Reflexiones

Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes

Un nuevo modelo de crecimiento y desarrollo para Sinaloa

Situaciones adversas como las que ahora se viven, son también oportunidades para crecer en el sentido amplio del término. Las rutas a seguir son diversas y muchas regiones del mundo y del país ya transitaron exitosamente por muchas de ellas. El asunto es que nosotros no seguimos en firme ninguna. Navegamos sin timón y a la deriva.

La pandemia provocada por el covid-19 hundirá a prácticamente todas las economías regionales en este 2020 y se espera que sus efectos perniciosos alcancen todavía a los años siguientes. Por ello, el escenario que se avecina implica para las economías regionales enfrentar un conjunto de retos que no tiene precedentes, que fundamentalmente tienen que ver con la aplicación de estrategias que permitan amortiguar los efectos de la crisis sanitaria y económica y, con hacer que la recuperación de las inversiones, el empleo, la confianza de los consumidores, el ingreso y la salud se alcance en el menor tiempo posible.  

Situaciones adversas como las que ahora se viven, son también oportunidades para crecer en el sentido amplio del término. Sinaloa y 14 entidades más, renovarán sus gobiernos estatales el año entrante y en el marco de la crisis tenderemos de nuevo, como cada seis años, la oportunidad de renovarnos, de plantearnos un nuevo modelo económico, que nos convierta en una región menos vulnerable, con mejores salarios, más competitiva y, con niveles de crecimiento y desarrollo más acordes con nuestras potencialidades.

Las cifras revelan que hay mucho por hacer. El INEGI publicó a finales del año pasado los PIB regionales en el 2018.  A partir de ellos se observa que en los últimos 15 años (2003-2018) la economía sinaloense creció en promedio 2.6 por ciento por año, un poco más que la media nacional (2.3%), con lo que apenas ocupó, en el ámbito nacional, la posición 18, por lo que puede considerarse una entidad de bajo crecimiento, sobre todo considerando que, en el período, 21 entidades crecieron más que el país y un conjunto de entidades tuvieron crecimientos muy superiores. Los primeros lugares fueron para BCS (5.7%), Quintana Roo (4.7%), Querétaro (4.6%), Aguascalientes (4.4%) y San Luis Potosí (3.5%).

El PIB regional de 2018, permite también calcular el PIB per cápita para las entidades federativas. Sinaloa, con un PIB per cápita de 131 mil 259 pesos, ocupa la posición 17 en el ámbito nacional, lo que significa que no presenta cambio significativo con respecto a la ubicación que ha mantenido en los últimos años, caracterizándose como una entidad con bajo nivel de PIB per cápita. Como una referencia, el PIB per cápita de las entidades líderes en este indicador, es varias veces más grande que el PIB per cápita de Sinaloa. El ingreso per cápita de un Sinaloense, representa tan solo el 22 por ciento del ingreso de un habitante de Campeche, el 38 por ciento de una persona en la CDMX y apenas la mitad de quienes viven en Nuevo León.

Fuente: elaboración propia con base en datos del INEGI.

Después de los datos del PIB regional del 2018, solo se dispone de información de la evolución de las economías regionales, hasta el cuarto trimestre del 2019, cuando se publicaron las últimas cifras del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE). Con esta información se puede obtener la tasa promedio de crecimiento del tercer año (2019) del Gobernador Quirino Ordaz, misma que es de 1.1 (lugar 9 en el ranking nacional). La tasa promedio del 2019 es un poco mayor que la tasa promedio del 2017 (en ese año, con 0.9% se tuvo la tasa más baja), pero uno y medio veces menor que la tasa promedio del 2018 (2.7%). En consecuencia, el crecimiento de Sinaloa en los primeros tres años del gobierno estatal actual, que comprende de enero de 2017 a diciembre de 2019, es apenas de 1.6 (lugar 18 en el ranking nacional para el periodo 2017-2019), que se considera todavía muy pobre, sobre todo tomando en cuenta que en este mismo periodo las economías de Baja California Sur, Colima y Quintana Roo han crecido a tasas promedio del 6.8, 3.7 y 3.1 por ciento, respectivamente.  

Al conocer la cifra del crecimiento promedio para los primeros tres años de QOC, estamos también en condiciones de compararlos con el desempeño de sus antecesores, en sus también primeros tres años al frente de la administración pública estatal. De esta manera, se observa que el Gobierno de QOC es el que ha tenido el desempeño más pobre, considerando los primeros tres años de las últimas tres gestiones gubernamentales. Como se ha señalado, para la administración de QOC la tasa promedio de crecimiento ha sido de 1.6 en el periodo 2017-2019, fue de 2.3 en la gestión de Mario López Valdez en el periodo 2011-2013 y de 2.4 en el periodo 2005-2007 bajo el gobierno de Jesús Aguilar Padilla.

La pregunta obligada es, ¿por qué la economía sinaloense está estancada?, ¿por qué no logra despegar? Creo que, entre otras razones, se debe a que nuestra economía está ligada a actividades productivas poco complejas, poco dinámicas y con escasa productividad. Creo que en parte se debe también a que existe un conjunto de variables clave que los distintos gobiernos no han atendido. Pero sobre todo creo que mucho tiene que ver con dos cuestiones: hemos carecido de una estrategia de desarrollo regional integrado y de largo plazo, y hemos carecido de gobiernos e instituciones eficientes.

No hemos sabido adaptar a un modelo propio la enseñanza que representa la ruta que han seguido desde hace veinte o treinta años entidades que estaban en una situación igual o peor que la nuestra, pero que diseñaron una estrategia de crecimiento y desarrollo y que hoy son un ejemplo para el resto de las entidades federativas. Tal es el caso de Baja California Sur, Aguascalientes y Querétaro, que ocupan en competitividad regional los primeros lugares a nivel nacional, tienen los mayores niveles de PIB per cápita y presentan las mayores dinámicas de crecimiento en los últimos años. En la última evaluación de las economías regionales realizada por el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO), figuran como las entidades federativas más competitivas la CDMX, Querétaro, Chihuahua, Colima y Yucatán. El IMCO, para clasificar a las entidades federativas, considera 10 dimensiones o índices, Estado de Derecho, Medio Ambiente, Sociedad, Sistema Político, Gobiernos, Mercado de Factores, Economía, Precursores, Relaciones Internacionales e Innovación. Sinaloa solo aparece en una posición destacada en Mercado de Factores en el que ocupa la segunda posición, pero en el resto sus posiciones van de regulares a malas, con las peores calificaciones en Relaciones Internacionales (lugar 27), Sistema Político (lugar 24), Medio Ambiente (lugar 19), Innovación (lugar 19) y Economía (lugar 17). Como puede apreciarse, también en competitividad hay mucho por hacer.  

Para revertir estos rezagos, lo fundamental es construir un gran acuerdo y una agenda para Sinaloa con la participación de empresarios, académicos y sector público. Se requiere que incluya objetivos y metas claras, y una visión de largo plazo, de la que hemos carecido. Me parece que carecemos de rumbo y reinventamos la entidad cada seis años, la mayor de las veces, colocando en los puestos claves para el desarrollo de la entidad, a personas inexpertas, ignorantes y desinteresadas del bienestar colectivo. Las rutas a seguir son diversas y muchas regiones del mundo y del país ya transitaron exitosamente por muchas de ellas. El asunto es que nosotros no seguimos en firme ninguna. Navegamos sin timón y a la deriva.

Las rutas trazadas provienen de las distintas teorías modernas del desarrollo regional y nuestra tarea debería ser identificar las variables sobre las que fundamentan sus propuestas para adaptarlas a nuestras posibilidades, considerando las características propias de la entidad. En dichas teorías se incluyen la Nueva Geografía Económica (NGE), la Acumulación Flexible (AF), el Diamante de Porter, la Competitividad Sistémica y el Desarrollo Económico Local, entre otras. A la luz de estos nuevos paradigmas del desarrollo regional, una buena manera de empezar a desarrollar un proceso de desarrollo que a lo menos tomaría entre diez y quince años, consistiría en atender las variables clave contempladas en cada uno de los modelos descritos. Algunas de las más relevantes, ya identificadas, son capital humano, eficiencia de los gobiernos, captación de Inversión Extranjera Directa (IED), diversificación y complejidad de las exportaciones, actividad industrial, productividad, e innovación. Es urgente iniciar de esta manera, porque nuestro rezago es más que evidente en muchas de ellas. 

De esas llamadas variables clave, Sinaloa evidencia rezagos en lo que se llama capital humano calificado, ya que aunque aparece en la posición 5 en el indicador de población con estudios superiores, en el número de investigadores por entidad federativa ocupamos la posición 19. De igual forma nos ubicamos en el lugar 21, en lo referente al número de alumnos de doctorado, maestría y especialización por cada mil personas de la PEA. Tampoco destaca Sinaloa en cuanto a miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), ya que, en números absolutos, para el 2018, con 456 se ubica en la posición 17. Si la cifra se ajusta considerando el tamaño de la población de cada entidad, Sinaloa aparece en la posición 19, con 151 miembros del SNI por cada millón de habitantes. En Innovación, como he señalado, tampoco estamos bien, ocupamos la posición 19.

Otra variable clave para el desarrollo regional es la captación estratégica de Inversión Extranjera Directa. Para Sinaloa, esta variable ha impactado muy poco la dinámica de crecimiento y desarrollo regional ya que nuestra atractividad ha sido prácticamente nula en los años recientes. De 1989 a 2014, ocupamos el lugar 24 a nivel nacional en cuanto a captación de IED, representando nuestra captación menos de medio punto porcentual del total nacional. En los años recientes hemos mejorado muy poco, ya que en 2019 Sinaloa solo captó el 0.75 por ciento de la IED nacional ocupando la posición 26 en el conjunto de las entidades federativas. El último dato que se conoce es para el primer trimestre de este año y la participación ha llegado apenas al 0.98 por ciento, ubicándose en el plano nacional en el puesto 19.

Una de las expresiones de nuestra baja competitividad se manifiesta en la composición y magnitud de nuestras exportaciones y sobre todo en su escasa complejidad. En una estratificación de los montos de exportación por entidad federativa, Sinaloa se ubica en el estrato más bajo, donde se encuentran las entidades que exportan menos de mil millones de dólares. Pero además, mientras las entidades federativas líderes en el ámbito nacional exportan equipos de computación o de transporte, nosotros seguimos, como hace años, exportando materias primas. Las cifras más recientes revelan que nuestras exportaciones, en el 2019, representaron solo el 0.2 por ciento de las exportaciones nacionales y ocupamos por ello el lugar 26 en el ámbito nacional. En el primer trimestre de este año, las cifras no varían mucho, participamos con el 0.27 de las exportaciones nacionales y nos ubicamos en el puesto 24.

En buena medida esto se debe a que nuestra actividad manufacturera es irrelevante en el conjunto de las actividades productivas. Mientras en las entidades federativas líderes en productividad y en dinámica de crecimiento el peso de la actividad manufacturera ronda el 40 por ciento, en nuestro caso apenas rebasa el 7 por ciento, con una alta concentración en la industria de alimentos. Se trata de un problema estructural ya que desde 1970 las actividades manufactureras sinaloenses no pasan de representar en promedio el 8 por ciento del total de las actividades del estado y la aportación de las manufacturas sinaloenses a la producción manufacturera nacional, no ha podido trascender el 1 por ciento. De acuerdo con los datos más recientes, se evidencia que también ha cambiado poco la composición de los subsectores de la industria manufacturera, ya que en el 2019, como hace 30 o 40 años, poco más del 77 por ciento del total del sector corresponde a la producción manufacturera de alimentos, bebidas y tabaco, mientras que el resto de los subsectores tienen participaciones marginales, como marginales son también sus participaciones en los respectivos subsectores manufactureros nacionales.

Contar con una estructura productiva como la nuestra, también tiene sus efectos en la productividad del personal ocupado. En esta variable, fundamental para potenciar en crecimiento de las regiones, Sinaloa se ubica, en el conjunto de las entidades federativas del país, en la posición 19, formando parte del grupo de entidades con baja productividad. El tema de la productividad es importante por sí mismo y por la alta correlación que tiene con otras variables, ya que está comprobado que las regiones con mayores niveles de productividad son aquellas que a la vez tienen, un mercado de trabajo informal más pequeño, personal ocupado con mayores ingresos, empresas de mayor tamaño y, sobre todo, menores niveles de pobreza.

Son muchos los rezagos que deben atenderse para escalar posiciones, revertir las tendencias y mejorar en muchos indicadores. Mi impresión es que hemos perdido otra valiosa oportunidad para sentar las bases de un crecimiento y un desarrollo sostenido para posicionar a Sinaloa junto a las entidades más dinámicas y competitivas. Pero tenemos de nuevo la oportunidad de plantearnos hacer las cosas de manera distinta, para obtener resultados diferentes. Se avecina una coyuntura en la que junto a las estrategias para remontar los efectos de la crisis, deberíamos trabajar en el diseño de un nuevo modelo de desarrollo regional para Sinaloa.

En algunas regiones del país esperan que por efecto del T-MEC se genere una mayor Inversión Extranjera Directa, se impulsen las exportaciones y se dinamice la industria manufacturera, en otras, las esperanzas de recuperación están ligadas a las obras de infraestructura que se han puesto en marcha, pero acá en Sinaloa poco o nada de todo ello nos tocará, por lo que nos corresponde, como desde hace años, diseñar nuestro propio destino, recuperando las viejas aspiraciones de industrializar los productos primarios, convirtiendo a Mazatlán en un puerto que aproveche el potencial productivo y comercial del Corredor del Norte o, diseñando nuevas vocaciones productivas ligadas a la implementación de una estrategia de industrialización manufacturera.

Debemos institucionalizar el crecimiento para promover el desarrollo, para lo que requerimos del diseño de normas que tracen la obligatoriedad al seguimiento de las directrices centrales, para que así nadie tenga posibilidad de desviarse de ellas. Solo así se conseguirá para Sinaloa un proceso de crecimiento y desarrollo sostenido, con una economía más diversificada y con actividades productivas de mayor complejidad y dinamismo, que permita escalar a mayores niveles de ingreso per cápita y de mayor bienestar social para la población sinaloense. 

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