El Banco Mundial estimó que 3,7 mil millones de persona trabajaron durante el 2024. Su información viene de bases de datos que pertenecen a la Organización Internacional del Trabajo y la División de Población de las Naciones Unidas.
En México, la población económicamente activa fue de 61,5 millones de personas en noviembre de 2025, según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), obtenida a través de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.
Más allá de denominaciones como clase baja, media y alta, la mayoría de las personas tenemos que trabajar bajo remuneración para solventar gastos como alimentación, vestimenta, educación, salud, pagos de servicios, renta de vivienda, transporte o entretenimiento.
En la agenda pública de nuestro país están las reducciones paulatinas a la jornada laboral y los incrementos salariales por encima de la inflación. Estas acciones son muy importantes para la vida cotidiana, pues dignifican las condiciones laborales de las mayorías.
Es pertinente recordar, como señala Viri Ríos en su libro No es Normal, que somos el 67% de nuestra gente está en edad productiva y que somos el país de la OCDE que más horas labora. Pese a ello, el 11% de los profesionistas vive en pobreza.
Para transformar la sociedad, es fundamental ampliar la reflexión en cuanto al trabajo en todas sus dimensiones y esto incluye un concepto que se ha convertido en dogma desde la iniciativa privada: la productividad.
Bajo el argumento inobjetable de hacer el tiempo y el esfuerzo de los trabajadores más eficaz y eficiente, se han normalizado prácticas que ponen riesgo la salud física y emocional de los trabajadores, como el agotamiento por estrés laboral.
El Burnout tiene su origen en sobrecargar al personal a través de jornadas laborales extenuantes, falta de estímulos económicos y profesionales, mal diseño o falta de planeación, ausencia de tiempo para la recreación y el descanso, así como estrés por la falta de claridad en cuanto a las funciones que cada trabajador desempeña.
Para lograr una mayor satisfacción laboral, resulta pertinente emprender acciones para ampliar los derechos de los trabajadores sin soslayar el cumplimiento de las obligaciones. En el mundo ya se ponen en marcha planteamientos más radicales en cuanto al derecho al descanto.
México tiene una oportunidad invaluable, en el marco de las mejoras salariales y la protección del estado de bienestar, de generar debates y proyectos que permitan demostrar los beneficios de transitar hacia otro concepto del trabajo.
No nos equivoquemos. El nuevo concepto del trabajo debe estar integrado bajo la idea de ganar más y no ser explotados. ¿A quiénes beneficia mantener el actual modelo donde los días y las horas productivas no corresponden al tiempo que pasamos en la oficina?
Las reglas del sistema deben cambiar, pues solo han beneficiado a un puñado de familias que concentran fortunas en detrimento de las mayorías. La reflexión está abierta para todas y todos los que trabajamos.

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