Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Videojuegos: un mercado dominante

Se estima que hacia 2023, superemos los 3 mil millones de jugadores en todo el mundo, lo que representaría ¡a cerca del 40% de la población mundial!

Las nuevas necesidades sociales y el desarrollo tecnológico nos han motivado a revalorar nuestra relación con el entretenimiento, un elemento de nuestra vida que se ha diversificado y democratizado a un ritmo acelerado. Lo que alguna vez se consideraba exclusivo, con el tiempo fue quedando al alcance de millones de personas, dando paso al nacimiento y crecimiento de distintas industrias que contribuyen a nuestros periodos de esparcimiento, como es la industria de los videojuegos, que emergió en los años setenta y ahora ha alcanzado un nuevo auge conforme se pueden encontrar opciones de juegos para distintas consolas y plataformas, incluso volviéndolos accesibles, e incluso gratuitos, en nuestros teléfonos. 

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Los videojuegos se han posicionado en nuestra sociedad de tal forma que ya no son exclusivamente para ciertas edades o un género específico, sino que se encuentran opciones para prácticamente cualquier persona. Si bien muchas personas consideraban que los videojuegos son exclusivamente para los niños, las estadísticas revelan que eso está muy lejos de la verdad. En Estados Unidos, por ejemplo, el 79% de los que juegan videojuegos son adultos. En el mismo sentido, muchos años se creía que las mujeres no jugaban videojuegos, un estereotipo que ahora se demuestra erróneo pues las mujeres ya constituyen casi el 45% del mercado de videojuegos, aunque sus patrones de consumo son ligeramente distintos y suelen invertir menos dinero en esa actividad. Como resultado, no es sorprendente que se estima que al menos un tercio de la población global son jugadores activos. Del resto, algunos son ocasionales y otros no cuentan con las condiciones necesarias para ingresar a este mercado, situación que se espera continue mejorando conforme se combate la exclusión digital y la desigualdad.

De igual manera, se espera que dado que las nuevas generaciones son nativos digitales; es decir, que crecen inmersas en un mundo con internet a diferencia de muchos de nosotros que tuvimos que adoptarlo mientras nos desarrollábamos, el número de personas que jueguen se incremente. Por ello, la compañía de investigación de videojuegos Newzoo estima que hacia 2023, superemos los 3 mil millones de jugadores en todo el mundo, lo que representaría ¡a cerca del 40% de la población mundial!

Aun con este nivel de penetración en la sociedad actual, se encuentra cierto estigma hacia los videojuegos, vinculándolos con problemas mentales y otro tipo de desórdenes que afectan el desarrollo del individuo. Por supuesto, si se juega en exceso, esto traerá problemas en todos los ámbitos, pues ningún extremo es sano. En el mismo sentido, si se utilizan los videojuegos como una especie de escape de la vida real y las responsabilidades que conlleva, o se vuelven una excusa para fomentar nuestro ya arraigado sedentarismo, ¡jugar se puede volver un problema de salud! Esto aplica también si niños y adolescentes juegan títulos no apropiados para su nivel de desarrollo mental que puedan distorsionar o confundir su visión del mundo.

En cambio, si los videojuegos se utilizan de manera moderada, en equilibrio con un estilo de vida saludable que incluya ejercicio, actividades sociales, pueden resultar bastante benéficos.

En 2020, una empresa internacional de investigación de mercados decidió aprovechar la transición de nuestro estilo de vida ocasionada por la pandemia para conocer el impacto de los videojuegos en la vida diaria, en un contexto en el que muchos de nosotros empezamos a pasar más tiempo en casa y a reducir el tiempo que pasábamos en el tráfico, en la oficina o la escuela. Algunos de los hallazgos más interesantes, es que el tiempo destinado a jugar aumentó con el confinamiento, pero volvió a bajar conforme se relajaron las restricciones, además de que el 14% de los participantes afirmaron haber encontrado nuevos videojuegos, mientras que, en otro estudio, un 84% afirmó que lo ayudaron a relajarse, disminuir sus niveles de estrés o simplemente darles una forma de entretenimiento que sintieron productiva y 71% respondió que los juegos les ayudaron a sobrellevar el aislamiento al permitirles conectar con una comunidad afín con miembros de todas partes del mundo. 

En la variedad de videojuegos que existen, además, se pueden encontrar videojuegos con mensajes positivos, desde temas de salud mental hasta distopias que buscan hacernos reflexionar sobre situaciones que aqueja a la humanidad como la guerra, la violencia y la segregación ideológica. Este sector del mercado ha aprovechado su posicionamiento en los hogares del mundo para innovar en el trato de temas delicados de una manera no invasiva y para distintos perfiles de personas. Bien aprovechados, los juegos pueden ayudar a agilizar la toma de decisiones, a mejorar la memoria visual y la atención, a favorecer el pensamiento crítico y a que las personas se sientan más competentes y a romper estigmas y tabúes. Al mismo tiempo, también pueden convertirse en una oportunidad para aprender idiomas, historia o aspectos culturas de otras partes del mundo.

Los videojuegos son un nicho de oportunidad del que todos podríamos beneficiarnos, pero que requiere de responsabilidad tanto de los desarrolladores como de los que juegan para no volverse un vicio que dañe a la sociedad.

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Específicamente en nuestro país, este mercado ha florecido sin pausa: durante la pandemia, un 18% de la población mexicana empezó a jugar mientras que un 30% incrementó su frecuencia de juego, lo que habla de un sector fuerte en nuestro territorio. En cuanto al desarrollo de estos productos, hemos ido creciendo con proyectos cada vez más interesantes que, no solo generan empleos competitivos en el mercado global y promueven el talento mexicano, sino que también dan a conocer más sobre nuestra fascinante cultura. La puerta del mundo de los videojuegos está abierta, está de nuestro lado ver que lo aprovechemos de la mejor manera posible para todos, considerando siempre la importancia de la inclusión. 

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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