En Sinaloa todos andamos buscando algo. Paola Gárate, diputada local plurinominal por el PRI, busca protección después de que alguien dejó una corona fúnebre afuera de su casa. Las madres buscadoras siguen buscando a sus hijos. Miles de ciudadanos seguimos buscando paz, seguridad, trabajo, tranquilidad. Y buena parte de la “alta” clase política ya anda buscando la gubernatura (desde hace tiempo).
La corona a Paola Gárate
Conozco a Paola desde hace años. La he criticado públicamente más de una vez y mis opiniones sobre esos temas no han cambiado. Pero también puedo decir que como política ha evolucionado: sus tonos, conversaciones y luchas. Ademas, cabe destacar que de toda aquella generación de priistas que presumía lealtad cuando había presupuesto y poder, ella fue de las pocas que no se fue a buscar refugio en Morena o en el Verde cuando el PRI dejó de repartir. Hoy es la única voz en el Congreso del Estado que se escucha como oposición. Y el ser oposición le ha traído costos: en 2021 fue privada de la libertad junto con decenas de personas en pleno día de la elección por el crimen organizado; ha sido asaltada y amedrentada a punta de pistola como miles de ciudadanos culichis, al no contar con seguridad brindada por el Estado, y la última, fue intimidad en su propio domicilio al dejarle una corona fúnebre.
Paola, al igual que la mayoría de la población culichi, no la ha tenido fácil estos meses, y más desde que alzó la voz para compartir lo vivido en 2021. Pero sí hay mucha diferencia: el puesto que ella tiene, representante popular y aun con todo lo que implique en temas de responsabilidad y de beneficios adicionales que se supone puede conllevar, no le ha servido de mucho, porque mientras buscaba protección, tuvo que desmentir al propio titular de SEDENA, que afirmó que ella no había denunciado. Ella sí denunció. Tuvo que aclararlo públicamente, como si no bastara con recibir la amenaza, también hay que ganarle la versión al gobierno federal. Otra vez la víctima explicando. Otra vez la autoridad equivocándose, minimizando o alterando la realidad.
Hay que recordar esto: Paola no ha sido la única. Sergio Torres fue atacado. Ely Montoya, con él. Diputados, alcaldes, funcionarios con escolta, y aun así la violencia los alcanza. Si ni la clase política con protección formal está a salvo, ¿qué nos queda al ciudadano de a pie, a los que no tenemos escolta ni coronas ni cámaras esperando declaración?
Las madres buscadoras y la corona actual
Recordé mayo, plebes. El 8, para ser exacta, cuando un grupo de madres buscadoras rompió la puerta de Palacio de Gobierno porque la quien ostenta la corona actual, la gobernadora interina, con apenas días en el cargo, no las recibía. ¿Qué les queda a las madres buscadoras más que seguir buscando hasta que vuelvan sus hijos, aunque sea en forma de tesoros? Si ellas, con todo su dolor no son escuchadas por la Presidenta de México, pues claro que iban a buscar a la nueva gobernadora interina y romper o tumbar todas las barreras que les pongan. No buscan cargo. No buscan candidatura. No buscan una secretaría. Buscan a sus hijos. Y tuvieron que derribar una puerta para que por fin voltearan a verlas.
Qué extraño el estado que hemos construido, donde una mujer tiene que desmentir a la SEDENA para que le crean que la amenazaron, y otras tienen que tirar una puerta para que las escuchen mientras buscan a su hijo desaparecido.
La búsqueda de la corona del poder
Y entonces aparece la otra búsqueda: la gran corona de Sinaloa, la gubernatura.
Mientras unas mujeres buscan protección y otras buscan a sus hijos, otras ya buscan la gubernatura. Es diputada y presidenta de la JUCOPO en el Congreso del Estado. Es senadora por Sinaloa. Es diputada federal por el Distrito 1, Mazatlán. Las tres de Morena, las tres con curul activa, las tres ya pidieron licencia para irse detrás de la gubernatura.
Ya pidieron licencia. Ya dejaron sus curules. El estado sigue en llamas y ellas llegaron antes, durante y después del incendio. Se olvidaron de Elizabeth, Karely, Itzel y Teresa; de Mirna, Mailett, de Ivonne Daniela y Michelle, y de más de otras 100 mujeres asesinadas en esta narcoguerra. Se están olvidando de Paola, su compañera de legislatura. Se olvidan de mis sobrinas y de las sobrinas de cualquiera, mujeres vivas, sin escolta, que siguen circulando por un estado donde solo parece haber respaldo para un gobernador con licencia que nadie sabe si es temporal o permanente.
Entre ellos se cuidan solos. Conocemos el procedimiento de memoria: primero la amenaza, después la minimización, después el silencio oficial, y solo entonces, cuando ya no hay nada que proteger, llega la tragedia. Y de la tragedia, lo único que queda son las carpetas de investigación. Aparecen siempre después: después del asesinato, después de la desaparición, después del atentado, después del miedo. Nunca antes.
Esta semana no he dejado de pensar en las coronas, plebes. La que apareció afuera de la casa de una diputada. Las que llegan a las funerarias cada semana de hijos desaparecidos. Y la que ya empezó a perseguir a media clase política. Tres coronas. Tres búsquedas, ocurriendo al mismo tiempo, en el mismo estado:
En Sinaloa, mientras Paola busca protección, las madres buscan hijos y los ciudadanos buscamos seguridad, la clase política busca la gubernatura. Todos buscamos algo. Pero tenemos graves problemas en la búsqueda: cuando quienes tienen el poder para tomar decisiones están buscando algo distinto a lo que busca la mayoría. Porque mientras unos buscan protección, justicia o seguridad, otros ya están buscando la siguiente elección. Y lo que harta y duele, es que unos tienen mucho más poder que otros para decidir qué se busca y qué se ignora.

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