- La guerra al narcotráfico de Estados Unidos no es otra cosa que un disfraz y una narrativa tóxica de una política exterior injerencista para el control de recursos estratégicos y gobiernos extranjeros, sobre todo, pero no solo, en el caso en que, políticamente, estos no se alineen con (o no lambisconeen) el hegemón.
- La narcoguerra para con América Latina ha tenido otros proxies o elementos sucedáneos, a veces intercambiables, como la “guerra al terror” (o al terrorismo), aplicada en Oriente Medio, África y Europa, o la evergreen “guerra al comunismo”, que se narra como “guerra al castrochavismo” en la vertiente latinoamericana de la posguerra fría, pero básicamente es el hostigamiento a cualquier proyecto democrático, progresista o soberanista popular.
- La hibridación y la mezcla de la narcoguerra con la guerra al terrorismo y/o al comunismo, cuales que sean sus cambiantes e instrumentales definiciones, reformuladas cada dos meses, dieron origen a una hidra inexistente pero poderosa dentro del discurso estadounidense y de las derechas políticas satélites y entreguistas del subcontinente: el “narcoterrorismo”, el “terrorismo castrochavista”, las “narcoguerrillas” o el “narcocomunismo” son etiquetas vacías pero útiles, pachequeces funcionales al golpeteo y la conservación de privilegios o prebendas del Tío Sam.
- La injerencia de Estados Unidos en el Sur global y americano es directamente proporcional al aumento del consumo y de las muertes en el propio país, así como al crecimiento del negocio legal e ilegal ligado de una u otra manera a la narcoguerra que, a su vez, es bomba social y antidemocrática instalada bajo los pies de la Torre de la Libertad.
- Existe un continuum difuminado, fumoso y cíclico entre legalidad, paralegalidad e ilegalidad en el ámbito de toda guerra a las drogas, o al terror y al enemigo rojo, o a cualquier otro enemigo inventado o declarado de la potencia mundial decadente: en Latinoamérica como en Estados Unidos lo legal depende, la ley depende, la justicia depende. ¿De qué? De quienes deciden, de quienes ganan, de quienes tienen más, de quiénes mienten.
- El dinero y la plusvalía son vampirizados por el Norte, dentro del proceso de acumulación de larga duración y dentro de sus ciclos en el capitalismo depredador y necroliberal, mientras que la sangre y el sudor de trabajadores y clases subalternas fluye y se evapora en el Sur, en los sembradíos de amapola y los laboratorios, reconvertidos a cultivos estupefacientes altamente demandados por el Norte. Gran efecto y rabia el recordarlo en el Día Internacional del Trabajo.
- El principal beneficiario de la muerte masiva, por consumo en el Norte y por balas y represión estatal-criminal en el Sur, es el llamado complejo militar-industrial, asociado hoy con el eje mediático-tecnológico, tecnofascista o tecnofeudal, y con el propio aparato burocrático-legal que vive del andamiaje y del business engendrado por la política prohibicionista y represiva dentro y fuera de EUA.
- El régimen prohibicionista global construido en la segunda mitad del siglo XX ha sido parte constitutiva del orden geopolítico y económico mundial, integral a las guerras neoimperialistas, a la militarización de la seguridad y a la ideología securitaristas: consolidado después de la II Guerra Mundial y basado en la relación histórico-estructural entre centro y periferia, fue y es piedra angular de economías, flujos y justificaciones que nada tienen que ver con las drogas y su consumo, con la salud, la paz o el siempre abanderado “orden social”.
- La guerra a las drogas es, más bien, una guerra con, por y para las drogas, conducida por vendedores y fabricantes de armas, sedientos de ganancias polvorientas, que mantienen al mundo en vilo entre belicismos exacerbados y actores necroempoderados, estatales y particulares, criminales más o menos organizados y más o menos encorbatados, al norte y al sur del Río Bravo.
- No sé si Rocha Moya en Sinaloa sea inocente o culpable, si haya que extraditarlo y entregarlo a él y a las demás personas enlistadas por los fiscales y el departamento de justicia de EUA. Entre grises y bambalinas, movidas de la CIA y jugadas de la DEA, entre Chihuahua y Sinaloa, Washington y Nueva York, entre trumpianos y especuladores de la casa, la verdad y la justicia sobre el régimen de la violencia y la muerte en el reino del capitalismo tardío, oculto detrás del telón y señuelo de “las drogas”, quedan relegadas a la esperanza y al clamor de las cotidianas resistencias.
Decálogo sugestivo de la narcoguerra gringa
No sé si Rocha Moya en Sinaloa sea inocente o culpable, si haya que extraditarlo y entregarlo a él y a las demás personas enlistadas por los fiscales y el departamento de justicia de EUA.
Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO

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