Ya vimos que inventar estrategias por orden directa del presidente de la República no ha dado resultados. Sus asesores y secretarios no estuvieron ahí para guiar al presidente en construir una hoja de ruta común que ordene el caos, por desgracia, su actuar ha sido seguir al pie de la letra los deseos de su jefe.

90% lealtad, 10% capacidad.

AMLO intentó “someter” a los industriales, pero no le funcionó. Por el contrario, la presidenta CSP cambió de estrategia y decidió ceder ante todas sus demandas poniendo de tapete a los productores y eso tampoco está resultando nada bien.

La solución real es negociar, consensar, llegar a acuerdos enfocados en que ambas partes obtengan beneficios y que les permita mantenerse en el mercado. Produciendo lo que el cliente quiere y necesita, pagándolo al precio justo que promueva su producción constante y oferta permanente, pero cumpliendo con requisitos específicos de calidad, sustentabilidad y salud que los haga diferentes a los commodities.

Busquemos las áreas de oportunidad ¿Qué hace a nuestro producto diferente al resto?, ¿qué lo hace mejor para el consumidor?, ¿dónde hay fugas en el proceso de la cadena que se pueden eficientar?

Hace algunas semanas se anunció por parte de la nueva secretaria de Agricultura, Columba López, un plan de reordenamiento del maíz. Lo llaman histórico como tanto les gusta, pero la propuesta es simplemente volver a lo que ya había antes. No lo critico, al contrario, que bueno. Eso debimos de haber hecho hace años. Volver a los mecanismos de ordenamiento de mercados que existían antes y, si quieren, rebautizarla como ASERCA del Bienestar, para ponerle el sello de la casa.

Lo que hay que hacer es ordenar el mercado en la práctica y no solo en el discurso. Destinar los recursos necesarios, con las personas más capaces, tomando las decisiones correctas, basadas en datos, estadística y predicciones de riesgo y con transparencia y rendición de cuentas.

El objetivo mas importante es lograr la rentabilidad de la producción de alimentos en el país. El agricultor y en parte el gobierno tiene pagando los platos rotos los últimos años, es hora de que la industria, el comercio y el consumidor tomen un rol activo en la búsqueda de la solución.

La rentabilidad se logra solo por dos vías: produciendo mas barato o vendiendo más caro. Las dos deben de ser prioritarias y trabajar en ellas de manera paralela y al mismo tiempo.

Para producir mas barato hay que: estudiar la vocación productiva que tiene la tierra y los productores; producir lo que mejor se da; capacitar al agricultor para que optimizar su producción; utilizar y democratizar las tecnologías adecuadas; contar con datos y análisis que le permita al productor conocer la información necesaria para la toma de decisiones precisa.

Para vender mas caro se necesita: tener un consenso de las calidades adecuadas para los distintos procesos productivos como, alimentación humana, forrajero, industrial o energéticos; buscar descomoditizar los alimentos y resaltar sus calidades, bondades y diferencias que los distinguen del resto, de la mano de acuerdos comerciales que le den certidumbre a la venta y precio del producto; un esquema de apoyos de compensación y seguros de parte del gobierno que permita competir con otros países que tienen condiciones internas más favorables; y revisar minuciosamente la cadena y detectar la fugas o áreas de oportunidad que permitan distribuir de manera mas equilibrada los recursos y los compromisos.

El consumidor es quien debe de priorizar que es lo que quiere, pero para eso debe de estar informado y ahí es donde estamos fallando todos.

El agro no entiende de partidos ni de ciclos políticos, no debe de estar sujeta a ellos. Sino más bien a los ciclos agrícolas y de consumo.

Por ello requerimos elaborar un plan o proyecto integral serio, empezando por un diagnóstico preciso, liderado por un grupo multisectorial de expertos en sus áreas que acompañe, cuestione y corrija el rumbo, con estudios validados y bien hechos, que involucren las opiniones y experiencias de los distintos integrantes de toda la cadena, que permita identificar las áreas de oportunidad y proyectar escenarios de mercados y cultivos a producir que estén previamente acomodados en un mercado potencial que permita una rentabilidad a quien lo produjo, así como al resto de las partes que integran la cadena.

Debemos iniciar por los cultivos y zonas que nos generen el mayor impacto y poco a poco ir integrando a los demás, para que sea un proyecto que incluya una solución integral y permanente y no vaya dejando rezagos en el camino que tendremos que atender de 10 a 20 años más adelante.

¿Qué pasaría si por primera vez tuviéramos un plan serio, multisectorial, basado en fundamentos y oportunidades reales, construido en conjunto, con la guía de expertos? El cambio requiere que consideremos el contexto. No será una transición inmediata. Es un camino que tendremos que recorrer juntos.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO