Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Vino, el tesoro líquido de México

Si comparamos con otra bebida más popular, la cerveza, el mexicano consume per cápita 60 litros al año. Es decir, que bebemos 63 veces más cerveza que vino.

A lo largo de la historia humana, los festejos, banquetes y ceremonias religiosas han estado acompañadas por una bebida que se produce y consume, al menos, desde hace 7 mil años, según la evidencia arqueológica. Esta bebida es tan característica, que incluso cuenta con sus propias deidades en algunos panteones mitológicos, así como con festivales específicos para celebrarla. Se trata del vino, cuya producción se centra en países con climas amigables y terrenos ricos en nutrientes.

Poco sorprendente, México, un país megadiverso en especies de fauna y de flora, cuenta con una importante porción de su territorio apta para la industria vitivinícola. Esto porque, entre sus tesoros naturales, la nación cuenta con el clima, territorio y las capacidades necesarias para producir vino en 14 estados, mismos que algunos expertos creen que podrían incrementarse con la inversión, capacitación y proyección adecuada. De estos catorce, sobresale que Baja California, Coahuila, Querétaro y Guanajuato concentran más del 70% del total de la producción del país, aunque día con día surgen nuevos proyectos productivos que podrían activar diversas zonas socioeconómicas.

Se tiene registros de la producción de vino en nuestro país desde la época de la Conquista, cuando los españoles bebieron todo el vino que trajeron con ellos e iniciaron operaciones en territorio mexicano para reponer sus suministros. Al principio, sembrar uvas españolas y francesas fue una ardua e infructuosa tarea, dado que se intentaba sembrar en regiones tropicales. No obstante, después de un tiempo lograron que las uvas criollas sobrevivieran el proceso de adaptación en Coahuila, seguido por Puebla y Zacatecas. Incluso, muchos historiadores coinciden en que la primera finca vitivinícola en México fue inaugurada en Coahuila en 1597. Su nombre: Casa Madero, la cual existe hasta nuestros días y es considerada una de las empresas más sólidas del sector.

Curiosamente, el vino mexicano tuvo tanto éxito que en algún punto de la historia se prohibió su producción para proteger los ingresos de los vinos españoles, con excepción de los cultivos del clero para propósitos religiosos, los cuales serían redistribuidos más tarde tras la guerra de reforma. Fue hasta 1980 que inició la producción moderna de vino en el país, si bien esta bebida acompañó momentos claves de nuestra historia desde hace varios siglos. De hecho, México se considera el lugar de nacimiento del vino en América del Norte.

Es un importante acervo histórico y cultural, ¿no es así? Sin embargo, México no figura en los quince primeros lugares de ranking mundial de los principales productores de vino en 2021 según Statista. Por supuesto, parte de esto se puede atribuir a que los mexicanos no tenemos la costumbre de consumir vino constantemente; consumimos en promedio tan solo 950 mililitros de vino por persona al año – antes de 2019 no llegábamos ni a medio litro-, mientras que en Estados Unidos el promedio es de 7.5 litros anuales y, en Francia, ¡53 litros per cápita al año!

Si comparamos con otra bebida más popular, la cerveza, el mexicano consume per cápita 60 litros al año. Es decir, que bebemos 63 veces más cerveza que vino. Adicionalmente, cifras del Consejo Mexicano Vitivinícola mostraron que, en 2015, apenas el 30% del vino consumido en el país fue mexicano.

Esto no se debe a la falta de variedad, pues los aproximadamente 16 mil acres que se utilizan como viñedos producen más de 40 variedades de uvas diferentes, ni a la falta de calidad, pues los vinos mexicanos recientemente obtuvieron 23 medallas de oro y 48 de plata en el Concurso Mundial de Bruselas de 2022, destacándose entre más de 7,300 etiquetas de 40 naciones. La gran medalla de oro fue para un vino de Coahuila, una reserva de 2018. De igual manera, Ensenada, Baja California, fue denominada el segundo mejor lugar a nivel mundial para tomar vino de acuerdo con el Vine Pair 2020. Entonces, ¿qué sucede?

Por un lado, la intermitencia de la industria, que fue abandonada por muchos años salvo por algunos productores que se han mantenido constantes desde la llegada de los conquistadores a territorio mexicano. Por el otro, la imperante violencia e inseguridad que se da en territorios de la sierra que afecta e inhibe la producción vitivinícola.  Nos encontramos ante una industria antigua pero llena de juventud, en la que los impulsos e incentivos adecuados, aunados con una culturización pertinente para fomentar la apreciación del vino como un complemento del alimento y no una simple bebida alcohólica, podrían ser lo necesario para fortalecerla y volverla un pilar económico tanto en exportación como en consumo.

La industria del vino en México se ha fortalecido en los últimos años, aunque queda un gran camino por recorrer.

Fomentar el consumo de vinos nacionales es solo un paso, una acción que podemos tomar individualmente para fortalecer a la industria y, con ello, a las miles de familias que dependen de ella. Apoyar lo producido en México es una forma de amar a nuestro país, de contribuir hacia un desarrollo económico más próspero e incluyente.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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