Reflexiones

Malú Morales

¿Un mundo mejor?

El día en que Emily decidió salir a la calle sin comunicárselo a su cuidadora, ésta la vió desde su ventana, conviviendo con una de las bandas situadas cerca del edificio, la chica mostraba una vivacidad y alegría desconocidas.

Tal parece que el tema de las ciudades abatidas por las guerras que dejan caos,  miseria, muerte, desintegración y más, nunca va a pasar de moda porque esas tragedias continúan sucediendo a  pesar de vivir ya en pleno siglo XXI, en el que muchos cifraron una esperanza por lograr un mundo mejor. Los escritores sienten la necesidad  de registrar esos hechos que nos avergüenzan y nos conduelen como sociedad, pero que posiblemente sea necesario escribir sobre ellos para tener presente “Lo que no debe pasar”. Es probable que ese sea el pensamiento o la intención de Doris Lessing  (1919-2013), escritora Británica que nos dejó una obra abundante, una de las cuales comentaré: MEMORIAS DE UNA SUPERVIVIENTE.

La historia sucede en una ciudad en donde al parecer esperan una invasión o acaba de terminar una guerra, no lo deja claro la autora. Hay desolación, falta de servicios básicos, falta de alimentos, de ropa. No se ve que haya ley ni orden.  Los pocos habitantes que se han mantenido en su hogar cuidan de sus pertenencias con miedo a los asaltos. Los espacios abiertos, calles y aceras son ocupados por grupos de jóvenes que llegan continuamente, los adultos se preparan para huir. Se forman bandas, pandillas o comunas que comparten lo poco que tienen tratando de inventar sus propias reglas.

En uno de los edificios abandonados sobreviven algunas familias, ahí vive una mujer de edad madura, solitaria, cuidando sus escasos víveres y manteniendo su departamento con orden y limpieza. Un día se presenta a su puerta un hombre desconocido con una niña de doce años sosteniendo una pequeña maleta. El hombre maduro sólo pronuncia: Esta es la chica. No hay error…usted es responsable de ella… ante el asombro de la mujer, el hombre termina diciendo: Es Emily Cartright. Cuídela… y desapareció antes de que la mujer pudiera protestar. La niña, además de la maleta llevaba un gato amarillo, feo e indefinido, al que ella le prodigaba cariños y palabras dulces. La mujer los instala en el cuarto de huéspedes; las pocas palabras que llegan a cruzar no son reveladoras y la mujer se resigna al silencio de la joven, la convivencia se vuelve amable. Yo ya sentía un peso en el corazón, el peso de la ansiedad. No alcanzaba a comprender bien qué estaba ocurriendo. Desde los primeros días la chica se mostró acomedida y educada, la mayor parte del día se encerraba a dormir con su gato. El día en que Emily decidió salir a la calle sin comunicárselo a su cuidadora, ésta la vió desde su ventana, conviviendo con una de las bandas situadas cerca del edificio, la chica mostraba una vivacidad y alegría desconocidas. Fue cuando la mujer comenzó a preocuparse por ella; sin embargo la jovencita volvía por las noches con el rostro iluminado. La comuna a la que se había adherido, se organizaba repartiendo las tareas de limpieza,  búsqueda de alimentos, preparación de éstos, separar los espacios para dormir y hasta festejar por las noches con música y bebidas que se pasaban de mano en mano. La banda tenía un líder, Gerald, de 18 años del que Emily se enamoró convirtiéndose en su mejor asistente para el manejo de las actividades. La mujer no se sentía con derechos de llamarle la atención pero la joven seguía comportándose respetuosa con ella, a veces le comunicaba de sus salidas. Gerald, el cabecilla del grupo, una noche  descubrió a un grupo de niños que sobrevivían en las instalaciones del metro, en condiciones miserables. Robaban alimentos y ropa, dormían en cartones en el suelo y algunas veces atrapaban ratas de las alcantarillas para comerlas asadas; llevaban palos como armas, sabían esconderse muy bien de la policía que escasamente vigilaba la ciudad. El joven líder, con la ayuda de Emily y a fin de ponerlos a salvo los llevó a la comuna; al principio se rehusaron pero el olor de la comida caliente y el espacio acogedor terminó por convencerlos. Sin embargo, ante el desconocimiento de las normas, la limpieza y el orden comenzaron las protestas de los demás. Los niños se mostraban violentos negándose a participar de los quehaceres.  Al parecer hubo un asesinato y comenzaron entonces las discusiones acerca de avisar a la policía para que se hiciera cargo de los pequeños, Gerald y Emily se negaban; los demás abandonaron el lugar ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo. La jovencita madura de pronto al enfrentar su pasión por Gerald.

La novela, escrita en primera persona es narrada por la dueña del departamento, quien se aficiona a contemplar la pared de la estancia e inventa un espacio imaginario en el que existen pasillos y otros departamentos habitados por otras familias, entre ellas, la familia de Emily, una madre despreocupada, un padre indiferente. La mujer, exclusivamente como espectadora,  “ve” imágenes crueles para con Emily niña. De esta manera, se refugia en sus sueños. Se dice que  esta obra está catalogada como novela distópica. Entendiendo que la distopía radica e inventar un lugar con una sociedad indeseable. Lo opuesto a la utopía. A pesar de ser ésta una novela sombría, tiene un fondo de esperanza y supervivencia.

Doris Lessing escribió hasta muy avanzada edad, aproximadamente cuarenta obras, siempre sobre la conciencia individual y el bien común.  Se describía así misma: No quería desperdiciarme siendo solamente madre. Fue feminista, comunista, pacifista y anticolonialista. El Premio Nobel le fue otorgado en 2007.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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