Muchos ánimos Irene de mis amores,
la vida podrá infligirnos golpes, pero nunca derrotarnos.
Este equinoccio de primavera nos resulta muy especial. Llega cuando la complicada crisis de seguridad que padecemos ha cumplido ya año y medio, se convierte en un entorno que pretende llenarnos de más dudas que certezas y nos inclina a reflexionar si las tareas que realiza la autoridad y las que llevamos a cabo como sociedad rayan en lo correcto o si mal brincamos las trancas de la crisis, dejando algunas abiertas y la posibilidad de profundizarla. La primavera siempre ha representado la esperanza y queremos que la presente no sea la excepción.
Mientras mi esposa lucha por su vida en una cama de hospital y en homenaje a su incansable preocupación por el destino de los niños y niñas de Sinaloa y México, quiero dedicarle este sentido diálogo sobre la situación que vive el estado de Sinaloa. ¿Te acuerdas de aquellos difíciles años setenta en que soñamos, junto a toda nuestra generación que otro mundo es posible? En las aulas buscábamos una respuesta a tantas inquietudes e interrogantes acerca de las injusticias y desigualdades sociales. Y en las calles compartíamos reclamos y demandas para aliviar la situación de millones de personas en situación vulnerable. En ese mundo romántico te conocí y me enamoré de ti. A partir de entonces los buenos y malos momentos los vivimos uno al lado del otro.
Más de medio siglo después, con orgullo podemos decir tú y yo, que en esta largo caminar en materia de derechos humanos hemos aportado un granito de arena. Si el mundo de hoy tiene como referente en muchas de sus aristas la cultura de los derechos humanos, ahí hay una pequeña huella tuya y mía. Hay instantes que no puedo olvidar, pues definieron no sólo el destino nuestro sino el de este querido Sinaloa. Uno de ellos fue el día 21 de mayo de 1990, el día que nos arrebatan la vida de Norma Corona y los meses que le siguieron. Esa muerte pesó mucho entre nosotros, incluidos nuestros hijos que eran pequeños. La zozobra y las incertidumbres que el hecho trajo a la familia son inenarrables.
Aquí quiero agradecer tu determinación en no dejarme solo en esa terrible cuesta para recomponer la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Sinaloa, que después de la pérdida de Norma quedaba a la deriva. ¿Cuántos días no pasamos solos en la oficina esperando a que los ciudadanos que tenían alguna queja volvieran a acercarse? Poco después no alcanzábamos a atender a todas las personas que acudían y solicitamos el apoyo de simpatizantes de esta causa para consolidar aquel trabajo. Este 2026 la CDDHS cumplirá 43 años de estar presente en la vida sinaloense y de abrir como pionera los espacios en que hoy se desenvuelven propios extraños en nuestra entidad.
Irene, una preocupación tuya desde el principio fue qué hacer para que nuestro trabajo llegara a las escuelas, que los niños tuvieran a mano una herramienta que los volviera más fuertes y seguros en una sociedad donde no falta la violación a sus derechos. Y fuimos a impartir talleres a escuelas primarias y secundarias con textos elaborados por miembros de la Comisión. Y fundamos una revista: Derechos Humanos le llamamos. ¿Te acuerdas que siempre buscaste que los derechos de los niños y niñas de la ciudad y del campo no dejaran de observarse? Algo especial había en ti hacia los infantes que viven en los campos agrícolas, sobre todo hacia aquellos que trabajan, nunca has aceptado que en lugar de estar en la escuela, vayan a trabajar.
Con tu esfuerzo invaluable e incondicional hemos logrado abrir espacio para contar legislación sobre la materia y el reconocimiento social para los defensores de los derechos humanos. Y en ello hablemos también la oportunidad de dirigir en dos ocasiones la CEDH. Sin ti no sería posible ese logro ni la esencia que aportaste en ese esfuerzo. Me refiero a tu participación en el área de promoción de los derechos de los niños. ¿Cuántas escuelas visitaste con el Teatrín de títeres de la CEDH? Y luego vendría la etapa en la que creíste muy importante promover una sección de la Revista Derechos Humanos especializada en derechos de la infancia y de la adolescencia. Allí hay una sección en que promoviste la lectura de libros por niños y que además escribieran sobre la experiencia de leer. Espero que esa iniciativa dura muchos años. Los niños lo agradecerán.
Mi Irene, la preocupación sobre los difíciles días que vivimos siempre te ha acompañado. También está presente tu propuesta de que la promoción de la cultura nunca se abandone ni en las aulas, ni en el espacio familiar ni en ningún punto geográfico del Sinaloa. ¿Cómo olvidar tus afanes para que las bibliotecas en mi tierra fueran una realidad? Monteverde de Villa y sus generaciones presentes y futuras estarán orgullosas de esos logros, pues esas bibliotecas son el vértice de un proyecto más ambicioso que pretende construir una comunidad sustentable y blindada frente al entorno de violencia. Y si funciona mi querida Irene, ese proyecto puede ser un modelo a seguir en el estado y otras entidades. Te agradezco en el alma todo el apoyo.
Los niños son el presente y el futuro de esta sociedad que más temprano que tarde saldrá victoriosa de la situación que ahora enfrenta y estoy seguro que si trabajamos en los renglones centrales en que tú has puesto énfasis, más pronto que tarde habremos alcanzado la meta. A eso he llamado la postcrisis y tú y yo estamos convencidos de que la cultura de los derechos humanos es la gran reserva con que cuenta la sociedad sinaloense para salir adelante. Tu fortaleza y ganas de vivir han permitido sobreponerte a tus problemas de salud. Tu familia, compañeros de lucha y tantos amigos esperamos verte de nuevo en las aulas, en la plaza pública y en las comunidades animando a todos para cumplir las tareas de promoción de los derechos de las niñas y niños. Hemos sobrevivido muchas crisis y esta no será la excepción. Ánimo Irene Santos Quintero.
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