Nos vendieron la idea de que la única injerencia que tenemos como ciudadanos en la política pública es salir a votar en cada elección y si acaso pedir que nos resuelvan temas personales durante las campañas, pero nada más.
Una vez que se haya elegido a un ganador de la llamada contienda democrática, debemos dejar que tome las decisiones que quiera, como un cheque en blanco, porque para eso los votamos. Si no nos gustan sus decisiones, ni modo, ya tendremos oportunidad en las siguientes elecciones, ya sea en 3 o en 6 años para votar por alguien más. Y así los gobernantes están muy cómodos y los ciudadanos muy débiles.
En este caso el silencio no es solo omisión, el silencio es el combustible que mantiene al estado en llamas. No podemos seguir creyendo que la única oportunidad de incidir en la política como ciudadanos es solamente en el momento de las elecciones. Tenemos que entender que la política se hace todos los días y que nos corresponde a todos hacerla.
Me tocó asistir a una conferencia que ofreció Miguel Treviño de Hoyos, quien fue alcalde independiente de San Pedro Garza García en Nuevo León por dos periodos. En su presentación puso una foto de una carreta romana de dos ruedas jalada por caballos representando a la cultura de la legalidad, donde una rueda es la legalidad, donde el estado hace cumplir la ley, investiga, sanciona y establece reglas claras y la otra rueda es la cultura cívica, donde una sociedad que cree en la ley, participa, defiende lo público y rechaza la complicidad con el crimen. Si una rueda es más grande o pequeña que la otra la carreta no puede avanzar, menos si falta una de ellas. Ahora imagínense que tan lejos podemos llegar sin ninguna de las dos.
Un caso de éxito en San Pedro, cuando gobernó Miguel y que me tocó experimentar cuando viví allá como estudiante y es el de los operativos de las anti alcohólicas.
Se implementaban retenes en puntos estratégicos donde no había manera de sacarles la vuelta. Cada operativo estaba acompañado de policías, tránsitos, médicos, notarios y lo más importante ciudadanos observadores (algunos de ellos eran familiares de personas que habían perdido la vida en accidentes de auto causados por un ebrio al volante, lo cual los hacía incorruptibles), de tal manera que era prácticamente imposible que alguien se saliera con la suya.
Si te descubrían infringiendo el nivel de alcohol permitido, medido con alcoholímetros y verificado por un médico y un observador ciudadano que los acompañaba, la pena era de 36 horas en detención o una multa de más de $30,000 pesos además de una cantidad de horas de servicios comunitarios. Pero si estabas en estado de ebriedad y no podías manejar los mismos bares te facilitaban un taxi o un bus que te llevaba a tu casa.
Este ejemplo escenifica claramente un plan integral para solucionar un problema específico. Todos participaban de manera coordinada, sociedad y gobierno, para lograr un objetivo en común. Este es un claro ejemplo de legalidad y de participación ciudadana bien planeado y ejecutado. Las dos ruedas bien alineadas y balanceadas.
Ahora veamos a Culiacán, ¿Cómo lo calificarías en legalidad? ¿Cómo lo calificarías en participación ciudadana? Mi percepción personal es que en esta ciudad las leyes parecería que son mera sugerencia, ya que no hay consecuencia o castigo a las infracciones por parte de quienes deberían de ser la autoridad. Sabemos, vemos y hemos experimentado esa corrupción e impunidad en casi cada uno de los casos donde debería de hacerse cumplir la ley. Desde infracciones de tránsito, permisos, inspecciones, operaciones, trámites, etc. Todo tiene precio.
Y en el caso de la participación ciudadana lo mismo. La gran mayoría es apática y por alguna razón no participa. Son pocos, quienes participan activamente, y por lo general en causas particulares. No hemos podido ponernos de acuerdo en que es lo que queremos como sociedad. Ni unirnos en un mismo reclamo. Tampoco hemos sido solidarios y empáticos con las causas de nuestros vecinos. No nos atrevemos a pensar en un futuro.
¿Cuándo vamos a atender los problemas como sociedad al nivel que es debido? Si no participamos activamente la legalidad no se va a dar sola. No va a llegar un gobernante de buen corazón y va a cambiar el sistema el solo. La calidad de los gobernantes nace de la calidad de su gobernados.
En San Pedro su problema principal eran los conductores ebrios. Aquí en Culiacán tenemos otros problemas más fuertes: robo de autos, precios de los granos, cierre de empresas, desempleo, violencia, corrupción, atención a la salud. Vamos tomando un tema y unirnos como sociedad a buscarle solución. ¿Por cuál empezamos?

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