En este 2026, que despertó con la ilegal e intolerable invasión gringa a Venezuela y Latinoamérica, hemos pasado del derecho internacional basado en reglas al caos internacional basado en la extorsión. Seguimos como mundo a la merced de un bando ultra de colaboracionistas y aparatos sedientos de guerras, incrustados dentro de una banda gansteril en manos del capo Donald, emulación senil del mafioso Tony Soprano de la famosa serie TV.
El 15 de enero pasado la Casa Blanca difundió una “Declaración sobre el Plan Integral para el Conflicto de Gaza”, la cual formaliza la intención del capo de constituir un Board of Peace, o Junta de la Paz, que vaya más allá de la pretendida resolución del conflicto en Gaza y de su transformación en una rivera turística exclusiva y proyecto neocolonial total.
Esta suerte de Consejo de Administración del Universo trumpiano se proyecta, en cambio, como un gobierno mundial autocrático en manos del tycoon y sus satelitales “amigos” (muy entre comillas). ¿Quién invita al club? Trump. ¿Quién tiene la última palabra sobre decisiones cruciales? Trump. ¿Cuánto cuesta? La membresía permanente tan solo mil millones de dólares. ¿Y la ONU, la OMS o el G7 y el G20? Ya pasan a ser decoraciones no más. ¿Y la alternativa de los BRICS? Un enemigo a destruir.
A unos cuantos días de que, vergonzosamente, la ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025, la “paloma de guerra” venezolana María Corina Machado, hiciera un inédito acto de entrega del galardón al presidente de Estados Unidos, quien tanto antes como después del “evento” la ha estado tratando como vasalla desechable, salió un mensaje de Trump a Noruega y a Jonas Gahr Støre, Primer Ministro de aquel país, emitido en la red social Truth Social el 19 de enero:
“Querido Jonas: Considerando que su país decidió no darme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido 8 guerras O MÁS, ya no me siento bajo la obligación de pensar puramente en la Paz. Aunque [la paz] siempre será predominante, ahora puedo pensar en lo que es bueno y apropiado para los Estados Unidos de América. El mundo no estará seguro a menos que tengamos el control completo y total de Groenlandia. ¡Gracias! Presidente DJT”
Durante su estancia en el 56 Foro Económico Mundial en Davos (19-23 de enero de 2026), tras la negativa de Noruega a unirse formalmente al Board of Peace bajo sus condiciones, Donald Trump publicó otro mensaje-amenaza en Truth Social:
“Noruega es un país muy rico, pero también muy confundido. Les di un Plan de Paz perfecto para Gaza, el mejor de la historia, y aun así dudan. Si quieren seguir siendo relevantes y si alguna vez quieren que el Premio Nobel de la Paz vuelva a ser tomado en serio, deberían unirse al Board of Peace ahora mismo. ¡Dejen de jugar juegos burocráticos y pónganse a trabajar con nosotros, o el Premio Nobel será algo del pasado!”.
El Primer Ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, respondió de forma escandinavamente diplomática, señalando que “la paz no se compra con membresías” y que Noruega seguirá canalizando su ayuda a través de los mecanismos establecidos de las Naciones Unidas. Y sin embargo
“Es mi gran honor anunciar que se ha formado el Board of Peace. Este organismo desempeñará un papel esencial en el cumplimiento de los 20 puntos de nuestro Plan Integral, proporcionando supervisión estratégica, movilizando recursos internacionales y garantizando la rendición de cuentas mientras Gaza transita del conflicto hacia la paz y el desarrollo”. Y concluye, amedrentando sobre Palestina:
“El tiempo es AHORA. Hamas debe honrar sus compromisos inmediatamente, incluyendo la devolución del último rehén fallecido y el desmantelamiento de su red de túneles. Pueden hacerlo por las buenas o por las malas”. A partir de su crítica a la ONU, Trump plantea el Board como un mecanismo no burocrático. Pues sí, todo lo decidirá él o quien pague el billón.
En la Junta Ejecutiva de Supervisión Estratégica sobre Gaza, primero, y sobre los asuntos mundiales, después, han sido invitados los siguientes sujetos como reparto estelar, parido directamente desde los rincones más oscuros de la cabeza de Trump: Marco Rubio (Secretario de Estado); Jared Kushner (Asesor Senior y yerno del jefe de jefes); Steve Witkoff (como Enviado Especial); Tony Blair (ex primer ministro del Reino Unido, el de las armas de destrucción masiva, la guerra en Irak y la amistad con George Bush hijo); Ajay Banga (Presidente del Banco Mundial); Marc Rowan (CEO de Apollo Global Management); Robert Gabriel (otrora productor de TV estadounidense y asesor de Seguridad Nacional).
En la Junta Ejecutiva de Gaza, para la implementación en el terreno: Hakan Fidan (Ministro de Exteriores de Turquía); Ali Al-Thawadi (Diplomático de Catar); Gral. Hassan Rashad (Director de Inteligencia de Egipto); Reem Al-Hashimy (Ministra de Cooperación de EAU); Sigrid Kaag (Coordinadora Humanitaria de la ONU, probablemente recuperada in extremis). Y de los demás afortunados países o líderes que fueron invitados en esta primera hora, al parecer, aceptaron: Argentina (Javier Milei), Turquía (Erdogan), Egipto (Al Sisi), Paraguay (Santiago Peña), y la Hungría de Viktor Orbán.
El Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, por su lado, aunque también fue invitado, está en duda. Dice que podría ser un miembro rotativo, temporal, pero no pagar la “cuota”. O sea, nada de derecho de piso para opinar. Y en Davos dio un histórico discurso con tinte de doctrina geopolítica, titulado “Principios y pragmatismo: un camino para Canadá”, acerca de lo que va conformándose como un nuevo orden-desorden global como crítica a las pretensiones de Trump.
Dijo Mark Carney: “Los otros países, especialmente las potencias intermedias como Canadá, no son impotentes; tienen la capacidad de construir un nuevo orden que abarque nuestros valores, como el respeto por los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los distintos Estados”. Y remató con un llamado a la unión de las “potencia intermedias”: “Debemos actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, en las relaciones internacionales, estamos en el menú”.
México y Sheinbaum, por suerte, no han sido invitados al Board, pero de todos modos habrá que posicionarse y saber si estamos en la mesa, en la carta o en ambas respecto del vecino del norte. Pero en América Latina sí piensan adherirse: El Salvador, República Dominicana, Panamá, Ecuador y Guyana.
En duda queda Giorgia Meloni, de Italia, y en franco rechazo a esta propuesta, si podemos llamarla así, está Francia, pues el presidente Manuel Macron ha sido el más duro opositor del plan y ha llamado a la UE a utilizar retaliaciones serias, como la “bazuca comercial”, contra las amenazas de aranceles de Trump por el tema de Groenlandia y las tropas enviadas por ocho países europeos a presidiar la isla y lanzar una indirecta a Trump por sus pretensiones de anexarla. Noruega, Suecia y Ucrania tampoco le entrarían.
La Bielorrusia de Lukashenko, y la Rusia de Putín, así como la China de Xi, también han sido países invitados, pero quedan semicongelados en espera de la primavera y de futuros desarrollos. Trump ha destacado cómo deben de sentarse a su lado quienes tengan poder real: “Unirse por las buenas o por las malas”, ha repetido el capo de los extorsionadores, y, después de exponer públicamente mensajes privados del presidente francés que lo invitaba a reunirse en París para una sesión extraordinaria del G7, ha amenazado al mismo Macron con tarifas sobre la champaña y los vinos franceses del 200%.
Este Davos 2026 cierra con un incendio, literal y metafóricamente. El fuego obligó a una evacuación final del foro en la tarde del miércoles, y fuego retórico ha atizado el presidente estadounidense sobre la Suiza de las élites globales. El foro ha sido para Trump un escaparate de mentiras y delirios, más que lo usual, entre triunfalismo económico y presunción de fuerza del dólar o el control de la inflación (sic), y pretensión de rediseño del orden mundial bajo términos estadounidenses, vinculando la paz en Oriente Medio y las demás peticiones de EUA con el acceso a su mercado y a su “protección”.
Sí, seguridad y protección de las amenazas, siendo la principal de éstas el mismo Trump. Así actúa la mafia: pagas por protección, pero quien ofrece la protección es también quien te está amenazando de matarte. Al final del reality show trumpiano, quizás por consejo de sus asesores, o bien, como parte de su estrategia “negociadora” o como consecuencia de la creciente hostilidad de cada vez más “socios”, el mandatario estadounidense ha anunciado un “acuerdo marco de entendimiento” con la OTAN sobre Groenlandia, ha retirado su amenaza de imponer aranceles masivos a Europa y descartado el uso de la fuerza para conseguir el control de la isla, que sigue llamando “pedazo de hielo”. Aunque de nuevo ha mencionado “la necesidad” de tenerla, ya se habla de “adquisición” o “mayor control operativo” y de un sistema de defensa antimisiles “Cúpula Dorada” (Golden Dome) en el marco de un plan con la OTAN para la seguridad del Ártico. Al parecer, Dinamarca podría ceder soberanía solo sobre pequeños territorios de Groenlandia para la instalación de bases estadounidenses.
Con todo, la moraleja de la fábula es clara. Mafiosos como Tony Montana, interpretado por el magistral Al Pacino en la cinta Scarface, así como Tony Soprano, suelen acabar muy mal. Y solo son legendarios porque son productos de la mayor industria cinematográfica de la historia. En la real politik y la Historia con H mayúscula, en cambio, personajes como Trump, su pro-Nazi secuaz Peter Thiel, el fundador de PayPal, o Elon Musk, entre otros, se postulan realísticamente a ser recordados al lado de Hitler y Goebbles.

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