Reflexiones

María Julia Hidalgo

Zona chilanga | Todo al revés

Debe ser que los aires de primavera siempre traen con ellos montones de mariposas y que éstas te hacen imitar su naturaleza. No puedes parar ni posarte estéril sino desplegar tus alas y con ello regalarnos un destello, aún, de imaginación.

Sí, lo recuerdo bien, era un día de primavera como hoy. Aunque atendiendo los detalles, esa mañana el escenario era distinto, no había ventanas repletas de flores, ni árboles anunciando la llegada de un nuevo ser y con él la Primavera. Más bien no había concreto ni colores sino un camino desolado por el que transitaban pocos autos y…, pero no era eso lo que quería decirles, sino algo que…—sí, sí ya recuerdo— recuerdo que ese día fui a la capital por algo importante.

Salí a tomar el primer camión pues iba a la capital a casarme. Luego de 20 minutos espantándome los mosquitos y secándome el sudor, el camión se orilló en el camino accidentado y terregoso, pero decidí no abordarlo, no podía casarme a escondidas de mis padres. Regresé a casa, les di la noticia y me sentí lista para la firma matrimonial; me casé al día siguiente, nunca viví con mi marido y a los pocos meses me divorcié.

Pasaron algunos años para volver a las nupcias, esta vez no se enteraron mis padres y al igual que la primera, no usé el vestido de novia con que el tanto soñé. Con mi segundo marido viví un año, pero antes de estar casados. Una noche acordamos que a la mañana siguiente iríamos al registro civil; así pasó firmamos el acta matrimonial y al día siguiente él se marchó para siempre. Viví sola muchos años y un buen día, de la noche a la mañana, ya estaba divorciada nuevamente.

Ahora vivo con un hombre con el que no firmé nada, ni quise lucir un vestido blanco, el desencanto se encargó de quitarme el gusto. El destiempo me impidió ser madre y no hubo logro que me quitara la oculta tristeza. Quise volver a la escuela y reencontrarle el valor a mi vida, pero los huecos académicos me frenaron el propósito.

De niña en mi pueblo soñé toda la infancia con ser bailarina y pasar el resto de mi vida en el mundo de los telones y los escenarios, lo único que conseguí fue recorrer las rancherías cercanas con el grupo de danza regional al que sí logré incorporarme. Pasados los años y viviendo en la gran ciudad, mi cuerpo adulto y desentrenado fue el obstáculo que encontré cuando pisé por primera vez, una formal academia de danza….

Qué curioso, así debe ser el paso de la vida en los últimos instantes. Así lo cuentan quienes han librado el umbral de la muerte y dicen haber visto pasar su vida en un instante. No sé por qué pero ahora que usted me pregunta de mi infancia es lo primero que recuerdo. Debe ser que los aires de primavera siempre traen con ellos montones de mariposas y que éstas te hacen imitar su naturaleza. No puedes parar ni posarte estéril sino desplegar tus alas y con ello regalarnos un destello, aún, de imaginación.

Sentada en un aeropuerto, lejos de su país y esperando la llegada de un vuelo internacional, se encontraba aquella anciana mujer recordando los años infantiles en su pueblo abandonado. Contrario a sentir reproche por los incontables desatinos en su vida, dibujó una sonrisa en su rostro y dijo para sus adentros «Si hubiera un grupo de Testarudos anónimos yo encabezaría la gran lista. Me haría llamar…no lo sé, simplemente: “la mujer que quiso hacer todo al revés”».

Que el inicio de esta bella primavera esparza sus polvos mágicos en las almas soñadoras y llene de fantasía y color cualquier grato recuerdo de su vida.

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Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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