Un líder farsante es aquel que dirige o coordina a un grupo utilizando el engaño, la hipocresía y las falsas apariencias. Es quien simula tener habilidades, valores, empatía o conocimientos que en realidad no posee, con el único fin de manipular a los demás y obtener beneficios propios.

Poco a poco han venido a ocupar la mayoría de los espacios personajes con este perfil. Cada vez más falsos, más hipócritas. Hoy en día estamos invadidos por estos coyotes vestidos de ovejas y como sociedad parece que no los identificamos. No sé si sea por falta de capacidad o de voluntad, pero parece que preferimos ignorar sus verdaderas intenciones con tal de no tener que asimilar en el problema en el que estamos metidos. Ya ni siquiera se esfuerzan en engañarnos porque nosotros solos nos dejamos engañar.

Las siglas de los grupos parece que ya no significan nada. Las han manipulado a tal grado que muchas de ellas hoy en día actúan de manera contraria a lo que en un principio fue su esencia.

Quienes dicen ser Autónomos están sometidos al poder. Quienes dicen ser institucionales siguen ordenes de un líder único. Quienes dicen ser un Movimiento de Regeneración se han encargado de degenerar, destruir y extinguir todo a su paso. Quienes dicen representar al pueblo o gremio los explotan para beneficiarse a sí mismos. Quienes hablan de moral y respeto son los que más roban, manipulan y engañan. Quienes dicen informar desinforman. Quienes dicen proteger son los que agreden, amenazan e intimidan. Quienes dicen cuidar son los que abandonan.

Manifestaciones de apoyo con acarreados amenazados o pagados. Leyes que sirven para proteger a los corruptos y castigar a los inocentes. Transparencia, estadísticas y datos oficiales manipulados para ocultar la realidad. Investidura que sirve para ocultarse de sus responsabilidades. Obras e inversiones que cuestan más de lo que aportan. Nos piden defender a quienes nos violentan. Aclaman soberanía para que nadie venga a quitarles su botín.

Un buen amigo me recordaba una frase de Benito Juárez: “Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo y con sus hechos las traicionan”.

No debería de haber en esta sociedad algo más bajo, más vil y más ruin que ser un traidor. Pero contrariamente a ello en esta kakistocracia, que significa el gobierno de los peores, parece ser un requisito para el cargo.

Liderazgos” políticos, académicos, de la sociedad civil, religiosos, parecería, en la gran mayoría de los casos, que el primer requisito que se requiere para ocupar esos puestos es ser un impostor, estar cooptado o vendido. Son muy pocos casos en los que llegan a ocupar esos lugares personajes íntegros, genuinos, capaces y aptos para el cargo. ¿Por qué?

La única manera de diferenciar entre lo verdadero y lo falso es aplicando el pensamiento crítico y la verificación activa y continua. Tenemos que comparar y contrastar lo que vemos con lo que oímos y determinar si hay una congruencia en ello. Pero eso nos toca hacerlo a nosotros mismos, no podemos delegar el pensamiento crítico a alguien más o a alguna tecnología. Nos toca encargarnos de corroborar lo que nos dicen y de no dejarnos engañar. Recuperemos, desarrollemos y ejercitemos esa capacidad de distinguir entre lo falso y lo verdadero.

Tenemos que dejar de soñar en fantasías y aceptar la realidad tal y cual es. No vendrá un líder omnipotente a salvarnos. Dejemos de creer que el líder ideal existe. Y no se trata de elegir al menos malo, pensar así nos ha traído a donde estamos ahora. Pero se trata de no ser tan exigentes en las cosas que no deberían de importar y ser muy exigentes en lo que verdaderamente importa. El más apto o capaz no necesariamente va a ser el más simpático y viceversa.

¿Qué queremos en un líder? ¿Que sea simpático, que baile, que se vea bien, que abrace mucha gente? ¿O queremos que sea capaz, dedicado, que tenga una muy buena trayectoria, que sea congruente, genuino, empático, transparente? Si queremos lo segundo hay que abocarnos a conseguirlo, hay muy buenos perfiles, solo falta darles el espacio. Si queremos lo primero estamos condenados.

Reconozcamos a las personas valiosas y genuinas. Apoyemos a quienes están haciendo algo. Juzguemos a las personas por sus actos más que por sus palabras. Dejemos a un lado las diferencias que no sean importantes y concentrémonos en lo prioritario. Que nos unan las coincidencias y que al mismo tiempo nos separen las diferencias fundamentales. No normalicemos la mentira y el engaño. No perdonemos la traición.

La diversidad y la pluralidad es deseable, rodearnos de personas que piensan distinto es esencial, pero no aceptemos, ni arropemos a quienes trasgreden nuestros valores fundamentales. Aprendamos, cada uno de nosotros, a identificar la verdad sobre la mentira. Nadie más puede hacerlo por ti.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO