Hace algunos días México recibió con los máximos honores diplomáticos a una nutrida delegación de representantes de la Unión Europea de altísimo nivel, encabezada por Ursula von der Leyen en su calidad de Presidenta de la UE. El motivo principal de la visita fue el fortalecimiento de la relación comercial entre nuestro país y los 27 países que la conforman.

Algunos señalan que es parte de la expansión del “Plan México”, que busca en su conjunto abrir paso al “multilateralismo”, para reducir la dependencia mexicana del mercado norteamericano. Lo que implica generar factores de mayor cooperación, mejorar el diálogo con las potencias europeas y generar mayor confianza entre los inversionistas que ven en nuestro país, un potencial destino de negocios.

México ya tiene una relación comercial con la UE, pero es insuficiente. Los tratados comerciales entre la Unión y nuestro país datan de principios de los años 2000 y, a veintiséis años de distancia, muchas cosas han cambiado entre los continentes. Nuestra sociedad comercial funciona porque en Europa se requieren productos mexicanos y en México funcionan muy bien las industrias europeas. El fortalecimiento de los vínculos existentes, y la adaptación a las nuevas necesidades del mercado aparejadas a la realidad política actual, nos abren un panorama promisorio para las exportaciones de nuestros productos y servicios, tanto como para la llegada de inversión extranjera.

Y no solo se trata, como algunos con miopía de progreso advierten, de que “solo” se implanten en México más fábricas ensambladoras de vehículos como Renault, Peugeot, Volkswagen, Cupra o Fiat. Va mucho más allá de ello, porque el potencial de negocios entre México y los 27 países unidos en esa comunidad política-económica implica reconocer también que los servicios bancarios y financieros, los de investigación médica-farmacéutica, energía y desarrollo sustentable, tecnología y turismo podrían ser los grandes beneficiados.

Para muestra, la banca europea, que en México opera con tres sociedades arraigadas en el gusto y preferencia de los clientes nacionales. El banco español, BBVA Bancomer atiende a más de 26 millones de clientes de Tijuana a Chetumal, con presencia nacional, es el banco con mayor número de cuentas activas en México. Otra institución financiera de las preferidas de los mexicanos es Santander junto con el inglés HSBC que por el momento está fuera de la UE, pero sigue en miras de crecimiento según CONDUSEF. Los bancos europeos en México generan más de 70 mil empleos directos y cerca de 100 mil indirectos.

En conjunto, la banca europea es una de las principales proveedoras de crédito hipotecario, automotriz y comercial de las y los mexicanos. El modelo bancario español se adaptó al gusto del usuario nacional y, con este tipo de apuestas comerciales, no dudaríamos en que más bancos españoles, franceses o suizos pudieran explorar la posibilidad de negocios en México.

Pero no todo son servicios bancarios y financieros, el turismo europeo año con año nos deja una derrama económica multimillonaria, principalmente en destinos caribeños del sur de México, Puerto Vallarta, Los Cabos y la capital del país. Según datos de la Secretaría de Turismo, casi 5 millones de turistas llegan procedentes de España, Francia, Alemania, Países Bajos y Reino Unido; la estadía de visitantes europeos es de las más largas —14 noches promedio— y, por ende, una de las que más derrama económica dejan.

La industria farmacéutica internacional ha tomado a nuestro país como uno de los principales para establecer laboratorios de ensayo y aplicación de medicinas en desarrollo, desde belleza y cuidados hasta medicamentos de alta especialidad, que se perfilan y se investigan en México. Sanofi de Francia, Novartis y Roche de Suiza, Boehringer Ingelheim y Synlab de Alemania, AstraZeneca de Suecia y Reino Unido, entre otras, podrían seguir su expansión en nuestro país.

Más allá de los inconformes de siempre, y los que auguran el enojo de Donald Trump ante la apertura que el gobierno mexicano ha tenido con los países de Europa, se observan buenos tiempos en la relación con la UE. Cierto es que Estados Unidos seguirá siendo nuestro principal socio comercial, eso no está en duda, el tema es que, en tiempos de mucho desafío, lo mejor es voltear a Europa y dejar de lado, al menos por unos años, a la China, el gran gigante asiático, acérrimo enemigo de nuestros vecinos y socios. Luego le seguimos.

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