SERIE “CUALIDADES DEL GABINETE” (PARTE 1 DE 3)

INTRODUCCIÓN

 

Sinaloa no se está muriendo por falta de recursos: se está muriendo por falta de mérito en quienes deciden qué hacer con ellos. Cada seis años repetimos el mismo experimento fallido —premiar la cercanía y castigar la capacidad— y cada seis años nos sorprendemos con el mismo resultado.

Un gabinete no se construye por lealtad: se construye por mérito, o se condena al fracaso. Sinaloa está a punto de repetir el error del que ninguna administración ha sabido salir: confundir cercanía política con capacidad de gobernar.

El 2027 está en puerta y no hace falta una campaña para conocer la realidad ni para entregar el voto a quien legitime nuestra propia destrucción. Ningún partido representa el interés superior de los sinaloenses y, aunque la verdad incomode, no hemos sido capaces de exigir un gobierno centrado en la grandeza y la prosperidad del Estado.

Ningún candidato necesita recorrer casa por casa para conocer la desintegración que vivimos: la pérdida de valores que fractura a la familia, el avance de los delitos de alto impacto, el circo mediático que ha servido para demoler nuestras instituciones, el abandono de madres buscadoras, pescadores, acuicultores, ejidatarios, productores, artesanos y microempresarios (el largo etcétera de lo que sabemos hacer y que constituye nuestras verdaderas ventajas comparativas).

Ninguno de los pseudo candidatos que hoy buscan el voto necesita disfrazarse de impoluto para ocultar el crecimiento de la corrupción, los feminicidios, la pobreza y la mendicidad, ni el abandono de comunidades, sindicaturas y municipios enteros. Los datos duros lo confirman, la econometría regional lo ratifica, y el desbordamiento del sector informal es su consecuencia más visible.

Administración tras administración, el gobierno ha instalado una escalera inversa: al final de cada sexenio no se hereda menos adversidad, sino más, y hoy estamos a punto de detonar una implosión social y económica sin precedente. Lo que Sinaloa necesita no es la narrativa de un ventrílocuo que se ofrece como el nuevo mesías, sino al ciudadano de carne y hueso cuya trayectoria de realizaciones le otorgue la autoridad ética, moral y empresarial para decir de frente a la sociedad todo lo que hay que hacer para llevar al estado hacia su grandeza.

En el 2027 tenemos el deber de dar vuelta a la página: sacar del poder a la facciocracia que, al controlar y dominar al gobierno, nos convierte en sus esclavos fiscales. Debe ser el año en que nos atrevamos a instituir, constitucionalmente, un proceso donde los poderes ejecutivo, legislativo y judicial queden en manos de lo más meritorio y virtuoso de la ciudadanía: de quienes no rinden lealtad a una persona ni a una facción, sino al institucionalismo constitucional y a la grandeza de Sinaloa.

En mi aportación anterior insistí en los atributos que debe tener el próximo gobernador y en el papel que corresponde al sector empresarial, en coordinación con las organizaciones de la sociedad civil y los líderes del vasto capital social, para su selección. No me referí a los partidos, porque ellos son parte del problema y han acompañado al gobierno en la destrucción que hoy padecemos. Por distintas voces hemos insistido en la Gran Alianza que Sinaloa necesita, pero ni entre ellos ni con la parte activa y constructiva de la sociedad han mostrado disposición para concretarla.

Hoy me centro en las cualidades que debe tener la selección del gabinete: los atributos que deben guiar la elección de los ciudadanos con quienes habrá de gobernarse el Estado. Conviene ser precisos: un gobernante que elige por conveniencia hereda traición; quien gobierna para la facción cosecha corrupción; quien impone uniformidad ideológica siembra polaridad; y quien gobierna rodeado de incompetentes termina gobernando la crisis. En cambio, quien selecciona por mérito construye capacidad; quien gobierna con los aptos genera soluciones; y quien se concentra en perfeccionar el institucionalismo constitucional genera independencia y soberanía —justo lo que a Sinaloa le falta.

Premisa Fundamental

Que el próximo gobernador tenga atributos superiores es condición necesaria; que sepa rodearse de un gabinete de mérito es la clave para sacar a Sinaloa del pantano donde hoy está encadenado por la corrupción y la avaricia.

Ningún actor tiene mayor responsabilidad ni mayor capacidad de arrastre en esa tarea que el liderazgo empresarial: es quien mejor conoce el costo real de la incompetencia, quien ha probado en carne propia lo que significa competir, arriesgar y rendir cuentas a resultados, y quien está en condiciones de exigir —y de proponer— los perfiles que Sinaloa necesita al frente de cada secretaría.

Si el sector empresarial no asume ese papel con la firmeza que la coyuntura exige, la facciocracia seguirá teniendo el camino libre y cualquier promesa de mérito seguirá siendo, como hasta ahora, letra muerta.

EL MÉRITO TÉCNICO POR SOBRE LA LEALTAD A CIEGAS

 

Un buen gobierno no selecciona aduladores ni ventrílocuos. No elige a inexpertos ni a parásitos del populismo, sino a quien ostenta la genialidad del mérito y la experiencia que dan el esfuerzo, la formación, el trabajo, la mgeneración de empleos y la creación de empresas. Se rodea de un equipo con capacidad y predisposición para tomar decisiones bajo presión, generar consensos y aplicar las mejores prácticas.

Secretaría de Administración y Finanzas: Requiere de una persona con lógica matemática de alto nivel para revertir los déficits fiscales y transformar el endeudamiento público en activos que capitalicen al gobierno y a la sociedad. Debe poseer la fortaleza y el carácter para auditar sin excepciones el gasto corriente, someter cada peso público a criterios de rentabilidad social (no de clientela política) y blindar las finanzas del Estado del chantaje de alcaldes, diputados y grupos de presión. Su tarea no es administrar la escasez, sino convertir la disciplina fiscal en la plataforma desde la cual se financien la infraestructura, la seguridad y el desarrollo social que Sinaloa lleva décadas posponiendo.

Secretaría de Economía: Necesita a un gran articulador de apoyos, estrategias y vínculos para que todos los sectores detonen sus ventajas comparativas en competitivas, consciente de que el valor agregado es una articulación sistémica de conocimientos y capacidades. Debe identificar y priorizar, con rigor y sin favoritismos, las cadenas de valor donde Sinaloa tiene ventaja real —agroindustria, logística portuaria, manufactura ligera—, atraer inversión con reglas claras y desmantelar la discrecionalidad burocrática que convierte cada trámite en extorsión. Su mandato es integrar a la micro y pequeña empresa a las cadenas de valor y exportación, evitando que queden condenadas a la informalidad.

Secretaría de Agricultura y Ganadería: Requiere a un perfil con la voluntad y capacidad para dar vida a todo el proceso productivo: desde la ilusión que caracteriza al productor al sembrar, hasta la obtención de una cosecha certera y estable. Debe garantizar certidumbre jurídica sobre la tierra y el agua, tecnificar cultivos con reducer la dependencia de lluvias irregulares; facilitar el acceso real al crédito y seguro agrícola, y abrir mercados de exportación con valor agregado. Asi mismo debe proteger al mediano y pequeño productor de la intermediación abusiva y del acaparamiento que hoy concentra la riqueza en unas cuantas manos.

Secretaría de Pesca y Acuacultura: Necesita a un servidor de mente sistémica. Convertir la pesca en industria y la acuacultura en un sistema de innovación requiere un proceso integral: desde la localización de ambientes aptos para la producción de larvas hasta el microsistema y manejo de enjaulados para lograr tallas comerciales de alto valor internacional. Debe combatir sin contemplaciones la pesca ilegal, vincular los centros de investigación a la solución de cuellos de botella, invertir hasta lograr una denominación de origen para los products marinos sinaloenses y construir la infraestructura de frío y portuaria requerida para exportar directamente. Sin esa visión, la actividad seguirá siendo artesanal en lugar de una industria certificada.

Secretaría de Turismo: Requiere a quien sepa articularse con todos los sectores económicos para diversificar y complementar los destinos turísticos, generando una derrama integral con efectos multiplicadores. Sinaloa tiene el potencial para desarrollar clústeres donde el turismo de negocios o de playa se complemente con atractivos locales de nivel internacional. Debe coordinarse sin excusas con la autoridad de seguridad pública, pues ningún clúster sobrevive si el visitante no tiene la certeza de regresar a casa con bien.

CONCLUSIÓN

 

Enumerar los perfiles no basta si el mecanismo que los selecciona sigue secuestrado por la facciocracia. Ese es el punto ciego que ninguna lista de atributos resuelve por sí sola: de nada sirve identificar al ciudadano idóneo si el nombramiento continúa respondiendo a cuotas de lealtad. La crítica que debemos hacernos empresarios, sociedad civil, ciudadanía organizada es que hemos sabido describir el mérito con precisión, pero no hemos construido todavía la arquitectura que lo haga exigible y verificable.

Por eso la propuesta debe traducirse en un Contrato de Gestión Constitucional que convierta cada nombramiento en un compromiso público, medible y sujeto a rendición de cuentas desde el primer día. Un gabinete de mérito no se hereda de la generosidad de quien gana la elección; se instituye mediante reglas que el propio sector empresarial, en alianza con la sociedad civil organizada, esté dispuesto a exigir y a vigilar.

La reflexión final es incómoda pero necesaria: la escalera inversa no la construyó exclusivamente la clase política. La toleramos quienes, teniendo el capital social y el conocimiento técnico y la capacidad de arrastre para exigir otra cosa, preferimos la comodidad de la queja a la incomodidad de la exigencia organizada. El voto ciudadanizado que necesita Sinaloa en 2027 no será resultado de un candidato providencial, sino de una ciudadanía dispuesta a romper la trampa de la desintegración y sostener la vigilancia institucional que el mérito requiere.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO