Los enemigos más peligrosos de la 4T, promovida por Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), no estaban en los partidos de oposición, ni en los movimientos políticos alentados por empresarios conservadores plenamente identificados como ex beneficiarios de los gobiernos neoliberales (resentidos por haber perdido privilegios), sino  dentro del propio gobierno, agazapados en las añejas estructuras burocráticas que, sin banderas opositoras, y vistiendo camisas tintas, incluso con emotivos discursos cuatroteístas, se dedicaban a sabotear los cambios de fondo para concretar la transformación necesaria.

Los enemigos internos, identificados y señalados por el expresidente López Obrador, no sólo estaban incrustados en el poder judicial –desde donde muchos boicoteaba los esfuerzos de las fuerzas de seguridad al liberar delincuentes capturados—, sino, también, en los mandos medios y bajos de las propias estructuras del poder ejecutivo y en los programas de avanzada de la cuarta transformación, incluso en los altos mandos, dando un sentido distinto y hasta contrario al espíritu de la 4T, aprovechando la ignorancia de los funcionarios morenistas recién llegados al poder.

López Obrador no sólo mantuvo una campaña constante contra las embestidas de la oposición política a su régimen, sino que estaba consciente de las resistencias al interior del gobierno respaldadas en costumbres y prácticas no escritas de lo que llamaba el “elefante reumático” donde se refugiaban los intereses conservadores resguardados por los “expertos interesados” que terminaban asesorando y dirigiendo la toma de decisiones de los altos funcionarios (muchos de ellos ignorantes de las áreas que iban a dirigir), más preocupados por la política electoral que por desempeñar cabalmente el cargo para el que fueron designados.

Aunque en el sexenio anterior se lograron cambios importantes en el marco jurídico para la justicia social, poco se avanzó en los cambios de fondo, en la “revolución de las conciencias” como decía el propio AMLO. En la práctica se dio prioridad a la operación política para garantizar la continuidad pero se descuidaron espacios fundamentales como la educación, administrada sin rumbo. Y aunque en ese campo se elaboró una propuesta educativa interesante y congruente con los cambios propuestos, su operación siguió quedando, en gran medida, en manos de los operadores de las viejas estructuras del sistema que constituyen el principal obstáculo de la transformación.

LA GUERRA INTESTINA EN LA SEP

 

Al encargar la capacitación de profesores para aplicar el nuevo plan de estudio 2022, humanista, inclusivo y centrado en la comunidad, derivado de la NEM, al mismo personal de capacitación, formado en el modelo por competencias, que defendía a capa y espada la continuación del plan de Aprendizajes Claves, daba como resultado el sabotaje de la capacitación aprovechando la ausencia de “recetas” en el nuevo plan de estudio. Pero este era sólo un frente de la guerra que se libraba al interior de las estructuras de la SEP, entre los recién llegados creadores, defensores y promotores de la NEM y sus detractores, enraizados de los mandos de la burocracia educativa por décadas, precisamente para impedir los cambios profundos y mantener la perspectiva neoliberal en la educación.

Así, durante más de seis años, al interior de la SEP, se gestó una verdadera guerra entre los creadores y sustentadores de la propuesta de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) y los exponentes del neoliberalismo que seguían controlando las estructuras burocráticas y que buscaban el control del proyecto educativo para simular y neutralizar los propósitos transformadores de la 4T.

Como la NEM surgió y se aprobó a mitad del sexenio de AMLO (plan de estudio 2022), y suponía un proceso de cambio complejo del modelo educativo, requería la supervisión de algunos de sus propios creadores, como el destacado académico Ángel Díaz Barriga, sin embargo, desde el inicio de la operación del plan, Díaz Barriga fue dejado fuera de la SEP, mientras que la presentación y difusión del nuevo plan de estudio la NEM a nivel nacional por los estados, la hicieron Marx Arriaga, el responsable de la Dirección General de Materiales Educativos, diseñados en función del nuevo plan, y Mario Chávez, Director General de Educación Superior para Profesionales de la Educación (que nada tenía que ver con el plan de educación básica) pero que representaban las cabezas de los dos ejércitos en batalla: 4T vs. Neoliberalismo.

Arriaga representaba el espíritu original de la nueva propuesta educativa inclusiva de la 4T, mientras que Chávez, promotor de la educación por competencias y operador de Aurelio Nuño (titular de la SEP en el gobierno de Enrique Peña Nieto), representaba su contraparte, la fuerza del neoliberalismo en educación al interior del gobierno. Ambos recorrían juntos el país dando conferencias sumamente contradictorias sobre la NEM. Mientras Arriaga hablaba de crear colectivos de maestros para diagnosticar y educar en función de la realidad de las comunidades, Chávez hablaba de crear una comunidad dentro de la escuela para enseñar contenidos educativos sin tener que establecer contacto con la realidad externa a la escuela, tal como se promueve en las escuelas normales.

¿CONCILIACION NACIONAL O CAMBIO DE RUMBO?

 

Con el inicio del nuevo sexenio, Claudia Sheinbaum habló de poner fin a la división y polarización (que promovió AMLO a través de las conferencias mañaneras) y dejó entrever su interés en la conciliación nacional. Y los acontecimientos en el contexto internacional, particularmente la guerra comercial promovida por Donald Trump con México y con el mundo, ha llevado a la presidente Sheinbaum a fortalecer la unidad nacional. El discurso del gobernador panista de Querétaro, con motivo del aniversario de la Constitución, en apoyo a Claudia Sheinbaum, sugiere que se está avanzando en ese sentido, aunque en ello implique matizar o francamente desechar algunos de los objetivos originales de la 4T.

La salida forzada de Marx Arriaga de su cargo en la SEP, uno de los últimos bastiones de la propuesta original de la 4T, sugieren que la NEM no tendrá ya ningún efecto transformador de la realidad nacional y que no pasará de ser sólo un plan de estudio más, como pretendía el neoliberalismo derrotado en las urnas.

La 4 “T” con mayúscula ha pasado a ser 4 “t” con minúscula en educación y pronto podría ser sólo “4”, sin “t”, debido a que lo que se ganó en las urnas en el 2018 y que apenas se estaba gestando con mucha dificultad en las aulas, se perdió en las concesiones al neoliberalismo en aras de la unidad nacional en el 2025 y 2026. Lo que al principio se llamaba con orgullo el segundo piso de la 4T se ha diluido. Ya casi nadie habla de la 4T en el nuevo gobierno como si hubiera consigna de desaparecer el nombre. Y no se trata de si el nuevo gobierno es mejor o peor, sino de que es diferente en la nueva circunstancia y de que en algunos aspectos ha ido tomando distancia del anterior, a pesar de que descansa fundamentalmente sobre las bases construidas en el periodo precedente.

AVILACAMACHISMO VS CARDENISMO

 

La historia parece repetirse. El periodo cardenista (1934-1940) fue quizá el periodo de mayor consolidación de las demandas de la revolución mexicana (la 3T), incorporadas en la Constitución de 1917, especialmente en materia de justicia social, educación y desarrollo regional, como la consolidación de la reforma agraria (se repartieron 20 millones de hectáreas), la organización y consolidación del ejido, la actualización de la Ley General de Cooperativas, la creación de la Comisión Federal de Electricidad, el Seguro Social (antecedente del IMSS), el Instituto Politécnico Nacional, la expropiación petrolera, la educación laica y el impulso al sindicalismo, mostrando un abierto apoyo a los más desprotegidos.

En el siguiente periodo, sin embargo, aunque Manuel Ávila Camacho fue propuesto por Lázaro Cárdenas, se cambió el rumbo y en algunos aspectos francamente se metió reversa. Ávila Camacho promovió la conciliación entre clases sociales y empresariales, las escuelas privadas de orientación religiosa, la defensa de la pequeña propiedad, suspendió la expropiación de tierras y, contrario al desarrollo rural, promovió la industrialización beneficiando con ello principalmente a la burguesía. Ávila se declaró abiertamente católico y, aunque no metió reversa a la expropiación petrolera, si pactó una alianza estrecha con los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

¿CONTINUACIÓN O REVERSA A LA 4T?

 

Aunque Claudia Sheinbaum fue propuesta y apoyada fuertemente por Andrés Manuel López Obrador, algunas circunstancias del contexto internacional le han permitido tomar distancia de su antecesor, pactando con sus adversarios y cediéndoles espacios es aspectos que eran fundamentales para hacer posible la transformación añorada por la 4T, como la educación, demostrando desinterés en los cambios de fondo,  sin llegar a romper directamente en el discurso, pero si en la práctica.

En la forma, hay continuidad en el discurso educativo de la NEM pero no en la toma de decisiones, donde parece haberse regresado a un esquema aparentemente neutral, propio del lenguaje de los grupos neoliberales agazapados, sugiriendo que se habría establecido un pacto con el neoliberalismo dentro del gobierno y en la propia toma de decisiones relevantes que traslucen su ideología conservadora.

Mientras que en el sexenio anterior se defendió con bravura a los más desprotegidos y se distinguió por universalizar y aumentar las pensiones a los adultos mayores, las expresiones neoliberales y sus aliados dentro del gobierno han empezado meter reversa en materia de pensiones y derechos laborales, antes intocables, con el argumento de eficientar el uso de los recursos.

Ese era el discurso base en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari que le llevó a eliminar turnos en las escuelas para ahorro de energía eléctrica y compactar grupos en turnos matutinos a 45 alumnos, cuando las recomendaciones de la UNESCO eran de 25 a 30 alumnos para garantizar una buena educación. Eran los tiempos de la Modernización Educativa. A la larga no hubo tal ahorro pero sí deterioro en la atención, antes individualizada, de los maestros a sus alumnos.

LA UAS, BAJO LOS EMBATES DEL NEOLIBERALISMO

 

En ese mismo orden de ideas y con la premisa de eficientar el uso de los recursos federales, a partir del 15 de enero de 2026 se descuenta el 25% del salario a trabajadores activos y jubilados de la Universidad Autónoma de Sinaloa, con el argumento de constituir un fondo de pensiones para su jubilación.

Y aunque las autoridades de la UAS sólo están cumpliendo órdenes políticas enviadas desde el gobierno al aplicar los descuentos que carecen de sustento jurídico, el atentado contra las prestaciones laborales a los trabajadores universitarios vaticina no sólo una lucha legal (se preparan miles de demandas), sino una airada lucha política en el arranque de un proceso electoral en el que van en juego la mitad de las gubernaturas del país.

¿Tendrá algún impacto en Sinaloa el malestar de los trabajadores y jubilados de la UAS en las próximas elecciones? Si bien, el número total de los afectados con los descuentos del 20% de sus ingresos, en términos de votos –en relación con un padrón de 2 millones, 354 electores—, es irrelevante, habría que ver el papel activo que juegan en una campaña electoral. Para muchos, el sueño de la 4T ha empezado a diluirse, pero para otros, como para Marx Arriaga y los trabajadores activos y jubilados de la UAS, se ha vuelto una pesadilla.

Hasta el momento quienes descubrieron y tomaron primero en sus manos el asunto de manera activa fueron los maestros de la CNTE, aliados morenistas del gobierno, quienes lograron detener el avance de los embates del neoliberalismo en los gobiernos de Ernesto Cedillo y Felipe Calderón, contenidos en las reformas a la ley del ISSSTE para aplicarse a futuro –como el aumento a la edad de jubilación—, demostrando que sólo por la vía de la fuerza política es posible detener las agresiones del neoliberalismo incrustado en el gobierno.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO