“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”
Salvador Allende
El edificio que albergaba al Instituto Sinaloense de la Juventud (ISJU) fue el lienzo para la protesta que necesitábamos. Porque los adultos discutimos demasiado. Señalamos a diario. Nos quejamos amargamente. Siempre, sin embargo, lo hacemos pensando en nuestro adultocentrismo.
“Juventud bala de cañón en esta guerra”, se lee en la instalación de protesta que se colocó en la entrada del ISJU. Una pinta de negro con verde acompañada con fichas de búsqueda de personas desaparecidas que lo dice todo lo que estamos omitiendo en nuestras discusiones ajetreadas, desde los escritorios y los desplegados.
En septiembre de 2024 inició uno de los capítulos más crueles de la historia de este Estado. El Cartel de Sinaloa tiene a dos grupos criminales integrados por hombres adultos –para variar– peleándose por el control del territorio. Le hemos llamado “la guerra” –un término que algunos adultos rechazan, por cierto– y en medio han quedado más de 3,750 personas asesinadas y otras más de 4,300 han sido desaparecidas.
Para entender mejor la protesta, debemos hacer un alto y observar mejor las cifras: 7 de cada 10 víctimas son personas menores de 30 años. Sí, jóvenes.
Esa protesta la necesitábamos, porque además hace alusión a algo que debe indignarnos profundamente: el Instituto Sinaloense de la Juventud y su director, Saúl Meza, convocaron a una fiesta en la ciudad llamada “VaqueRun”, que sí, se necesitan más espacios de esparcimiento en los que podamos convivir y tomar la ciudad, hacerla nuestra de nuevo, pero solo un detalle relevante, fue en vísperas del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas.
¿Por qué es un problema? Porque Sinaloa es la quinta Entidad en el País con más personas desaparecidas (dato de la Comisión Nacional de Búsqueda), y sí, aquí se repite, 7 de cada 10 personas que han sido víctimas son menores de 30 años.
La Fiscalía General de Sinaloa nos ha informado con solicitudes de información que las edades promedio de los hombres que son desaparecidos rondan entre los 17 a los 35 años, mientras que de las mujeres es entre los 14 y los 25 años de edad. Es decir, hombres jóvenes privados ilegalmente de su libertad en sus edades productivas y mujeres jóvenes –muchas de ellas adolescentes– desaparecidas en sus edades reproductivas. No tenemos que ser muy sabios para ver que algo está pasando.
Aunado a ello, vemos en los informes del Gabinete de Seguridad que hay una cantidad importante de hombres jóvenes detenidos con armas y drogas. El Consejo Estatal de Seguridad Pública de Sinaloa ha reconocido que existe una sobrepoblación de más de 200 adolescentes en el Órgano Especializado en la Ejecución de Medidas para Adolescentes, lo que antes conocíamos como Tutelar de Menores y que podemos entender como una cárcel para adolescentes.
Hay otras cifras que necesitamos discutir, relacionadas con mujeres desaparecidas. De esos casos, 8 de cada 10 regresa con vida a su casa, pero la mitad de ellas con agresiones y abusos sexuales. No se nos olvide que la mayoría son menores de edad.
Lo que se convocó por el ISJU y su director son oportunidades buenas y necesarias, pero no en vísperas de un momento que necesitamos para reflexionar. Ese día, por ejemplo, se convocó por el colectivo Sabuesos Guerreras, integrado por más de 500 familias con personas desaparecidas en Sinaloa, a una manifestación pacífica con veladoras en el Palacio de Gobierno, mientras que un grupo de colectivos juveniles llamaban a protestar en el mismo lugar para exigir mejores condiciones de vida.
Ambos eventos se unieron y así pudo tenerse un registro de que hay quienes se indignan por esta violencia que ha destruido miles de hogares en este Estado. Fue un abrazo colectivo que, además, ayudaba a consolar el espíritu de las madres buscadoras que ese mismo día fueron víctimas de un atentado contra una de ellas en la colonia Esthela Ortiz, al sur de Culiacán, un ataque contra la señora Alma Rosa Rojo Medina, pionera en la búsqueda de desaparecidos en el Estado.
Mientras, en el Centro de Culiacán, estaba la VaqueRun. Los jóvenes que fueron ahí, que se divirtieron, que soltaron el cuerpo y pudieron relajarse no son el problema. Lo que sí significa un problema es que el Instituto Sinaloense de la Juventud se mantiene –y así ha sido históricamente– junto a su director Saúl Meza alejado de exigir verdaderas condiciones de seguridad y vida para la juventud de Sinaloa.
No podemos soslayar que promover el desarrollo integral de las juventudes es el mandato legal del Instituto Sinaloense de la Juventud, el de su director, y no el criticar que haya jóvenes que no estén de acuerdo con él.

Esta fue la respuesta del director en sus redes sociales oficiales.
Callar ante una injusticia, mantenerse en la tibieza ante un acto de crueldad, no indignarse porque están asesinando a nuestros amigos y estar en el poder sin solidarizarse con las víctimas y las sobrevivientes no es lo que necesita un pueblo como el de Sinaloa. No es lo que necesitamos nadie, pero es lo que hemos tenido, lo que nos han dado.
Lo que hicieron en la fachada del viejo edificio del ISJU era la protesta que necesitábamos, porque solo así abrimos esta discusión a la que debemos llamar a las juventudes para escucharlas y hacerlas parte para tratar de hacer un cambio.

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