Hay dos cosas esenciales que se requieren para que una operación de compra-venta se realice: la primera es acordar ambas partes en el tipo de producto y su calidad, y la segunda es estar de acuerdo en el precio que se vaya a pagar y a cobrar.
El anuncio del gobierno federal y estatal es que ya se tiene una intención de compra del 80% del volumen que se va a producir en Sinaloa de maíz blanco. Lo anuncian como un logro sin precedentes y la mayoría de los dirigentes de varios organismos agrícolas lo avalan y lo aplauden. Preocupados más por salir en la foto que por resolver el problema.
Un logro hubiera sido acordar un precio preferencial y luego convencer a los compradores que van a pagarlo. Aquí lo que se hizo fue preguntarles a los compradores a cuánto estaban dispuestos a comprar y qué tanto volumen, sumaron los volúmenes que compra cada uno y lo anuncian como hazaña del gobierno hacer que los compradores compren lo que siempre compran al precio que ellos quisieron.
A $4,400 pesos por tonelada, o a lo que dé la fórmula en su momento, todo el maíz debe de poder venderse. El problema es que el productor, dueño del grano, pide $6,500 para que le salgan los números y a ese precio nadie ha accedido comprarle. Por lo que todo el esfuerzo y negociaciones del gobierno federal deberían de estar enfocadas en resolver cuánto van a dar a complemento por tonelada, a quiénes se les va a apoyar y a quiénes no, cuáles serán los requisitos para acceder a esos apoyos y cuándo se darán. Y curiosamente esas preguntas es lo único que no han contestado ni resuelto.
No ayudó el haber dado luz verde de sembrar todo lo que los volúmenes de agua en las presas lo permitieran. Ese momento fue la crónica de una crisis anunciada. Si Sinaloa hubiera contenido su superficie de siembra solamente para producir lo suficiente para surtir a la industria que procesa el maíz para el consumo humano, se hubiera tenido, para empezar, una base más alta, menos complicaciones para conseguir un mejor precio y un monto inferior por apoyar.
A mayor oferta que demanda menor precio. Es una ley básica. Los productores que pensaban sembrar más para recuperarse este año no solo van a perder más, sino que además van a hacer perder a los demás productores.
Hay que ponernos Serios, pero en Serio. Este año solo se resuelve con apoyo de gobierno, pero tenemos que empezar a construir desde hoy la mecánica de los próximos ciclos, porque no podemos estar atenidos a los subsidios año tras año. Así no hay dinero que alcance.
Para ello se necesita que cada parte involucrada haga lo que tiene que hacer. Los agricultores, deberán de sembrar solo lo que el mercado esté dispuesto a consumir en maíz blanco para consumo humano, pero hay que hacer una planeación y una supervisión, encabezada por el gobierno estatal, con acuerdos previos y consecuencias para quienes no cumplan los compromisos. Y con un buen programa de eficiencias productivas que capaciten a los agricultores a producir de manera más eficaz.
Los compradores deberán de reconocer las ventajas que tiene el maíz blanco Sinaloense sobre el amarillo transgénico importado de tercera calidad y pagar el precio justo a la calidad recibida. Aquí también el gobierno federal debe de acompañarlos en ver cuáles son los principales retos por los que cruza el industrial y el tortillero, y encontrar los mecanismos para hacerlos más competitivos.
En lo que corresponde al gobierno, debe desarrollarse un plan multianual. Y ya implementados estos programas, con la finalidad de buscar como dejar de depender de los apoyos gubernamentales en el menor tiempo posible, pero sin mermar o desaparecer la producción nacional, tienen que hacer un recuento estratégico de cuáles son las ventajas indirectas y directas de tener producción nacional, cuánto valen esas ventajas y cuánto costaría el riesgo en caso de que no la tengamos.
Los consumidores pueden y deberían de querer pagar más por un producto de mejor calidad. La diferencia no es tan grande. Hay que volver a revisar la canasta básica y en verdad ver qué tan representativa es hoy en día del consumo real de los mexicanos actualmente. A los mexicanos en pobreza extrema el mismo gobierno puede desarrollar programas de apoyo para hacerles llegar vales de tortillas a esas personas que no pueden pagar ni siquiera el precio actual.
Es eso lo que necesitamos: Un programa integral, que cada quien ponga lo que le corresponda para ser más eficientes, más productivos, más justos, tener mayor calidad de los alimentos y obtener mejores beneficios como consumidores.

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