Obtener un título universitario marca un logro importante, pero no pone fin al aprendizaje. En profesiones como la ingeniería de software, los conocimientos adquiridos durante la formación necesitan revisarse, ampliarse y, en ocasiones, complementarse con habilidades para desempeñar funciones distintas. La experiencia sigue siendo valiosa, pero el desafío consiste en conectarla con nuevas maneras de trabajar.

Muchos profesionales han vivido este proceso en su vida profesional sin conocer su nombre, por ejemplo, aprendieron otro lenguaje de programación, asumieron responsabilidades diferentes o se prepararon para resolver problemas que antes no formaban parte de su trabajo. Una de las formas de describir esta transformación es reskilling, término que podemos entender como reconversión de habilidades. Conviene distinguirlo del upskilling, que consiste en fortalecer o ampliar las competencias para mejorar en la función que ya desempeñamos. Si una persona dedicada al desarrollo de software profundiza en las herramientas que utiliza, actualiza sus habilidades, si se prepara para pasar a un puesto de análisis de datos o de ciberseguridad, emprende una reconversión profesional. Ambos procesos pueden complementarse a lo largo de una trayectoria.

En la ingeniería de software, esta distinción ayuda a reconocer que aprender tiene diferentes propósitos. A veces buscamos hacer mejor nuestro trabajo, otras, abrir una puerta hacia una nueva especialidad, por ejemplo, un programador puede aprender Python como parte de su preparación para trabajar con datos, es muy válido, pero el solo hecho de conocer el lenguaje será apenas un paso pues también necesitará comprender cómo analizar, interpretar y comunicar la información. Algo muy similar ocurre con quien desea pasar del desarrollo de aplicaciones a la ciberseguridad, porque su experiencia previa puede servirle de base, pero tendrá que adquirir conocimientos sobre amenazas, protección de datos y evaluación de riesgos. Reconstruir el perfil profesional requiere práctica y comprensión del nuevo campo, además de cursos y certificados.

La inteligencia artificial añade otra dimensión a este aprendizaje, que sin duda hoy tendremos que considerar, el incorporar un asistente al trabajo de programación implica aprender a formular instrucciones, interpretar sus respuestas y revisar el código que propone. Claro, obviamente exige reconocer cuándo una solución parece correcta, pero contiene errores o no responde a las necesidades del proyecto. Por eso, la preparación profesional debe incluir criterio para evaluar los resultados. Un programa que funciona en una demostración todavía necesita revisarse: ¿protege la información?, ¿puede mantenerse?, ¿responde al problema del usuario?, ¿qué sucede cuando algo falla? Estas preguntas forman parte de la responsabilidad de quien desarrolla software, incluso cuando utiliza herramientas que automatizan algunas tareas.

Desde mi perspectiva, aquí se encuentra uno de los mayores retos de la formación tecnológica: enseñar a utilizar herramientas y, al mismo tiempo, fortalecer la capacidad de decidir. Los fundamentos de programación, diseño, pruebas, seguridad y ética permiten valorar una solución más allá de su apariencia o de la rapidez con la que fue generada. Claro, por el bienestar del ser humano, nos conviene evitar que el aprendizaje continuo se convierta en una carrera agotadora detrás de cada novedad. Nadie puede dominar todas las tecnologías, eso es verdsad, pero existe algo que se conoce como un plan de formación, el cual sin duda, necesita dirección, por ejemplo identificar qué sabemos, qué función nos interesa desempeñar y qué conocimientos nos faltan para llegar a ella.

Un tip interesante, seguro y que suelo comentarle a mis estudiantes, es que el revisar ofertas de empleo puede aportar pistas sobre las competencias que solicitan las organizaciones hoy en dia. Esa información debe contrastarse con nuestros intereses, la experiencia acumulada y los problemas que queremos resolver. Después, un proyecto concreto puede ayudarnos a poner a prueba lo aprendido y reconocer cuánto comprendemos realmente.

La responsabilidad tampoco recae únicamente en el trabajador. Las empresas pueden facilitar la formación mediante tiempo, acompañamiento y oportunidades para aplicar nuevas habilidades. Las universidades, por su parte, pueden ofrecer espacios de actualización vinculados con las necesidades profesionales, sin perder de vista los fundamentos y la responsabilidad social.

Si comprendemos que aprender puede ampliar nuestras posibilidades laborales, aunque no garantiza por sí solo un ascenso, mejores ingresos o estabilidad, es posible que tengamos mejores resultados, aunque sabemos que estos dependen de las oportunidades disponibles y de las condiciones en las que cada persona desarrolla su trabajo. Reconocerlo permite hablar de formación continua con expectativas realistas.

El reskilling invita a mirar nuestra trayectoria como un proceso abierto. Lo que ya sabemos puede ser el punto de partida para asumir nuevas funciones, explorar otra especialidad o responder mejor a un problema. En una profesión dedicada a construir soluciones, también necesitamos aprender a transformar nuestra propia manera de trabajar. Volver a aprender es una forma de avanzar.

Es cuanto.

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