada, con problemas de lenguaje y atrapada en pánico, Lucía decide ayudar a la Guatemalteca con la oposición del maestro que desea llamar a la policía. Tiene que pasar una noche entera en que los tres permanecen en el piso del profesor, planeando cómo pueden ayudar a la muchacha que les despierta compasión. Deciden desaparecer el cuerpo sin vida y ser arrastrados hacia una aventura peligrosa que les hace conocerse entre sí; sacan sentimientos desconocidos y se unen en una dramática aventura, descubren su fuerza interior y el verano invencible que llevan en el alma.

Tal pareciera que Allende nos narra una historia basada en el mundo real y actual de los personajes; a pesar de todo, tal vez sea sólo la envoltura del drama que permea a los tres personajes, a quienes les dedica grandes episodios que relatan su pasado y que puede ser el verdadero meollo de la intencionalidad de la escritora. Por lo tanto nos conduce a la vida de Lucía Maraz con todo y sus pérdidas: la muerte de su madre, la separación de un esposo que la abandona cuando se descubre el cáncer que ella padece y su lucha por encarar su destino. El no menos escabroso  pasado del Profesor  Bowmaster, tratando de superar la trágica muerte de su mujer y su pequeña hija que le muerden el alma con sentimientos culpables y su alcoholismo apenas superado con la ayuda de amigos y sus trabajos de investigación como miembro de una Universidad prestigiosa.  Con poco más de 60 años permanece atado a un pasado insuperable, y en temerosa soledad. El relato más conmovedor es el de Evelyn que salió de su natal Guatemala huyendo de la terrible banda de los Mara Salvatrucha que aniquilaron a dos de sus hermanos y amenazan con terminar con ella. Con la ayuda de un sacerdote y la voluntad de la abuela, es  entregada a un “coyote” para sacarla del país e ir a reunirse con la madre que vive en los Estados Unidos. La travesía de Evelyn implica la tragedia de los indocumentados que tienen que pasar por el terror durante los intentos de ser desapercibidos por la guardia fronteriza, el paso por el río de la muerte, hasta llegar a la familia que la contrata para cuidar de su único hijo enfermo.

La novela cierra con una frase del profesor: En medio del invierno aprendí que había en mí un verano invencible.

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