Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Vacaciones: descansar para aumentar la productividad

Nos acostumbramos a asociar el trabajo sin descanso con productividad, cuando es todo lo contrario

Decía el escritor John Ernst Steinbeck que “el arte del descanso es una parte del arte de trabajar”. Hace sentido, si pensamos que ningún exceso es óptimo y lo mejor es buscar puntos medios que concilien distintos aspectos de nuestra vida. No obstante, en un mundo de consumismo y ritmos acelerados, muchos de nosotros hemos olvidado la importancia de hacer una pausa y disfrutar el momento. El ser adictos al trabajo, conocido también como workaholic, parece ser una constante en muchas naciones con distintos niveles de desarrollo.

Hemos perdido la costumbre de descansar, al grado que el hacerlo llega a ser mal visto. Las vacaciones, que deberían ser una oportunidad de experimentar el fruto de nuestro esfuerzo y trabajo a lo largo del año, distan de ser una costumbre en muchas naciones, incluida la nuestra. Pero ¿cómo no llegar a eso, si vivimos en un país donde los días de descanso son contados e, incluso, virtualmente inaccesibles para muchos?

En todo el mundo, México es de los países en los que se toman menos vacaciones y, de los miembros de la OCDE, el que menos días ofrece: por ley, el mínimo son 6 días.  Apenas seis días, contra un promedio de 255 días laborables. Esto en el caso de los mexicanos que cuentan con un empleo formal que respeta y considera sus derechos, mientras que para el 51.7% que trabaja en la informalidad contar con garantía de poder tomar vacaciones es un sueño lejano.

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Aun contando con derecho de vacaciones, la cultura laboral actual es tal, que las personas renuncian a solicitarlas por miedo a perder su puesto y atrasarse con sus obligaciones, por sentimientos de culpa y, en casos extremos, por una incapacidad de desconectarse del trabajo. Esto afecta la calidad de vida de las personas, limita sus experiencias y perpetua la peligrosa idea de que necesitamos trabajar la mayor parte de nuestras vidas para disfrutar en la vejez.

Nos acostumbramos a asociar el trabajo sin descanso con productividad, cuando es todo lo contrario.

Estudios recientes han demostrado que se puede incrementar la productividad cuando los trabajadores disfrutan de más días de vacaciones anuales y jornadas laborales reducidas, pues esto les permite ser más felices de manera general al contar con más tiempo para el desarrollo de sus vidas personales y sus proyectos individuales, en lugar de reducir su vida a su desempeño profesional y vivir abrumados por los problemas cotidianos.

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Una de las mayores pruebas de que, en efecto, trabajar más no necesariamente implica mejores resultados, se encuentra el síndrome de burnout, el cual se refiere a una fatiga crónica provocada por estrés laboral. En México, que encabezó la lista de la Organización Mundial de la Salud respecto a estrés laboral, se estima que ¡el 75% de los trabajadores lo padecen! Esto significa que, aproximadamente, tres de cada cuatro profesionistas se encuentran agotados, lo que termina en un impacto negativo para sus vidas personales y profesionales.

Tomar vacaciones a tiempo es también una útil herramienta para cuidar de nuestra salud mental y, por supuesto, le da a nuestro cuerpo el descanso y la relajación que necesita, lo que ayuda a reducir el riesgo de sufrir enfermedades a largo plazo. De hecho, un estudio de la Universidad de Helsinki, Finlandia, realizado a lo largo de cuatro décadas, encontró que las personas que tomaban más descansos y vacaciones vivían más tiempo que aquellos que no. Lo mejor de todo es que no es necesario viajar a lugares exóticos para descansar, a veces lo único que necesitamos es detenernos y dedicarnos tiempo para nosotros mismos.

Es urgente adaptar el mundo laboral y recordar que nuestras vidas pueden ser mejores, y eso no debe ir en detrimento de la economía. Países considerados “de primer mundo” como son Austria, Dinamarca, Finlandia, Francia, Noruega y Suecia, ofrecen más de 25 días de vacaciones al año. Esto no ha destruido su economía, sino todo lo contrario: trabajadores más plenos, con vidas personales y sueños que trascienden su lugar de trabajo. Son personas con hobbies, con tiempo de esparcimiento y hábitos de lectura, ejercicio y desarrollo para los que muchos mexicanos afirmamos que “no tenemos tiempo”.

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No basta aumentar los días de vacaciones, ni resolver las injusticias de la informalidad laboral. Requerimos un cambio de mentalidad para transitar a existencias más plenas en las que nuestra existencia no se reduzca a horas encerrados en una oficina. Para lograr vivir en un mundo donde las vacaciones sean un derecho que aprovechemos al máximo y que sean respetadas como tal. Nuestras necesidades y prioridades sociales están cambiando, nuestro panorama también. Las generaciones más jóvenes ya se dieron cuenta, falta permear ese cambio a toda la población. Es un gran momento para aprovechar ese impulso y, en lugar de olvidar los aprendizajes que nos dejaron años de vivir una pandemia, reforzar el valor de la vida personal para no tener que elegir entre la estabilidad económica y nuestro bienestar.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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