Se necesita luz en esta alcoba,/ se necesita luz/
Porque nunca los dientes de la loba/ hieren en plena luz.
Xavier Villaurrutia
Leer noticias sobre la caída de los delitos principales nos vuelve el alma al cuerpo. Sí. No importa que sea temporal y que enseguida la curva de las malas conductas retome su andadura. Con todo y que esa información dure un suspiro no deja de permitirnos respirar un minuto o unas horas con una mezcla de esperanza y de fe en que más pronto que tarde la mala tempestad que ya dura 18 meses, es decir, un interminable año y medio, llegará.
Cuando nos encontramos con la afirmación de las autoridades en el sentido de que se había registrado en días pasados una caída en delitos de alto impacto, eso nos hace volver la vista hacia las infancias y adolescencias que se han visto privadas de la inmensidad de momentos felices y divertidos, primero por la pandemia del Covid-19 y ahora esta crisis que los amenaza por los cuatro costados.
Las crisis no dejan de enseñarnos algo positivo si se ven con los ojos de quienes no se sientan a llorarlas ni se cruzan de brazos, bajo la sentencia de que no hay nada por hacer ante este duro horizonte que no hemos buscado. Y la presente, vivida de manera intensa durante estos interminables meses, se ha desnudado en sus principales sostenes, lo que nos permite identificar los factores que han incidido en su florecimiento y arraigo.
Hablemos de los desplazamientos de amplias capas de la población por razones económicas y por razones de violencia. Una y otra desarraigaron de sus lugares de origen a muchas familias. Y al migrar se pierden bienes materiales como casas, terrenos, huertos y animales que forman el patrimonio familiar, pero también hábitos y costumbres que dieron cuerpo a una vida comunitaria en los lugares de origen.
Llegar a tierras nuevas, generalmente extrañas, donde no se les espera ni se encuentra de manera automática techo, comida y trabajo, abona de manera negativa sobre el sentido de pertenencia y alimenta las depresiones y el sentimiento de orfandad. Hasta las prácticas religiosas de origen se ven alteradas, pues el santo patrono y muchas de las fiestas relacionadas con el calendario religioso son diferentes.
Todo ello pautará la conducta de los migrantes que encontrarán, antes de facilidades para instalarse, mil propuestas y provocaciones para integrarse a las malas conductas sociales y al delito. Y si las instituciones no cuentan con programas de respuesta inmediata a estos fenómenos ni ofrecen algún alivio de inmediato, las consecuencias son las que conocemos.
Monteverde de Villa es cuna ahora de un ensayo social que bien vale la pena compartir aunque aún sea muy temprano. Las productivas y generosas reuniones de trabajo del Centro de Estudios de Política Cultural (CEPOC) y el invaluable apoyo del poeta Rubén Rivera y de Juan Pablo Gómez de la Fundación “Checo Pérez” han parido una iniciativa que seguramente tomará la estatura de un modelo para implementar en las comunidades sinaloenses y las periferias de las ciudades que padecen el duro problema de la violencia.
¿En qué consiste esta novedad a la que se abre Monteverde? Todo comienza con la idea de crear dos bibliotecas, una en la escuela primaria y la otra en la telesecundaria. Ambas ya fueron inauguradas y están funcionando. Pero quedarnos hasta ahí era imperdonable.
Rubén Rivera propuso realizar en ambas escuelas talleres de lectura y escritura, y concluir con la edición de un librito que recoja la poesía emanada de los alumnos beneficiarios.
Y hemos ido más allá, pues se promueve acordar una fecha para que cada año tengamos un festival de la cultura, que sustentarán actividades mensuales de danza, teatro, artesanías y otras.
Y no es todo: para llegar a ello se ha involucrado al gobernador Rocha Moya en la dignificación de las canchas, de la barda y en la donación de libros. Determinar una fecha para celebrar la cultura implica tener responsables de dirigir tareas, y, para ello, ciertos del talento y la voluntad para promover cambios en la comunidad, se invitará a vecinos para que sean parte del proyecto.
En las diferentes actividades se promoverá la participación de todos los vecinos que tengan habilidades en ellas: hay músicos, artesanos, narradores y no faltarán actividades que eleven los niveles de conocimiento y preparación para la vida de niños y adolescentes.
Esta parte es tan importante como la primera, porque al involucrarse viejos y niños en todo este proyecto, se hace una comunidad sustentable, que en el fondo construye cimientos para una sociedad resiliente ante el entorno de violencia.
Las cosas van cuadrando y las medidas que dan cuerpo al proyecto toman el ritmo debido. En los patios y aulas de ambas escuelas de Monteverde se siente una nueva forma de hacer las cosas y mejora la convivencia.
Esta propuesta que ahora se ensaya en Monteverde no es la panacea frente al gran problema de la violencia y el grado preocupante en que se nos ha enfermado el tejido social, pero es un proyecto que puede adecuarse a las condiciones de las diferentes comunidades y ofrecer la oportunidad que esperan no pocas poblaciones de encaminar los pasos, con toda la experiencia y recursos de sus comunidades, hacia la postcrisis.
Poner en manos de los habitantes de esos asentamientos humanos sinaloenses es la oportunidad de retroalimentar iniciativas y voluntades con lo que piensan y se propone desde esas comunidades. Mucho de lo que nos proponemos hacer y promover contará con la opinión y la incorporación de sus propuestas y de sus personas a este proyecto.
Lo que ha surgido en Monteverde bien puede resultar en un modelo a seguir, a perfeccionar y que aspire a contribuir sin considerar que en algún momento sea una propuesta acabada. Vale.
www.oscarloza.com
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X @Oscar_Loza

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