El funcionamiento de la vida cotidiana
se había vuelto hasta tal punto imprevisible
que sólo se podía reaccionar con resignación.

Laszló Krasznahorkai

El fenómeno del niño nos coloca entre el temor y la esperanza. Existe una tendencia histórica a la disminución de las lluvias en nuestra región. La curva hídrica de las dos últimas décadas no nos favorece, lo que reiteran las cifras con que arribamos al final del estiaje en 2024 y 2025: 6.6 y 7.5 por ciento, respectivamente, de reservas en las presas. Como las precipitaciones en la temporada de lluvias anterior mejoraron respecto a los dos años previos, la caída en las reservas de las presas llegó hasta el 15.8 por ciento. Y los registros hasta el día 9 del presente mes nos hablan de un alegre nivel en las presas del 32.4 por ciento. Estamos muy lejos aún del 60 por ciento que garantiza el consumo humano y un ciclo agrícola pleno en invierno-primavera.

Normalmente el mes de agosto, en los días caniculares, las lluvias son menos frecuentes e intensas, observando que el fenómeno del Niño puede matizarlas con sello particular. Es el caso en este agosto donde no han faltado buenas lluvias. Y se dice que su influencia puede prolongarse hasta el mes de octubre (hasta una curva han creado los meteorólogos). No faltan los temores por lo que pueda ocurrir en el mes de septiembre, pues las mayores tormentas nos visitan en el mes patrio o también en octubre, porque si la intensidad rebasa los promedios de las lluvias de los últimos años también puede afectar las zonas inundables y las periferias de nuestras ciudades. Con todo, el que llueva alimenta la esperanza de contar con el agua suficiente para que no falte en los hogares y para garantizar el ciclo agrícola principal, el que genera el derrame económico más importante en Sinaloa y estimula al resto de la economía.

Hay otras noticias que deben alentar la andadura con que hemos resistido el vendaval de la crisis: un organismo de comerciantes informa que la frecuencia de cierre de negocios en Culiacán va a la baja y manifiesta confianza en que el segundo semestre de este 2026 marque el final de correr cortinas de las tiendas; por su parte la secretaria de desarrollo económico municipal habla que ya se busca ampliar los horarios de negociaciones nocturnas, recuperando la actividad productiva y la vida social al amparo de las estrellas. Si las cosas de la seguridad en las calles nos sonríen un poco y la agricultura alcanza una buena temporada, la confluencia con las actividades de comercio mencionadas puede estimular el repunte del empleo.

Es cierto que la violencia no se despide aún, lo que hace es cambiar de zona para reiterar su intención de seguir haciendo daño. En los últimos meses toma mayor cuerpo en Escuinapa y Mazatlán, como diciéndonos que requerimos de mayor esfuerzo para desterrarla de la entidad. Y sin dudar que de la necesidad de un esfuerzo extraordinario sin que falte la coincidencia de voluntades entre sociedad y gobierno, en vísperas del segundo aniversario del inicio de esta preocupante coyuntura de inseguridad, bien vale la pena tomar estos eslabones positivos y concretar un plan anticrisis que acerque el final de este mal momento.

Existen otros elementos que no debemos pasar por alto: los vendedores ambulantes y los tiangueros. Ellos están tocando puertas para sobrevivir, no quieren tirar la toalla. Querer sobrevivir es mostrar resiliencia. Lo han hecho a través de los años del Covid-19 y lo que va de la presente crisis, mérito sobrado para obsequiarles un poco de solidaridad.

Los economistas del estado nos brindaron un mal balance de la economía recientemente. No tengo la menor duda de que debemos tomar ese análisis y reflexionar sobre las causas que no llevaron a la presente crisis, pero que ese trabajo desde la ciencia económica no nos imponga una cuota de depresión, sino que sea un ejercicio de estudio y búsqueda de las oportunidades que la crisis nos presenta. El gran reto es ver las grietas, los intersticios, por donde hay que romper definitivamente la presente crisis.

Si la temporada de aguas eleva las reservas de las presas por encima del 60 por ciento, Sinaloa es candidato natural para sumar un porcentaje muy importante en la meta de soberanía alimentaria. Habrá que elaborar de manera temprana un programa de siembra de los granos fundamentales para el país y solicitar el apoyo federal, que nos permita invertir, garantizar los créditos que hacen falta, evitando los apuros por el precio de las cosechas de esos alimentos, cuya injusta e inexplicable historia ha golpeado a los productores del campo siempre. Ya no preguntemos, ¿quiénes deben recibir apoyos? Todos deben ser objeto y sujetos de créditos por una banca para el campo. No existe esa banca ahora. Es una tarea prioritaria del Estado crearla, pues la banca comercial sólo va donde el negocio es redondo, no atiende prioridades nacionales.

Todo lo anterior despierta la imaginación sobre las posibilidades que hoy tenemos de desarrollar la investigación para el campo. Con el neoliberalismo el Estado cerró los centros de investigación para mejorar semillas y explotación del campo, renunciando a los pilares que tenía para promover la soberanía alimentaria. Y completó esa infamia desapareciendo la banca para el campo, los silos para almacenar granos y los precios de garantía. Dejó en manos de coyotes e industriales el dominio de la actividad agrícola. Si el sector ha sobrevivido, sobre todo los pequeños y medianos productores, es más por la vocación, arraigo y sentido de pertenencia al campo. Comienzan a coincidir algunas cosas buenas de sectores del campo y de comerciantes. Menospreciarlas y desatender la oportunidad que nos brindan ahora es posponer la salida final que reclama desde hace tiempo la complicada coyuntura que vivimos. Lo ideal será que se orienten en este sentido el presupuesto federal y el presupuesto estatal de 2026. Con ello estaríamos hablando, seguramente, de la postcrisis el año entrante. Vale.

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