Los Conversatorios Ciudadanos tienen como objetivo invitar a iniciar un diálogo serio al respecto de los temas más importantes en la actualidad. Esta vez le tocó el turno a buscar diseñar juntos El Futuro de la Acuacultura y la Pesca en Sinaloa. Dos importantes giros que como muchos otros están pasando por un momento crítico, debido a la inmensa cantidad de problemáticas que las aquejan.
Se habló ampliamente de las bondades y los retos de ambas actividades. En el caso de la pesca la convivencia con un ecosistema natural es la tarea más compleja y prioritaria, ¿cómo aprovechar sin desgastar? La misma naturaleza nos da una vasta cantidad y diversidad de recursos, pero al mismo tiempo éstos no son solo un objeto que se puede explotar a nuestro antojo, sino que cada especie tiene su lugar en la conformación de dicho ecosistema. Se debe tener mucho cuidado y respeto en su aprovechamiento para que pueda continuar teniendo el equilibrio necesario para su propia subsistencia.
En el caso de la acuacultura se pudiera ver como un medio, no tanto de explotación de recursos naturales, sino más bien de producción. Aquí no se interfiere tanto con los medios naturales y ecosistémicos y más bien se produce lo que se espera cosechar. Se planea en base a los mercados que tipo de productos acuáticos se buscan obtener que le traiga una rentabilidad. En el mercado compite con la pesca, pero no el entorno natural.
Para poder llevar a cabo cualquiera de estas dos actividades se necesitan políticas publicas que regulen sus prácticas y ahí fue donde se generó la mayor discusión en este ejercicio de dialogo e intercambio de opiniones. Se reconoció que es necesario que las reglas del juego estén muy claras y no solo eso, lo más importante es que se cumplan.
Desde hace mucho tiempo los gobiernos han fallado en su función fundamental que es la de ordenar las actividades que se llevan a cabo en un territorio delimitado, con la finalidad de obtener bienestar para su población. La gran mayoría de los gobernantes han quedado muy cortos en su obligación y responsabilidad de cumplir y hacer cumplir las leyes y como sociedad hasta cierto punto hemos sido permisivos y no hemos sido capaces de respetar las reglas por nuestro propio beneficio.
Esto afecta, no solo a la acuacultura y a la pesca, sino a todas las actividades que se llevan a cabo en un país: actividades productivas, comerciales, en materia de educación, seguridad, salud, energética, etc. Cuando las reglas no se cumplen se llega al abuso, que da lugar al desbalance del entorno donde se lleva a cabo la actividad y con el paso del tiempo ésta misma se pervierte y deja de ser atractiva o redituable.
Cuando por un lado se presentan buenas oportunidades de mercado y por el otro no se respetan las reglas, se genera la receta perfecta para el desastre. La pesca puede ser un muy buen ejemplo de ello. Cuando un producto de que habita en un cuerpo de agua se sobreexplota con fines comerciales y sin priorizar su conservación, lo que sucede es que se va agotando esa especie y cuando salen los pescadores a echar redes ven que cada día son menos las capturas, y con el paso del tiempo ya no es redituable ni siquiera salir a pescar.
La falta de atención hacia los entornos y los ecosistemas, que nos permiten tener una vasta cantidad de recursos naturales para nuestro propio consumo, va ocasionando día a día que este equilibrio se vaya rompiendo. Lo mismo sucede en la agricultura, ganadería, caza, energéticos y demás actividades dependientes de los recursos naturales.
Nosotros mismos nos ocasionamos la gran mayoría de los problemas de los que tanto nos quejamos cuando descuidamos mantener el delicado equilibrio en nuestro entorno, ecosistema y comunidad. Cuando el individualismo supera a lo colectivo. Cuando priorizamos el corto plazo por sobre el largo plazo. Cuando el yo es más importante que el nosotros. Y cuando es más atractivo explotar que cuidar el ecosistema.
Este conversatorio ciudadano, al igual que los anteriores, tiene como objetivo iniciar una conversación entre actores interesados e involucrados en los diversos temas. Busca plantar la semilla, en este caso el alevín, para ir construyendo juntos el futuro que queremos. Es solo con la participación activa y continua de los actores preocupados y ocupados en resolver las problemáticas que los aquejan como podemos llegar a las soluciones y a restaurar este divino equilibrio tan necesario en el ecosistema y en las comunidades.
El conversatorio es el primer paso. Lo que sigue es mantener activa esta conversación. Encontrar las coincidencias para fijar objetivos y trabajar juntos en lograrlos, al igual que las diferencias porque es justo en ellas donde descubriremos las opciones de solución.
Conversemos.

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