Mucho antes de que Black Mirror perdiera su alma al ser adquirida por Netflix, la televisión británica ya había perfeccionado el modelo que cientos de series en diversas plataformas de streaming duplicaron en los tiempos del Covid-19 (y hasta la fecha)

Un formato que otorga prioridad a temporadas cuya extensión no supera los seis u ocho episodios, con una estructura narrativa que en su afán por imitar al cine, fracasa en lo más importante: mantener enganchado al espectador.

Con todo lo que está pasando en la actualidad, las teorías de conspiración más irracionales se encuentran más cercanas a un recuento de posibilidades que a desvaríos de dementes anónimos de internet.

¿Que pasaría si el santo grial del mundo de los cómics escondiera entre sus páginas la clave para frenar o acelerar el fin del mundo tal y como lo conocemos? ¿Quién es Mr. Rabbit? ¿Dónde está Jessica Hyde?

Estás son preguntas que el guionista y dramaturgo Dennis Kelly plantea desde el primer episodio de «Utopia», estrenada en el año 2013 bajo la señal de Channel 4 con una duración de doce episodios divididos en dos temporadas.

Cinco personas de entornos, edades y estratos diferentes se unen por medio de un foro en internet para hablar de un interés en común: Una novela gráfica llamada «The Utopia Experiments».

En ella se narra la historia de un científico que vendió su alma al diablo a cambio de conocimiento infinito, desatando una plaga que amenaza con destruir a la humanidad. Una obra de culto que presuntamente llevó a su autor a la locura y cuyos fanáticos han buscado mensajes ocultos durante años.

La aparición del manuscrito inédito de su rumorada continuación y la posesión de este por parte de un integrante del grupo desencadena una brutal cacería, perseguidos por dos misteriosos matones de un corporación multinacional que, a su vez, persiguen a una misteriosa mujer conectada a este cómic.

Nunca antes la televisión había logrado emular tan acertadamente el estilo de las historietas sin parecer redundante. Una paleta de colores saturados que no irrumpen con su entorno realista, un cuadre asimétrico que logra generar una sensación casi claustrofobia principalmente: Una representación cruda y real de la violencia.

Pero más allá de sus virtudes estéticas, existe un elemento del mundo real que ayudó a sostener hasta el día de hoy un estatus de culto.

Pese a que los seis episodios de su segunda temporada lograron emitirse de forma integra, autoridades sanitarias, 2014 no fue precisamente el mejor año para su presentación al público, especialmente cuando la trama sugería que el verdadero peligro no se encontraba en el esparcimiento de un virus sino en su vacuna.

Recordemos que ese mismo año, Europa se preparaba para una posible contingencia sanitaria masiva tras un brote de ébola. Y aunque se habló de una posible suspensión temporal reanudar la producción en un clima más amigable, el regreso de posturas más conservadoras en el parlamento británico y la consecuente salida de la Unión Europea dejó un mensaje claro: La serie fue cancelada de forma definitiva.

Y a pesar de que su actual estadía en el catálogo de «Prime Video» cuenta con ediciones que irrumpen con la crudeza en algunas de sus escenas, su visionado debe ser considerado esencial para todo amante de las conspiraciones. Después de todo, ¿qué tanto mal puede hacer una obra de ficción?

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