Reflexiones

Jorge Ibarra

Un teleférico para Culiacán: la más nueva ocurrencia desde que se implementó el proyecto del Par Vial

No podemos más que lamentarnos por la falta de observación y seguimiento que se le da a la planificación de la ciudad. 

Lo que la capital de Sinaloa necesita es poner en marcha un plan de movilidad integral que incluya la modernización y diversificación de medios de transporte colectivos. Cualquier otra solución que no implique una planificación técnica y concertada con la ciudadanía, son puras ocurrencias.

Y para inventos de ese tipo, ya tuvimos suficiente con la experiencia del Par Vial que impuso Sergio Torres en 2016, cuando decidió de forma unilateral hacer de la avenida Álvaro Obregón, una arteria de alta velocidad y de un solo sentido, descartando las propuestas de la sociedad civil para implementar en esa misma calle, un diseño multimodal que incluyese amplias banquetas arborizadas, senderos para bicicletas y carriles exclusivos para autobuses.

Como ya todos lo sabemos, el Par Vial resultó ser un rotundo fracaso. Por más que organizaciones y colectivos ciudadanos lo advirtieron en su momento, el proyecto de Sergio Torres vino a consolidar el dominio del automóvil en la ciudad. Los intereses del peatón, del ciclista, de las personas con dificultades para moverse y de los pequeños comercios que sobreviven de los transeúntes, todos quedaron relegados por el capricho de quien entonces dirigía el Ayuntamiento.

En una ciudad hecha para el automóvil, los accidentes de tránsito son un gravísimo problema de salud pública, y bajo esas condiciones, Sinaloa es el estado con el mayor índice de mortalidad vial en todo el país. Un estudio realizado en 2021 por Ciudadanos Evaluando, reveló que en el Estado diariamente dos personas pierden la vida a causa de accidentes de tránsito.

En la mayoría de los casos, estos percances fatales son atribuidos a impericias de los conductores, o a imprudencias por el uso de teléfonos celulares y la conducción bajo los influjos del alcohol. Poco se habla del vínculo que guarda la infraestructura urbana con la seguridad vial.

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Y es que las ciudades en Sinaloa son construidas bajo el ideal de que el automóvil se desplace sin obstáculos hasta su destino.

Cualquier interferencia es percibida como una anomalía que debe ser corregida con más asfalto llano. Desde esta óptica, cualquier elemento que obstruya la circulación es un estorbo molesto, incluso si éste se trata de una persona. 

Quienes han estudiado la psicología del conductor, se han percatado que el citadino al volante tiende a despersonalizar a los sujetos con los que se topa. Por esa razón muchos automovilistas son capaces de acelerar la marcha cuando intuyen que un peatón va a cruzar de una acera a otra, y por ese mismo juicio es muy común que al ciclista o al motociclista se le aprecie como un objeto inferior, casi inanimado, que ocupa un espacio que no le corresponde. 

Qué vibrante y segura es la ciudad, en cambio, cuando la calle es compartida y funcional para todo tipo de trayectos, en especial para aquellos que no tienen el privilegio de costear un automóvil, o para quienes simplemente disfrutan andar a pie. 

Jane Jacobs, en su célebre libro, Muerte y vida de las grandes ciudades, atribuye el vaciamiento de las calles a la segmentación urbana, que ocurre cuando se fraccionan las diferentes funciones espaciales de una ciudad (vivienda, trabajo, gobierno, recreación, comercio), creando así, hábitats muy poco orgánicos, que orillan a las personas a realizar trayectos muy largos para ir de su casa, al trabajo, a realizar un trámite, a la escuela, o a la tienda.

En las metrópolis disfuncionales las personas se mantienen subordinadas al automóvil. La forma urbana los obliga a depender de un vehículo privado. Mientras la ciudad es relativamente pequeña, esta situación no representa grandes retos, sin embargo, cuando la población se dispara, la ciudad se expande y el parque vehicular aumenta, la movilidad se vuelve insostenible.

Esto es lo que le ocurre a Culiacán y no es una sorpresa. Incluso el problema ya estaba previsto como un tema urgente para atender desde que se creó el IMPLAN en 2003 con la intención de planificar el desarrollo urbano, a través de instrumentos como el Plan parcial de movilidad, que desde el 2006 se encuentra disponible para que los gobiernos ejecuten estrategias más adecuadas. 

Por eso ahora que el Gobernador Ruben Rocha anunció la construcción de un teleférico para la capital del estado, no podemos más que lamentarnos por la falta de observación y seguimiento que se le da a la planificación de la ciudad. 

Y es que no es solo lo inviable que resulta un teleférico para un lugar como Culiacán (este tipo de medios de transporte resultan más efectivo para ciudades construidas sobre relieves montañosos), sino que además es la falta de una visión integral de los procesos urbanos.

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Mientras no se contenga la expansión urbana hacia la periferia, mientras continúe la fragmentación de las diferentes funciones de la ciudad, en tanto se siga priorizando el automóvil con la construcción de periféricos, como no se haga algo por mejorar la infraestructura y organización del transporte colectivo, esta ciudad seguirá siendo un caos. 

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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