Reflexiones

Fidel Ibarra López

¿Un virus para “controlar el riesgo” que representan los viejos para el sistema financiero?

En vías de mientras, la pandemia está haciendo estragos en las personas mayores. Esas que el FMI identifica como un riesgo. ¿Casualidad?

Hace años un servidor escribió un ejercicio de ficción donde me imaginé a una empresa operando en la oscuridad. Esa empresa era contratada por gobiernos y su propósito era eliminar a los viejos por el riesgo que representaban para el sistema financiero internacional por el tema de las pensiones y el gasto social. El texto no llegué a publicarlo y se mantiene todavía en el tintero. Lo mío era ficción; pero el académico Jorge Santa Cruz publicó un artículo en el sitio de noticias “Sin compromisos”, donde presenta una línea argumentativa en el mismo sentido que un servidor imaginó, sólo que en su exposición no hay una empresa privada operando la “eliminación de los viejos”, sino un conjunto de organizaciones “preocupadas” por una futura pandemia que se puede presentar a nivel global a través de un virus altamente contagioso. ¿Y qué relación tiene eso con “eliminar a los viejos? Veamos:

El autor señala que el 18 de octubre del 2019 “se llevó a cabo un simulacro de pandemia en Nueva York, con el nombre de Evento 201”. Y afirma que el evento fue convocado por tres organizaciones neomalthusianas: la Universidad John Hopkins -a través del Centro para la Seguridad de la Salud-, el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates -del fundador de Microsoft- (Sin Compromisos, 25 de marzo del 2020). En el evento, “participaron líderes mundiales de negocios, gobierno y salud pública” y “consistió en un simulacro pandémico de alto nivel en el que fueron expuestas las áreas en las que serían necesarias alianzas público-privadas para hacer frente a una eventual pandemia de coronavirus y disminuir las consecuencias económicas a gran escala. El ejercicio sirvió -se dice- para resaltar los desafíos de preparación y respuesta que probablemente surgirían en una pandemia muy severa” (Infobae, 16 de marzo de 2020). Visto así, el escenario que pintaba el simulacro tenía como propósito pues, ubicar las alianzas público-privadas que serían necesarios en un escenario de pandemia global. Lo cual es lo mismo a decir, que se buscaba ubicar la oportunidad económica en caso de una pandemia.

El Evento 201 simuló “un brote de un nuevo coronavirus transmitido de murciélagos a cerdos, y de éstos a personas, que eventualmente se vuelve eficientemente transmitible de persona a persona, lo que deriva en una pandemia severa”. El simulacro comienza en granjas porcinas en Brasil -y aquí viene lo interesante: “Cuando comienza a extenderse eficientemente de persona a persona en los barrios de bajos ingresos y densamente poblados de algunas de las megaciudades de América del Sur, la epidemia explota” (Ibid.).

Ahora bien, la pandemia del Covid-19 apareció un mes después de este simulacro, solo que no fue en Brasil, sino en China -al menos eso es lo que oficialmente sabemos, todavía se desconoce el lugar donde apareció el paciente cero, un dato clave para entender cuándo y dónde apareció originalmente el virus Covid-19-. Y aparece la pandemia con un virus que es una máquina perfecta para propagar el contagio. Y ello se debe, de acuerdo a los que saben del tema, debido a que estamos ante un virus que contagia desde la fase de incubación; esto es, el contagio no se genera una vez que la persona presenta los síntomas, sino desde el momento en que el virus esté incubado en el cuerpo. Lo anterior significa entonces, que miles de personas -si no es que millones- pueden estar contagiados y desconocer que lo están. Y pueden convertirse, asimismo, en instrumentos de contagio masivo. Ese es el grave riesgo con este virus. Fue diseñado con ese propósito. Y la pregunta es: ¿ya sabían los actores que organizaron el simulacro Evento 201 que se venía la pandemia del Covid-19?

Si atendemos las declaraciones que se publicaron tras el simulacro en Nueva York, tal pareciera que el Centro para la Seguridad de la Salud, el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates sabían con exactitud el escenario que se iba a presentar a posteriori. Y para muestra lo siguiente afirmación: “Como toda población humana es susceptible, durante los primeros meses de la pandemia, el número acumulado de casos aumenta exponencialmente, duplicándose cada semana. Y a medida que se acumulan los casos y las muertes, las consecuencias económicas y sociales se vuelven cada vez más graves” (Ibid.).

Agrego un elemento adicional: De acuerdo a este simulacro, la pandemia empieza a disminuir después de 18 meses. Y ello debido a dos factores: hasta que se presente una vacuna efectiva, o hasta que haya sido contagiada el 80 ó 90 por ciento de la población. Uff. Y viene nuevamente la pregunta: ¿Ya sabía esta gente lo que se iba a venir…? ¿Cómo un mes después de este simulacro se detona la pandemia en Wuhan?

Regresemos ahora a la población de la tercera edad. ¿Qué tiene que ver el Coronavirus que estamos padeciendo con la eliminación de los viejos? Como es de dominio público, el Covid-19 es un virus que está afectando mayormente a este segmento de la población en el mundo. Y, sobre todo, a los viejos que padecen, además, alguna enfermedad crónico-degenerativa. En otras palabras, la población que mayormente está siendo afectada por este virus es la población que representa una carga doble para el Estado (en pensiones y medicamentos).

Como lo señala Jorge Santa Cruz, desde el 2012 el FMI alertaba sobre los riesgos financieros que representaba el incremento de la esperanza de vida en la población, sobre todo en materia de pensiones y de seguridad social. Y para tal efecto, el FMI afirmaba, y cito: “Las implicaciones financieras de que la gente viva más de los esperado (el llamado riesgo de longevidad) son muy grandes. Si el promedio de vida aumentara para el 2050, tres años más de lo previsto hoy, los costos del envejecimiento -que ya son enormes- aumentarían 50%” (Sin Compromisos, 25 de marzo del 2020). La cita anterior no es otra cosa que “los viejos resultan un problema para el sistema financiero internacional”. Y la pregunta obligada era: ¿qué hacer con ellos entonces? El FMI recomendaba en su momento elevar la edad para la jubilación al grado de ajustarla a la esperanza de vida; pero ahora con la pandemia del Covid-19, más de alguno estará preguntándose: ¿es el Covid-19 un instrumento de choque para ajustar las cifras de viejos a nivel mundial? Lo sería, si las élites mundiales lo observan como una demanda para mantener los equilibrios.

Con la pandemia del Covid-19 estamos discutiendo y reflexionando sobre los efectos que está generando esta pandemia; pero estamos dejando fuera del análisis lo concerniente al origen. Y sobre este punto quizás nunca sabremos la verdad. Y menos si esto fue diseñado y operado al más alto nivel.

En vías de mientras, la pandemia está haciendo estragos en las personas mayores. Esas que el FMI identifica como un riesgo. ¿Casualidad?

Una pregunta final: ¿Hacia dónde vamos? Es temprano para saberlo; pero lo que sí es un hecho, es que hay gente que está en la cima de la cadena alimenticia que está moviendo las fichas del tablero desde hace tiempo, en aras de reconfigurar el orden mundial. O lo que es lo mismo, mientras el mundo está en pánico frente a la pandemia del Covid-19, hay tanques pensantes que van dos o tres pasos adelante de todos los que en este momento padecemos la pandemia.

Lo que sí es que, cada día es más evidente que la epidemia del Covid-19 no es un hecho fortuito.

Esto fue orquestado.

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