1. La guerra al narcotráfico de Estados Unidos no es otra cosa que un disfraz y una narrativa tóxica de una política exterior injerencista para el control de recursos estratégicos y gobiernos extranjeros, sobre todo, pero no solo, en el caso en que, políticamente, estos no se alineen con (o no lambisconeen) el hegemón.
  2. La narcoguerra para con América Latina ha tenido otros proxies o elementos sucedáneos, a veces intercambiables, como la “guerra al terror” (o al terrorismo), aplicada en Oriente Medio, África y Europa, o la evergreen “guerra al comunismo”, que se narra como “guerra al castrochavismo” en la vertiente latinoamericana de la posguerra fría, pero básicamente es el hostigamiento a cualquier proyecto democrático, progresista o soberanista popular.
  3. La hibridación y la mezcla de la narcoguerra con la guerra al terrorismo y/o al comunismo, cuales que sean sus cambiantes e instrumentales definiciones, reformuladas cada dos meses, dieron origen a una hidra inexistente pero poderosa dentro del discurso estadounidense y de las derechas políticas satélites y entreguistas del subcontinente: el “narcoterrorismo”, el “terrorismo castrochavista”, las “narcoguerrillas” o el “narcocomunismo” son etiquetas vacías pero útiles, pachequeces funcionales al golpeteo y la conservación de privilegios o prebendas del Tío Sam.
  4. La injerencia de Estados Unidos en el Sur global y americano es directamente proporcional al aumento del consumo y de las muertes en el propio país, así como al crecimiento del negocio legal e ilegal ligado de una u otra manera a la narcoguerra que, a su vez, es bomba social y antidemocrática instalada bajo los pies de la Torre de la Libertad.
  5. Existe un continuum difuminado, fumoso y cíclico entre legalidad, paralegalidad e ilegalidad en el ámbito de toda guerra a las drogas, o al terror y al enemigo rojo, o a cualquier otro enemigo inventado o declarado de la potencia mundial decadente: en Latinoamérica como en Estados Unidos lo legal depende, la ley depende, la justicia depende. ¿De qué? De quienes deciden, de quienes ganan, de quienes tienen más, de quiénes mienten.
  6. El dinero y la plusvalía son vampirizados por el Norte, dentro del proceso de acumulación de larga duración y dentro de sus ciclos en el capitalismo depredador y necroliberal, mientras que la sangre y el sudor de trabajadores y clases subalternas fluye y se evapora en el Sur, en los sembradíos de amapola y los laboratorios, reconvertidos a cultivos estupefacientes altamente demandados por el Norte. Gran efecto y rabia el recordarlo en el Día Internacional del Trabajo.
  7. El principal beneficiario de la muerte masiva, por consumo en el Norte y por balas y represión estatal-criminal en el Sur, es el llamado complejo militar-industrial, asociado hoy con el eje mediático-tecnológico, tecnofascista o tecnofeudal, y con el propio aparato burocrático-legal que vive del andamiaje y del business engendrado por la política prohibicionista y represiva dentro y fuera de EUA.
  8. El régimen prohibicionista global construido en la segunda mitad del siglo XX ha sido parte constitutiva del orden geopolítico y económico mundial, integral a las guerras neoimperialistas, a la militarización de la seguridad y a la ideología securitaristas: consolidado después de la II Guerra Mundial y basado en la relación histórico-estructural entre centro y periferia, fue y es piedra angular de economías, flujos y justificaciones que nada tienen que ver con las drogas y su consumo, con la salud, la paz o el siempre abanderado “orden social”.
  9. La guerra a las drogas es, más bien, una guerra con, por y para las drogas, conducida por vendedores y fabricantes de armas, sedientos de ganancias polvorientas, que mantienen al mundo en vilo entre belicismos exacerbados y actores necroempoderados, estatales y particulares, criminales más o menos organizados y más o menos encorbatados, al norte y al sur del Río Bravo.
  10. No sé si Rocha Moya en Sinaloa sea inocente o culpable, si haya que extraditarlo y entregarlo a él y a las demás personas enlistadas por los fiscales y el departamento de justicia de EUA. Entre grises y bambalinas, movidas de la CIA y jugadas de la DEA, entre Chihuahua y Sinaloa, Washington y Nueva York, entre trumpianos y especuladores de la casa, la verdad y la justicia sobre el régimen de la violencia y la muerte en el reino del capitalismo tardío, oculto detrás del telón y señuelo de “las drogas”, quedan relegadas a la esperanza y al clamor de las cotidianas resistencias.
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