El sistema agroalimentario global ha venido orillando a los productores a sembrar un solo cultivo año tras año. A esa práctica se le conoce como monocultivo.
Su principal ventaja es que el productor se convierte en especialista, ya que conoce todo sobre la siembra de ese cultivo en específico y va aprendiendo y siendo más eficiente año tras año. También se crean y especializan canales de logística alrededor de los sitios donde se cultiva, y esto hace que los productos lleguen con mayor eficiencia a donde serán consumidos. Esto es de interés meramente económico.
El lado negativo se observa principalmente en la naturaleza y la sustentabilidad, ya que se desgastan la salud y la fertilidad del suelo por producir lo mismo en temporadas consecutivas, sin cambios ni descansos. Los cultivos se vuelven más propensos a plagas y enfermedades porque en los campos vecinos se cultiva lo mismo y terminan sirviendo como caldo de cultivo para estos insectos y vectores. Además, se agotan los recursos debido a la amplia competencia por ellos.
En un inicio, las zonas productoras se desarrollan y crecen alrededor de estos monocultivos. No solo el productor se especializa en ellos, sino también comunidades enteras que dependen directa o indirectamente de la derrama económica que generan. Pero, con el paso del tiempo, se convierten en commodities y terminan compitiendo a nivel global con el resto de las zonas productivas del mundo. Las ventajas de una zona y otra compiten ferozmente por el mismo mercado hasta llegar al punto en que los propios productores se canibalizan entre sí. El único que gana es el intermediario o especulador.
El monocultivo no existe en la naturaleza. Ella misma se encarga de mantener una carga de diversidad en cada espacio. También los mercados buscan tener diversidad de productos para ofrecer a los consumidores, que no quieren comer lo mismo todos los días. Hay que buscar mantener el delicado balance entre la oferta y la demanda. Para ello, se requiere primero tener un mercado potencial que busque y quiera algún producto antes de siquiera pensar en producirlo.
En Sinaloa, el mayor monocultivo es el maíz. La economía local se desarrolló, en buena parte, gracias a este cultivo. Pero hoy en día no es competitivo frente a otras regiones del mundo, de acuerdo con las demandas de los mercados, y para el productor ya no es rentable cultivarlo porque termina con pérdidas en lugar de utilidades.
Necesitamos más opciones de cultivos para producir y mercados potenciales que los requieran. Lo ideal es buscar sobresalir en calidad y encontrar mercados especiales que valoren las características específicas que podemos lograr en una tierra tan fértil como la del estado de Sinaloa. Producimos maíz blanco, frijol, garbanzo, tomate, chile, ejote, pepino, berenjena y también sorgo de calidades sobresalientes. Hay que salir de los commodities y buscar mercados premium.
Por todo esto, es muy loable y digno de reconocimiento el anuncio realizado hace algunos días por el Gobierno del Estado y un grupo de empresarios comerciantes sobre un mercado potencial en China que busca sorgo con una calidad específica para producir una bebida tradicional de aquel país y que aquí, en Sinaloa, podemos proveer. Esto abriría el abanico de cultivos potenciales en el estado y daría una opción más para elegir qué sembrar.
Sin embargo, una cosa es el gran anuncio y otra, muy distinta, es la realidad. Tener un mercado potencial es tan solo una parte de la ecuación. Para que esta iniciativa tenga éxito se necesitan más variables.
Hay que determinar las zonas con mayor vocación para establecer este cultivo; brindar capacitación y conocimientos agronómicos a los productores; conocer de antemano el precio de venta y los costos de producción para saber si es más o todavía menos rentable que el maíz o cualquier otro producto que se busque sustituir; saber si contamos con suficiente semilla, maquinaria e infraestructura para establecer la superficie que se requiere; tener certeza sobre el cumplimiento del contrato por ambas partes; y conocer, antes de sembrar, el papel que desempeñará el Gobierno mexicano y cómo contribuirá para que esto sea una solución y no un problema más.
En cualquier acuerdo o transacción es fundamental la confianza, y esta se encuentra hoy muy mermada entre todas las partes. El Gobierno ha fallado, mentido y engañado reiteradamente; por otro lado, muchos compradores e intermediarios han abusado y, por último, algunos productores han incumplido sus compromisos.
Para que este acuerdo tenga éxito, es indispensable ser muy transparentes sobre los riesgos y las oportunidades que representa para cada productor. Es muy peligroso hacer anuncios tan pomposos que generen altas expectativas y que luego no se puedan cumplir. El campo está desesperado y no aguanta otra mala temporada. Es mejor ser cautos ante una posibilidad de mercado como esta y asegurar primero que se pueda cumplir y mantener el contrato y, ojalá, hacerlo crecer con el tiempo. Pies de plomo.
Está muy bien que el Gobierno del Estado busque y encuentre este tipo de oportunidades. Pero la tarea no acaba ahí.

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