Lo de la licencia de conducir “permanente” no es una mala idea, por el contrario, de aplicarse correctamente traerá beneficios importantes en los bolsillos de las y los sinaloenses que conducen vehículos automotores. La validez de las mismas ya está probada, hace más o menos diez años, el gobierno de la Ciudad de México comenzó con esa, para entonces, novedosa idea.

Actualmente varios estados tienen esta posibilidad, los costos y restricciones varían según cada entidad federativa. En Ciudad de México es obligatorio tener domicilio en alguna de las delegaciones capitalinas o en el Estado de México, tiene un costo de $1,500 pesos y obliga al ciudadano a no tener infracciones anteriores por conducir en estado de ebriedad. En Oaxaca el trámite tiene un costo estimado en $3,040 y un costo de reposición de $1,824. Mientras que en Veracruz, la expedición de licencias permanentes solo está permitida para personas mayores de 50 años, con un costo de $2,070 pesos.

Por el decreto aprobado por unanimidad en la Cámara de Diputados del Estado de Sinaloa, según datos expuestos por los propios diputados, al año se expiden 370,000 licencias de conducir, de ellas 300 mil son renovaciones. Según lo aprobado, cada ciudadano tendrá la decisión de adquirir una licencia permanente o continuar con credenciales temporales de 2 y 4 años. Según funcionarios de la Secretaría de Administración y Finanzas de Sinaloa, el costo por plástico en modalidad permanente será de $2,400 pesos y permitirá al usuario la no renovación de por vida. El precio actual es aproximadamente de $1,400, por lo que el aumento de mil pesos, por la vigencia ilimitada, me parece un precio razonable.

El gran problema al que se está enfrentando la autoridad ahora es al descrédito que gobiernos pasados han dejado cuando se habla de documentos o placas “permanentes”. En 2011, el diseño de placas “sobrias” sin ningún tipo de imagen como de tambora o tomate, fue propuesta del entonces legislador Carlos Feltón, quien además propuso en su iniciativa que las láminas fueran permanentes.

El tema ya había sido abordado en 1998 con las placas de letras verdes, que antecedieron a las famosas placas de “La tambora” que comenzaron a circular en 2003 a finales del gobierno de Juan S. Millán. La obligatoriedad de cambio se decretó a partir del 2002, y en 2006 se implementaron las placas del “tomate” dentro del gobierno de Jesús Aguilar Padilla, a quienes algunos apodaron “Chuy Tomates” por hacer del fruto colorado una insignia gubernamental.

Entendiendo el tema recaudatorio que la renovación de láminas vehiculares lleva consigo, los gobiernos de Mario López Valdez y Quirino Ordaz no se quedaron atrás, y aquí es donde se recuerdan estos fraudes de “placas permanentes”. Una de las polémicas más importantes en el sexenio de Malova fue precisamente por la adquisición de “placas piratas”, compradas en China a un proveedor que facilitó la adquisición a sobreprecio -el sello de la casa en su administración- y sin calidad en el producto, todos los usuarios recuerdan las placas que se doblaban y despintaban en tiempo record.

Con Quirino también se repitió la mentira de 1998, Carlos Ortega Carricarte, el entonces secretario de Administración y Finanzas, anunció en 2017 que las placas de “Puro Sinaloa” de Quirino serían permanentes, que mejorarían las medidas de seguridad de las placas de Malova y que contarían con los requerimientos de la SCT en las modalidades de seguimiento y trazabilidad. Que tendríamos, primero en las grandes ciudades de Sinaloa y luego en todos lados, arcos detectores de placas con reporte de robo y que el sistema de videovigilancia de primer mundo permitiría el seguimiento en tiempo real de placas vinculadas a robos o hechos delictivos. ¿Se acuerdan de esa mentira que justificaba la compra de placas ultramodernas, que por cierto nunca funcionaron?

Por este tipo de decisiones que no se sostienen de administración en administración, por ello es que los ciudadanos desconfían de las medidas que se anuncian con bombo y platillo. Nada le costaría a los legisladores futuros eliminar el decreto de “permanencia” de las licencias de conducir, si los gobiernos venideros consideran que fue un “mal negocio”, no tendrán ni el mínimo empacho en cancelar el programa, como ya lo han hecho varias veces con el tema de las placas.

No podemos decir con esto que la idea es mala, insisto, lo logrado en votación unánime por todos los grupos políticos que fueron consecuentes con la propuesta del gobernador para tener en Sinaloa una licencia sin renovación, es algo sobresaliente que merece ser reconocido. La preocupación del que escribe, no está en la responsabilidad de los que hoy propusieron y aprobaron, me preocupa los que vienen, los que sintiendo apretado el bolsillo en el futuro, deshagan lo hecho para caer en el bucle eterno de la administración pública que se inventa y reinventa cada seis años o menos. Luego le seguimos…

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