Por Mohammad Salim Zohoori

Durante los últimos treinta años, las remesas enviadas por migrantes mexicanos desde Estados Unidos se han consolidado como uno de los pilares más estables de la economía nacional. México ocupa actualmente el segundo lugar mundial en recepción de remesas, solo por detrás de India, y en 2024 recibió alrededor de 64.7 mil millones de dólares, una cifra récord que confirma el carácter estructural de estos flujos y su creciente peso en la actividad económica.

Estos recursos han sido fundamentales para sostener el consumo de millones de hogares, particularmente en contextos de crisis económica, alta informalidad laboral y choques externos. Desde una perspectiva macroeconómica, las remesas han contribuido a la estabilidad del ingreso y a la resiliencia del consumo interno.

El análisis econométrico del estudio muestra que el crecimiento de las remesas tiene efectos medibles sobre la inflación, al incrementar la liquidez y la demanda agregada, especialmente en el corto plazo. Utilizando datos mensuales para el periodo 1995–2024, los resultados indican que los choques positivos en las remesas tienden a reflejarse en aumentos moderados de precios, antes de estabilizarse gradualmente.

Estos efectos se producen dentro de un marco de política monetaria sólido y creíble, en el que el Banco de México ha logrado anclar las expectativas de inflación y responder de manera eficaz a distintos choques, tanto internos como externos.

Diferencias regionales en el impacto

 

Uno de los hallazgos centrales del estudio es la heterogeneidad regional en la relación entre remesas e inflación. En estados con alta dependencia migratoria, como Michoacán, Oaxaca y Chiapas, el vínculo es más visible que en las entidades del norte industrializado.

Ello se explica porque, en regiones con menor diversificación productiva, una mayor proporción de las remesas se destina al consumo local. En estos contextos, los ajustes de precios pueden ser más rápidos, sin que ello implique desequilibrios macroeconómicos de carácter nacional.

En contraste, las entidades con mayor capacidad productiva y mejor integración a los mercados nacionales e internacionales tienden a absorber el aumento de la demanda con menores variaciones de precios.

El caso de Sinaloa

 

El caso de Sinaloa confirma esta heterogeneidad regional. De acuerdo con el análisis subnacional del estudio, Sinaloa se ubica entre los estados con menor correlación entre remesas e inflación durante el periodo 2003–2023. Esto indica que, en la entidad, las dinámicas de precios están menos influenciadas por los flujos de remesas y responden en mayor medida a factores estructurales propios de una economía más diversificada.

La evidencia sugiere que, en Sinaloa, las remesas cumplen un papel complementario, pero no central, en la dinámica económica local. Su estructura productiva permite absorber aumentos de la demanda sin generar presiones inflacionarias significativas, lo que la diferencia de estados con mayor dependencia migratoria y menor capacidad de ajuste productivo.

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