Con datos recientes, en esta ocasión he considerado oportuno replicar una colaboración que en 2020 publiqué en este espacio con el título de EN LOS ÁMBITOS ECONÓMICO Y SOCIAL, LA BRECHA ENTRE EL NORTE Y EL SUR DEL PAÍS SE AMPLÍA. Me referí en aquella ocasión a la brecha que existe en los indicadores de bienestar económico y social cuando se comparan las entidades federativas del norte y del sur del país. Hice notar que pareciera que existen dos Méxicos diferentes separados por la geografía. Seis años después (o quizá 8 porque la mayor parte de los datos que antes tomé eran del 2018) quiero probar si la distancia entre estos grupos de entidades se siguió ampliando, se mantuvo o se redujo. Quiero aprovechar también para observar si al interior de cada una de estas regiones los indicadores económicos y sociales han mejorado o empeorado.
Sin el tratamiento formal (modelos de convergencia sigma y beta) que se requeriría para el caso, con otros argumentos quiero observar si en los últimos años se evidencia alguna señal de la presencia de lo que en la literatura económica se conoce como convergencia, que se refiere al proceso mediante el cual, en un país, las regiones con menores ingresos son capaces de alcanzar mayores tasas de crecimiento económico que las regiones con mayor ingreso, generando la posibilidad de que, en algún momento del tiempo, los niveles de ingreso per cápita se igualen entre las distintas regiones. Significa que, con el tiempo, la brecha entre las regiones ricas y las pobres se irá reduciendo. En este caso quiero observar también, con el mismo sentido, el comportamiento de los indicadores de bienestar social.
En 2020 dije, y lo reitero ahora, que en México, la evidencia empírica encontrada por Gerardo Esquivel muestra que en el periodo 1940-1995 se presentó un proceso de convergencia para las regiones de México. Esquivel identifica dos fases en el proceso de convergencia regional, la primera que va de 1940 a 1960, en donde el proceso de convergencia fue relativamente rápido y, la segunda, de 1960 a 1995, en donde el proceso se detuvo e incluso mostró cierta tendencia hacia la divergencia. Otros estudios, como los de Germán-Soto y Escobedo, utilizaron técnicas de análisis espacial para analizar la desigualdad económica entre las entidades del país en el periodo 1940-2005. Ellos encuentran evidencia de un proceso de acercamiento entre las economías estatales hasta mediados de los años ochenta, cuando dicho proceso se revierte para dar paso a una acentuación de las desigualdades. Este cambio de dirección en la trayectoria de crecimiento de las entidades del país es coincidente con la mayor apertura comercial, cuando la economía mexicana pasa de ser una de las más cerradas del mundo, a una de las más abiertas.
Es decir, en México una débil convergencia iniciada en 1940 culmina a mediados de los años 80 del siglo anterior, para marcar el cambio hacia la polarización de ingresos entre las entidades del país. De entonces a la fecha, la brecha entre entidades ricas y pobres se ha ensanchado y fundamentalmente se aprecia entre las entidades del norte y las entidades del sur del país. Aunque existen diferentes criterios de regionalización, en este caso consideraré (como lo hice antes) como la región del norte, la formada por los estados de Baja California, Baja California Sur (BCS), Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Durango y Sinaloa. La región sur está conformada por Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Puebla, Veracruz, Tabasco, Yucatán, Quintana Roo y Campeche. Es esta una de las regionalizaciones más utilizadas, pero debe aclararse que Sinaloa y Durango, en el caso de la región del norte y, Yucatán y Quintana Roo, en la región del sur, en muchas variables tienen comportamientos atípicos con respecto a las entidades de la región a la que pertenecen.
La primera gran diferencia que se aprecia entre el norte y el sur tiene relación con las actividades productivas que predominan en cada una de las regiones. Por ejemplo, con información de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) realizada por el INEGI, se observa que en el último trimestre del 2025, mientras que en el sur el promedio de la ocupación de las entidades federativas en actividades agropecuarias es de 17.6 por ciento, en el norte el promedio de las entidades es de solo 6.7 por ciento. En contraste, cuando se trata de la ocupación en actividades manufactureras, la ocupación promedio en las entidades del norte es de 20 por ciento mientras en el sur es de apenas 10.8 por ciento, prácticamente la mitad.
Hace seis años señale que la mayor evidencia de la presencia de un proceso de divergencia se observaba en el hecho de que mientras la tasa media de crecimiento anual del PIB de las entidades del norte en los últimos 15 años (hasta 2018) había sido de 2.9 por ciento, en las entidades del sur fue de apenas 1.6 por ciento, prácticamente la mitad. En el norte las tasas más altas se presentaron en BCS (5.7%) y Nuevo León (3.4%) y, en el sur, las más bajas corresponden a Campeche (-4.5%) y Chiapas (0.7%). Ahora observo que en los últimos seis años (2018-2024) la región que más creció fue la sur con 2.1 por ciento. El promedio de las tasas medias de crecimiento de las entidades del norte ha sido de 0.7 por ciento. Prácticamente la tercera parte. En el sur las tasas más altas se presentaron en TAB (6.3%) y OAX (4.9%) y, en el norte, las más bajas corresponden a COAH (-0.7%) y SIN (-0.3%). ¿evidencia de convergencia?
En cuanto al PIB per cápita (promedio de la región), con cifras del 2024, en el norte el promedio de las entidades de la región es de 234 mil 711 pesos contra 142 mil 338 pesos en el sur. El PIB pc del norte es casi el doble del que se tiene en el sur. Más aún, el PIB pc de Nuevo León (el más alto del norte) es 5.4 veces más grande que el de Chiapas (el más bajo del sur). La brecha entre una región y otra también la revela el análisis del ingreso laboral real per cápita (poder adquisitivo del ingreso laboral), que para datos del último trimestre de 2025, muestra que en el norte es de 4 mil 780 pesos ($2,383 en 2019) contra 2 mil 696 pesos en el sur ($1,497 en 2019). Como puede observarse la brecha se amplió. En este caso la entidad líder, no solo de la región norte sino del país, es Baja California Sur ($5,716.6), y la última posición la ocupa Chiapas ($1,803.2) en la región sur y en el país.
Una explicación a esta situación la encontramos cuando revisamos la distribución de la población ocupada de acuerdo con el nivel de ingresos recibidos. Con información del último semestre del año pasado, mientras en el norte el 32.6 (17.0% en 2019) por ciento de la población ocupada recibe menos de un salario mínimo, en el sur la cifra es de 46.2 (27.8 % en 2019) por ciento (57.7% en Chiapas y 49.4% en Puebla). En cambio, en el grupo de personas que reciben más de 5 salarios mínimos, en el sur se tiene apenas un 0.5 (2.6% en 2019) por ciento (0.2% en Oaxaca y 0.3% en Guerrero, Veracruz y Tabasco), en cambio en el norte la cifra es de 1.2 (5.1% en 2019) (2.6% en NL y 2.4% en BCS). Como se puede observar, la brecha se mantiene, pero además, el grupo de ingresos bajos aumentó significativamente en ambas regiones. Peor aún, el porcentaje de la población ocupada en el norte que declara no percibir ingresos es de 1.9 (2.0% en 2019) por ciento, pero en el sur la cifra promedio de la región es de 9.6 (12.1% en 2019) por ciento, teniendo como casos extremos a Guerrero (20.2%) y Oaxaca (18.9%).
Adicionalmente, las tasas más altas de informalidad están presentes en las entidades del sur (80.1% en Oaxaca, 75.7% en Guerrero, 74.9% en Chiapas, 72.1% en Puebla, 69.0% en Veracruz) y las más bajas en el norte (33.3% en Coahuila, 35.4% en Nuevo León). El contraste también es muy claro en otras variables relacionadas, ya que las entidades del sur tienen los valores más altos en pobreza laboral y en desigualdad de los ingresos laborales y, para esas mismas variables, las entidades del norte, los valores más bajos.
Todo esto indudablemente termina por reflejarse en los indicadores sociales y de bienestar, obviamente a favor del norte. Los datos del CONEVAL/INEGI para el 2024, revelan que el 42.8 por ciento (41% en 2018) de los pobres del país viven en las entidades federativas del sur y solo el 11.3 (16.5% en 2018) en las del norte. También, que el promedio del porcentaje de pobres por entidades federativas de la región es de 15.3 por ciento (25.7% en 2018) para el norte (9.9% en Baja California y 10.2% en BCS), pero de 42.8 por ciento para el sur (66.0% en Chiapas, 58.1% en Guerrero y 51.6% en Oaxaca). Pero en donde la brecha entre el norte y el sur se aprecia de mejor manera, es cuando observamos la distribución de las personas que viven en condiciones de pobreza extrema. El sur del país concentra el 65.4 por ciento de la población que vive en condiciones de pobreza extrema, mientras el norte participa apenas con el 5.6 por ciento. Además, el promedio del porcentaje de personas en condición de pobreza extrema por entidades federativas de la región es de únicamente 1.5 por ciento para el norte (0.4% en BC y 0.5% en NL), pero de 11.7 para el sur (27.1% en Chiapas, 21.3% en Guerrero y 16.3% en Oaxaca). Destacó que el porcentaje de la población en condición de pobreza (moderada y extrema) se redujo en todos los estados del sur del país al comparar 2018 y 2024.

La diferencia entre el norte y el sur también se hace visible al analizar el conjunto de carencias que considera el CONEVAL/INEGI para la medición de la pobreza en sus distintas dimensiones. Tomado del promedio de las entidades de la región, el porcentaje de personas con rezago educativo, con carencias por acceso a los servicios de salud, con carencias por acceso a la seguridad social, con carencias por acceso a los servicios básicos en la vivienda y el porcentaje de la población con carencias por acceso a la alimentación, se presenta, en todos casos, a favor (con el porcentaje menor) de la región norte. Las brechas más amplias se aprecian en el acceso a los servicios de salud y el acceso a los servicios básicos en la vivienda, en donde la región sur presenta un porcentaje de 60.9 por ciento para el primer caso y de 33.2 por ciento en el segundo. Por otra parte, considerando la participación de las regiones norte y sur en el total de la población nacional en los distintos tipos de carencias, se observa que es la región sur la que más aporta, destacando que en las entidades de esta región del país, vive poco más del 38 por ciento de las personas con rezago educativo y casi el 65 por ciento de las personas que no tienen acceso a los servicios básicos en la vivienda.
En la categoría de población con ingreso inferior a la línea de pobreza extrema por ingresos, las entidades de la región norte promedian 4.1 por ciento contra 16.9 de la región sur, pero en la categoría de población con ingreso inferior a la línea de pobreza por ingresos, la brecha se amplía, ya que la cifra es de 21.6 por ciento para el norte y de 47.2 para el sur. Es decir, que en las entidades del sur del país, 5 de cada 10 mexicanos no reciben un ingreso suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Los casos extremos son los de Chiapas (70.0%), Guerrero (60.8%) y Oaxaca (54.2%). Aquí también se aprecia una mejoría ya que los porcentajes en 2018 eran, respectivamente, 78.9%, 69.5 y 69.0%.
En resumen, en los estados del sur de nuestro país, todavía hay casi 4 veces más pobres que en el norte y la población en condición de pobreza extrema es 12 veces mayor en el sur que en el norte. De esta manera, mientras que en el norte del país la pobreza extrema es muy baja, en el sur es muy alta, aunque se observa una tendencia a la baja en los últimos seis años. Del 2018 al 2024, con excepción del rezago educativo y la carencia a los servicios de salud, el porcentaje de personas con carencias se redujo tanto para las entidades del norte como para las del sur. Eso es una buena señal, pero puede no ser suficiente.
Las brechas económicas entre el norte y el sur siguen ahí y el comportamiento de los indicadores no parece ser concluyente para saber si se camina en el camino correcto. En el periodo 2018-2024 y al cierre del 2025 se han observado en los estados del sur tasas de crecimiento económico más dinámicas que en las otras regiones del país, pero habrá que ver si están creadas las condiciones para sostener este proceso en el mediano y largo plazo. Se requiere para ello, sentar las bases productivas, tecnológicas, de infraestructura y educativas, que permitan confirmar y sostener el proceso de acercamiento entre los extremos geográficos de nuestro país, para alcanzar una mayor igualdad social y una distribución más equitativa. Cerrar la brecha es necesario para alcanzar un crecimiento sostenido y para generar una mayor estabilidad social.


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