¿Cuáles son hoy los estados canalla? En México podríamos adoptar la variante con rima de gandalla, pero la idea sería la misma: gandalla es el “que saca partido de todo, sin consideración ni respeto por los demás; aprovechado”, mientras canalla es la “persona deshonesta, que daña o perjudica a otra a base de traición, mentiras y bajezas”, o bien, es “gente de mal vivir, grosera y ruin” (según el Diccionario del Español de México del Comex).
La hipótesis semiseria aquí es que el paulatino desuso del discurso sobre los estados canalla abrió paso a la emersión del “estado gandalla”, condensado en los Estados Unidos de Norteamérica, así nombrable desde el Sur continental y el español vernáculo mexicano.
El término “estado canalla” estuvo muy de moda en el entorno mediático y geopolítico de los años 90 y primeros 2000, sobre todo en Estados Unidos y Europa, en donde se tildaban a otros países como “rogue states”.
Se usaba en política internacional para describir a países considerados peligrosos, que actuaban fuera de las normas internacionales o del orden mundial occidental.
Se trataba de países “no alineados” al consenso y poderío hegemónico estadounidense, en la época de la posguerra fría.
Designar como canalla a otro país implicaba que el detentor de la narrativa global, particularmente el presidente de EUA, clasificaba como “enemigos del mundo” a gobiernos hostiles. Bill Clinton fue un promotor de esta definición.
La acusación partía del punto de vista estadounidense, convertido en una verdad internacionalmente aceptada, amplificada por medios como el NYT, el WSJ y redes digitales.
Según la IA, un estado canalla podría: violar el derecho internacional, apoyar el terrorismo, desarrollar armas de destrucción masiva, violar derechos humanos o actuar de forma agresiva en política exterior. Con ello, se plantea identificar a los estados canallas-gandallas.
A estas características se suma tener gobiernos socialistas o comunistas, como Cuba, o la Venezuela chavista, por rechazar el ALCA impulsado por George Bush.
También fueron considerados canallas el Irak de Sadam Hussein y la Libia de Muamar el Gadafi. Actualmente, Irán y Corea del Norte siguen en esa categoría, mientras China y Rusia no han sido etiquetados así.
Esta categoría subjetiva y política ha justificado guerras, sanciones e intervenciones, encubriendo intereses energéticos e imperialistas bajo el liderazgo estadounidense y su complejo militar-industrial.
La narrativa del “canalla” y el “enemigo” funciona como superestructura ideológica para apropiarse de recursos y territorios, justificando acciones en nombre de la democracia y los derechos humanos.
En los últimos años, el término canalla fue desplazado por conceptos como “narcoterroristas”, “estados fallidos” o “narcoestados”, especialmente en América Latina.
Con Donald Trump y el reacomodo geopolítico, emerge un estado más gandalla que canalla, acusado de violaciones al derecho internacional y de patrocinar conflictos, como el caso de Palestina.
Por ello, desde el sur del Río Bravo, resulta legítimo denominar a estos actores como “estados gandallas”.

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