Por Luis Armando Becerra-Pérez y Roberto Alonso Ramos-Álvarez

Introducción

 

El fracking o fracturamiento hidráulico es una técnica de extracción de hidrocarburos no convencional que ha revolucionado la forma clásica de producción de petróleo y gas. En pocas palabras consiste en la inyección de grandes volúmenes de agua, arena y químicos a alta presión en formaciones rocosas profundas para liberar gas y petróleo atrapado. Esta técnica, modernizada en la década de 1990, permitió a países que antes eran importadores de energía fósil, tengan hoy grandes reservas de petróleo, incluso sean exportadores netos de gas. Es el caso de Estados Unidos, quien vio amenazada su soberanía en las últimas décadas del siglo XX dado su déficit de petróleo, pero gracias al fracking a partir del 2000 inició una etapa de producción que lo catapultó en el principal productor de petróleo y gas natural del mundo.

Notar que México, hasta la fecha, no ha utilizado el fracking por razones ambientales y sociales, sin embargo, si es un gran consumidor de recursos que son extraídos con dicha técnica. De los 9.1 miles de millones de pies cúbicos diarios de gas natural que consume, el 75% son importados de Estados Unidos, principalmente del estado de Texas (80%), los cuales son producidos mediante facking.

Según la SENER (2026) el consumo total de México para el 2030 será de 10.8 miles de millones de pies cúbicos diarios de gas natural, y de no hacer nada, la dependencia podría llegar a ser mayor al 80%. Además, la demanda de gas natural del sector industrial en México crecerá fuertemente, debido a los 15 polos de desarrollo económico para el bienestar (PODECOBIS) definidos en 14 estados del país, entre ellos uno en Sinaloa, Topolobampo. La SENER estima que la demanda de gas natural en este sector podría aumentar el 45% de 2025 al 2030.

Por otro lado, el abastecimiento de gas natural a México podría verse afectado por guerras, variaciones internacionales del precio, eventos climáticos (frio extremo que congela los gasoductos) e intereses geopolíticos, haciendo al país mucho más vulnerable.

La estrategia actual del gobierno para disminuir dicha vulnerabilidad en el tema del gas natural se resume en tres grandes pilares: 1) Aumentar la generación de electricidad con energía renovable, al pasar del 24% en 2025 al 38% en el 2030, impulsando la energía solar, eólica, hidráulica y geotérmica. 2) Aumentar la producción de gas natural convencional de 2.3 a 4.7 miles de millones de pies cúbicos diarios de 2025 a 2030, respectivamente. 3) Iniciar la extracción de gas no convencional en el 2027 (fracking), produciendo 1.2 miles de millones de pies cúbicos en el 2030 y 3.2 miles de millones en el 2035. Todo lo anterior combinado disminuiría la dependencia del extranjero en gas natural de un 75% actualmente a un 45% en el 2030, y a un 23% en el 2035.

¿Por qué es polémico el fracking?

 

Desde el punto de vista científico y ambiental, el fracking implica riesgos relevantes. Diversos estudios han documentado su asociación con la contaminación de acuíferos, emisiones de gases de efecto invernadero y sismos inducidos (Jackson et al., 2014; Vengosh et al., 2014). Además, cada pozo puede requerir millones de litros de agua, lo que resulta crítico en países con estrés hídrico como México.

Por otro lado, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, 2016) reconoce que, si bien existen mecanismos de mitigación los riesgos persisten dependiendo de la regulación y la tecnología utilizada. Esto ha llevado a que el fracking sea prohibido o restringido en varios países europeos, mientras que en otros continúa expandiéndose bajo marcos regulatorios estrictos. Para comprender mejor las implicaciones ambientales y técnicas del fracking, es importante visualizar sus etapas operativas. A continuación, se presenta un resumen del proceso:

Etapa Descripción del proceso Datos técnicos clave Riesgos asociados
1. Perforación vertical Se perfora un pozo hasta alcanzar la formación de lutitas Profundidad: 1,500 – 4,000 m Alteración del subsuelo
2. Perforación horizontal El pozo gira horizontalmente dentro de la roca Longitud: 1,000 – 3,000 m Mayor área de impacto
3. Entubado y cementación Se colocan tuberías de acero y cemento para aislar el pozo 2–3 capas de protección Posibles fallas, contaminación de acuíferos
4. Inyección de fluido Se inyecta agua, arena y químicos a alta presión 10–20 millones de litros de agua por pozo Uso intensivo de agua
5. Fracturación de roca La presión rompe la roca y libera gas/petróleo Presión: hasta 700 atmósferas Riesgo de micro-sismos
6. Flujo de retorno Parte del fluido regresa a la superficie con contaminantes 15–80% del fluido retorna Manejo de residuos tóxicos
7. Producción El gas o petróleo fluye hacia la superficie Producción inicial alta, luego declive rápido Emisión de metano
8. Cierre del pozo Sellado del pozo al terminar su vida útil Vida útil: 5–20 años Fugas a largo plazo

Fuente: Elaboración propia con base a Jackson et al., 2014; Vengosh et al., 2014.

El contexto mexicano: de la prohibición a la reconsideración

 

En México, el debate sobre el fracking ha estado profundamente ligado a la política energética. Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (2018–2024), se promovió una postura contraria a esta técnica, incluso con iniciativas para prohibirla a nivel constitucional (Reuters, 2024).

Sin embargo, dicha prohibición nunca se consolidó completamente en el marco legal. Con la llegada de Claudia Sheinbaum en 2024, el escenario comenzó a cambiar. Aunque durante su campaña aseguró que no permitiría el fracking, su administración ha adoptado una postura más flexible.

Para complementar la comprensión del proceso y sus implicaciones, la siguiente infografía resume de manera visual las etapas del fracking y sus principales impactos:

La decisión reciente: un giro estratégico

 

En 2026, el gobierno mexicano abrió la puerta a la evaluación e incluso posible implementación del fracking, justificando esta decisión en la necesidad de fortalecer la soberanía energética. Actualmente, México importa alrededor del 75% del gas natural que consume, principalmente de Estados Unidos, lo que representa un riesgo estratégico ante tensiones geopolíticas o interrupciones del suministro (El país, 2026).

Para sustentar esta decisión, la presidenta ha impulsado la creación de un comité académico, con científicos nacionales de las principales instituciones de investigación del país, que evalúe la viabilidad de las nuevas tecnologías de extracción, que prometen ser menos contaminantes e invasivas.

No obstante, este giro ha generado controversia. Por un lado, el gobierno argumenta que el uso de tecnologías más avanzadas podría reducir los impactos ambientales y permitir el aprovechamiento de recursos nacionales. Por otro lado, organizaciones ambientales y sectores académicos sostienen que no existe un fracking completamente limpio, y que los riesgos estructurales de la técnica permanecen.

Implicaciones económicas y ambientales

 

Desde una perspectiva económica, el fracking podría ayudar a revitalizar la producción energética nacional y reducir la dependencia externa, especialmente en un contexto donde el gas natural es clave para la generación eléctrica y las actividades industriales.

Sin embargo, sus costos ambientales y sociales pueden ser elevados, particularmente en regiones con comunidades vulnerables y recursos hídricos limitados. Esto ha llevado a la implementación de nuevos requisitos, como la “licencia social” para proyectos energéticos, que obliga a considerar la aceptación de las comunidades antes de su ejecución.

El caso del fracking en México ilustra un dilema clásico (trade-off) de la política pública: la contradicción aparente entre desarrollo económico y sostenibilidad ambiental. La decisión de la actual administración no representa simplemente un cambio técnico, sino un reposicionamiento estratégico del país frente a la seguridad energética global.

En este contexto, el futuro del fracking en México dependerá de tres factores clave:

  1. La evidencia científica sobre sus impactos reales.
  2. La capacidad regulatoria del Estado.
  3. La participación social en la toma de decisiones.

Más allá de posturas ideológicas, el desafío radica en encontrar un equilibrio entre la necesidad de energía, la necesidad de disminuir la dependencia del extranjero que nos hace vulnerables, la necesaria protección de los recursos naturales y el derecho al desarrollo social de las comunidades. ¡Se requiere una solución salomónica!

Referencias

 

El país (2026). ‘Fracking’, entre la convicción y la responsabilidad.

El país (2026). México rediseña las reglas de la inversión energética: sin licencia social, los proyectos no avanzan.

El país (2026). Sheinbaum se escuda en la academia para amortiguar su viraje al ‘fracking’.

EPA, U. (2016). Hydraulic fracturing for oil and gas: Impacts from the hydraulic fracturing water cycle on drinking water resources in the United States. US Environmental Protection Agency, Washington, DC.

Jackson, R. B., Vengosh, A., Carey, J. W., Davies, R. J., Darrah, T. H., O’sullivan, F., & Pétron, G. (2014). The environmental costs and benefits of fracking. Annual review of Environment and Resources, 39, 327-362.

Reuters (2024). Mexico pivots towards fracking to lift Pemex oil and gas production.

Vengosh, A., Jackson, R. B., Warner, N., Darrah, T. H., & Kondash, A. (2014). A critical review of the risks to water resources from unconventional shale gas development and hydraulic fracturing in the United States. Environmental science & technology, 48(15), 8334-8348.

 

 

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