Reflexiones

Malú Morales

Un lugar llamado Antaño

A esta novela: se le podría definir como un cruce entre Cien Años de Soledad y un cuadro de Chagall

Siempre resulta edificante conocer la obra de un Premio Nobel de Literatura. Saber sobre su entorno territorial, su cultura, sus motivaciones para escribir y todo lo concerniente a su labor. Leer a Olga Tokarczuk, escritora Polaca (1962) Premio Booker Internacional, entre otros, principalmente el Premio Nobel de Literatura 2018; respaldada por más de quince novelas, ensayos y relatos, que ha escrito sobre la historia de Polonia y Ucrania partiendo de la complejidad del mundo y el entorno humano, no deja de ser estimulante.

La novela UN LUGAR LLAMADO ANTAÑO, está situada en un lugar inventado por la autora, al igual que Gabriel García Márquez inventó su Macondo y Juan Rulfo su Comala para entornar sus emblemáticas novelas. La similitud entre los tres escritores, se da en que los tres acuden al realismo mágico, aunque con diversos resultados. A esta novela: se le podría definir como un cruce entre Cien Años de Soledad y un cuadro de Chagall, por su estilo surrealista y su expresionismo, o como si se tratara de un rompecabezas infinito. Todo lo que ahí se narra, transcurre durante un siglo.

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Antaño, un pueblo en el corazón de Polonia, contiene historias entregadas en breves capítulos por donde desfilan: dos guerras, nacimientos, amoríos, violencia, dignidad, traiciones, muertes. Sus personajes dejan ver sus pasiones y sus miedos, todos vulnerables y vivaces. Antaño está en el centro del universo, custodiado por cuatro arcángeles: Rafael, Gabriel, Miguel y Uriel.

En el verano del catorce aparecen Genowefa y Michal, éste es llevado a la guerra por agentes rusos. Ella lloró todo el día y toda la noche, viendo su reciente embarazo con incertidumbre. Coincide con otra mujer en las mismas condiciones con quien comenta: Si nos pusiéramos de acuerdo en tener sólo niñas, habría paz en el mundo. A Genowefa se le realizó su deseo, tuvo una niña  a la que nombró Misia. Estando en la fila para conseguir víveres, conoce a una vagabunda a la que llaman Espiga, porque se alimenta de espigas que recoge del campo. Era corpulenta y hermosa; sin otro futuro, se echó a la mala vida. Los hombres siempre andaban como perros a su alrededor. Ella, disfrutaba su precaria vida. Espiga se embarazó no supo de quién; despertó la compasión de la esposa del amo del pueblo, dueño de tierras y bosques. La muchacha no aceptó la ayuda condicionada a trabajar para su protectora, por lo que se refugió en una casa en ruinas, en donde trajo al mundo al hijo que nació muerto.

En la  comunidad había un párroco de naturaleza impulsiva e irascible. Odiaba al río Negro que cruzaba la ciudad, ya que inundaba sus prados de flores cuando crecía por las lluvias de verano. Desde el púlpito, el cura compara los excesos del río con la labor del diablo. Se desquita dando latigazos al cuerpo ondulante del río Negro. Huye de Espiga cada vez que la ve. Florentynka es una mujer que se volvió loca de forma “normal”, después de que su esposo se ahogara borracho en el río; se le murieran siete de los nueve hijos que tuvo, se le quemara el establo y los dos hijos sobrevivientes huyeran perdiéndose por el mundo. Su casa se llena de gatos y perros. Una noche comienza a insultar a la luna culpándola de sus desgracias.  La única que la consuela es Espiga. Genowefa y Espiga dan a luz el mismo día en su segundo embarazo. La primera tuvo un parto difícil asistida por una partera que la abofeteaba para volverla en sí de los continuos desmayos. En cambio Espiga dio a luz, sola, en  un rincón de su casucha, sobre un manojo de heno. Tuvo un bebé grande y hermoso. Genowefa escuchó decir a la partera: Tienes una niña. Ella lo supo en cuanto vio al niño desabrido y llorón, “Este no es nuestro hijo. La partera me dijo que tenía una niña. El marido, ocupado en buscar una nodriza para alimentar al bebé, trató de convencer a su mujer de que el niño era de ellos. Espiga dio a luz al mismo tiempo; puede que ella convenciera a la partera para cambiar a los bebés… El niño comenzó a crecer poco, en contraste, su cabeza se agrandaba. El médico dictaminó: Puede ser Hidrocefalia… Genowefa terminó queriendo al niño que creció a la par que su compañera de juegos, la hija de Espiga, a quien llamó Ruta, de la que el hombrecito llegaría a amar de por vida.

Muchos son los personajes que aparecen en esta obra sorprendente y deslumbrante: Cosacos invasores, almas en pena que se creen vivas, animales que hablan. Hasta el mismísimo Dios que se deja ver aburrido de la humanidad que él creó…  Así que Dios bajó a la tierra y convirtió a la fuerza, a los animales en personas. Pero los animales no querían ser transformados en hombres; les parecían seres horribles y espantosos, verdaderos monstruos.

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Existe una gran distancia entre el realismo mágico Latinoamericano y el Polaco que adopta Olga Tokarczuk, reconocida como una de las mejores y más celebradas escritoras polacas actuales. Sin embargo, nos quedamos con la idea de que los seres humanos, absurdos o no, todos nos cubrimos con el mismo caparazón: movidos por las pasiones, sueños, dudas, miedos, anhelos. El escritor o escritora que logra plasmar en su obra, la profundidad del alma, sin límites de fronteras, se ganan el mérito de de ser reconocidos y obtener millones de lectores.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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