Cada 2 de noviembre, miles de familias mexicanas acuden a los panteones. Limpian las tumbas, cambian las flores, llevan comida, música y pasan unas horas con quienes ya no están. Es una tradición que hemos conservado durante generaciones y que sigue ocupando un lugar importante en nuestra vida familiar.
Sin embargo, para muchos trabajadores asistir significa pedir permiso, negociar un cambio de turno o esperar a que termine la jornada. El Día de Muertos no está contemplado entre los descansos obligatorios del artículo 74 de la Ley Federal del Trabajo. Tampoco lo están el 12 de diciembre, el Jueves Santo o las fiestas patronales de las comunidades.
No pretendo discutir si todas estas fechas deberían convertirse en días de descanso obligatorio. Me interesa otra cuestión: ¿qué tanto conocen las empresas las costumbres de las personas que trabajan en ellas?
Al comenzar el año, las organizaciones planean sus actividades, establecen metas, programan auditorías y distribuyen vacaciones. Todo eso es necesario. Pero pocas veces se pregunta a los colaboradores qué fechas tienen un significado especial para ellos.
El sociólogo Pierre Bourdieu utilizó el concepto de habitus para explicar cómo incorporamos, a través de nuestra historia y del entorno social, ciertas disposiciones que influyen en nuestra manera de pensar y actuar. Buena parte de lo que somos se aprende mucho antes de llegar a nuestro primer empleo. Nuestras formas de celebrar, de relacionarnos con los demás y de despedir a nuestros muertos tienen una historia que no desaparece cuando entramos a trabajar. Y, aunque parezca evidente, no siempre lo tenemos presente al dirigir una organización.
Juan Antonio Pérez López, profesor del IESE, planteaba que las decisiones empresariales debían evaluarse considerando tres dimensiones: eficacia, atractividad y unidad. La primera se relaciona con los resultados; la segunda, con lo que las personas obtienen y aprenden de su trabajo; y la tercera, con la confianza y la identificación que se construyen dentro de la organización.
Me parece una perspectiva particularmente útil para analizar decisiones que, desde una lógica exclusivamente operativa, podrían considerarse poco relevantes.
Conceder un permiso para asistir al panteón puede representar un ajuste en la operación. No hay por qué ignorarlo. Pero también puede ser una oportunidad para demostrar que las necesidades de las personas tienen un lugar en las decisiones de la empresa. La confianza no se construye únicamente con grandes programas de bienestar ni con declaraciones de valores. También depende de cómo se resuelven estas situaciones cotidianas.
En México hablamos mucho de responsabilidad social empresarial y de respeto a los usos y costumbres de las comunidades. El Cemefi, a través del Distintivo ESR, incorpora este tema entre los aspectos que las organizaciones deben considerar. Sin embargo, vale la pena preguntarnos si ese respeto también se refleja en las políticas internas. Porque resulta contradictorio hablar de fortalecer los vínculos con las comunidades y, al mismo tiempo, desconocer las celebraciones que forman parte de la vida de nuestros propios colaboradores.
Desde luego, no todas las empresas pueden suspender actividades ni todas las personas celebran las mismas fechas. Precisamente por eso, la solución no tendría que ser idéntica para todos.
Una pequeña empresa puede comenzar por preguntar qué días son importantes para su equipo y acordar cómo organizar las jornadas. Algunas podrán conceder el día completo; otras, permitir cambios de turno, medias jornadas o esquemas de reposición de horas. Lo importante es que exista una política clara, equitativa y compatible con las necesidades de la organización.
Incluso hay negocios que el 2 de noviembre cierran unas horas y colocan un aviso en la puerta: «Fuimos a ver a nuestros muertos». Me gusta esa frase porque explica, sin mayores justificaciones, que detrás de un negocio hay personas con una vida que no se limita a su trabajo.
Quizá valdría la pena que, al preparar el calendario laboral del próximo año, las empresas hicieran una pregunta adicional: ¿qué fechas son importantes para quienes trabajan aquí?
No todas podrán convertirse en días libres. Pero conocerlas, hablar de ellas y considerarlas al tomar decisiones sería un buen comienzo.
Después de todo, respetar las tradiciones de una comunidad también implica respetar el tiempo que las personas necesitan para vivirlas.

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