Su novela LA INFIEL, alude  al nombre que dan los Islámicos a quienes no pertenecen a sus creencias. El tema de la novela nos comparte la vida de Sara, joven profesora de 24 años, huérfana de madre.  Vive con su padre, un retirado profesor de Historia y con un hijo de siete años,  producto de una aventura juvenil. Imparte clases de idiomas en una escuela para adultos de diferentes nacionalidades. Ahí conoce a Najib Almallah, un musulmán atractivo, seductor, de trato dulce y acomedido de quien se enamora con nuevas y desconocidas sensaciones que la hacen sentirse como una reina adorada. El padre de ella le hace advertencias sobre el radicalismo de los de esa raza y su manera de tratar al sexo femenino. Sara ve en su rendido enamorado, la dulzura en su trato, los regalos sorpresa y el interés que demuestra para con su hijo. Vive su etapa de enamoramiento con total entrega.

Najib atrae suavemente a Sara hacia su cultura y religión; con su voz cadenciosa lee   pasajes del Corán que a ella le parecen poesía pura; la invita a participar de los rituales  consabidos en las mezquitas y hasta le obsequia un enorme pañuelo de seda para cubrirse la cabeza y parte de la espalda, llamado el hiyab. Un día, Sara tratando de corresponder a las gratas sorpresas de su pareja, pretende hacerle una visita inesperada a su departamento; después de varios intentos tocando el timbre y cuando se disponía a retirarse, se abre bruscamente la puerta en donde aparece Najib con el gesto descompuesto por una ira reprimida; Sin embargo, trata de ocultar su molestia invitándola a pasar, conduciéndola hacia la recámara sin detenerse; ella alcanza a ver un grupo de hombres musulmanes que permanecen en la sala lanzándole miradas de enojada sorpresa. Él le pide lo espere ahí hasta que termine su reunión y la deja encerrada con llave ante el asombro de ella.

Pasa un largo tiempo sin que Najib aparezca, Sara se dedica a curiosear en los cajones de los muebles y abre unas cajas apretadas debajo de la cama, descubriendo una variada cantidad de pasaportes de diversos países, todos con la foto de Najib, pero con distintos nombres. Desconcertada se acerca al ordenador portátil descubriendo fotografías en las que aparecen jóvenes hombres y mujeres y hasta niños, con uniformes empuñando armas desconocidas por ella. Al regreso de Najib, ella  le pide explicaciones de lo que ha visto, el hombre se enfurece, le reclama su curiosidad y termina golpeándola hasta dejarla inconsciente. Cuando vuelve en sí, se encuentra en la misma habitación con las manos atadas y un trapo en la boca para acallarla. Aún siente dolor  del puñetazo recibido en plena mejilla.

Es entonces cuando conoce al verdadero Najib, el hombre tierno y amoroso del cual se enamoró, transformada la mirada enrojecida, rebosando odio y lanzando palabras hirientes hacia ella y su cultura. Es obligada a llamar a su padre para despedirse de él argumentando que necesita vivir un tiempo con el amor de su vida. Le pide que cuide de su hijo y que pronto volverá. Sin más. Es trasladada a una vivienda en la que habitan hombres y mujeres jóvenes, todos musulmanes, ocupados en acciones que ella no puede ver desde el cuarto en donde ha sido encerrada. Hablan un idioma desconocido; le llevan los alimentos sin emitir un solo sonido. Se percata del respeto y miedo que les despierta Najib. Sara enfrenta a su captor exigiéndole le explique qué espera de ella en tales condiciones. Se entera con dolorosa sorpresa que han decidido por ella a formar parte del grupo de terroristas con quienes convive y luchar por su causa. Sus negativas son combatidas ante la amenaza de desaparecer a su hijo.  Sara  no tiene otra alternativa más que adherirse a sus captores. La visten con la típica burka que usan las otras mujeres, no sale del miserable cuartucho. La conducen a  unirse al grupo que fabrica explosivos.

Es obligada a viajar con diferentes pasaportes llevando documentos a personas que desconoce. Siempre estrictamente vigilada. Najib le informa que su hijo permanece en su poder en calidad de secuestrado en un campamento infantil, el que ella jamás podrá encontrar hasta que termine su misión, con la endeble promesa de ser liberada.

Con sentimientos de repulsión, es obligada a observar a una muchacha de 15 años que es cubierta con cinturones de explosivos desde el pecho hasta el vientre. Lo más sorprendente fue percatarse de la mirada luminosa y la fuerte emoción que se refleja en la joven: “Me voy al paraíso. Todo está en manos de Alá. Recen por mí”.

El pánico de Sara aumenta en el momento en que escucha que algún día, ella también será cubierta de explosivos por la causa. “Morir matando”, le dijeron.

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