La nacionalidad es más que una condición consular; es un vínculo jurídico entre el Estado y el individuo. Es parte de los derechos inalienables de las personas. Todo individuo tiene derecho a una nacionalidad que le permita el disfrute de los derechos individuales del que es garante el país que le reconoce.

En el mundo hay diferentes formas de adquirir una nacionalidad, en nuestro país se da por nacimiento o naturalización. La doble o múltiple ciudadanía se permite en México desde 1998, cuando se reformó la Ley de Nacionalidad. Pero existen países como China, Mónaco, Indonesia, Irán, Corea del Norte, Cuba, Surinam, India, Japón, Emiratos Árabes, Qatar, Omán, Camerún, República del Congo, entre otros que no reconocen doble nacionalidad, es decir, que solo se puede tener un pasaporte.

En Japón, por ejemplo, si naces con doble nacionalidad, estás obligado a definirla a los 22 años, porque no se permite tener doble ciudadanía, o se es japonés o se es extranjero. Hay países que otorgan la nacionalidad por el hecho de nacer en su territorio nacional, o incluso por nacer dentro de naves o embarcaciones con su bandera, aun cuando estén en viaje fuera de sus fronteras.

Escribo lo anterior, porque en este mundial ha causado mucha polémica el gran número de jugadores nacidos en países distintos al uniforme que defienden en la justa deportiva. Casi un cuarto de los deportistas convocados al mundial son de nacionalidad distinta del país de su nacimiento. Hay selecciones que tienen uno o dos ciudadanos naturalizados; algunos equipos cuentan con tres o cuatro hijos de padres extranjeros. Pero hay otras, como la selección de Curazao, que tiene 25 jugadores de la plantilla como naturalizados.

La República del Congo, en donde juega Yoane Wissa, la estrella del fútbol inglés, tiene 20 jugadores nacionalizados y es al mismo tiempo la cuna de un emblemático defensa del Real Madrid y del Chelsea, Claude Makelélé, uno de los primeros nacionalizados en jugar para Francia. En este mundial, Marruecos y la selección de Bosnia y Herzegovina tienen 19 y 17 jugadores nacionalizados, así como Argelia y Haití con 16 jugadores; es decir, la mayor parte de su plantilla no son jugadores naturales de las naciones que representan.

En fútbol se representan también los cambios y la movilidad social propia de las migraciones, no queda exenta de la oleada transicional áfrico-europea, latino-norteamericana, asiática continental e insular, y todas las que socialmente se reflejen como parte de la sociedad en movimiento.

Grandes estrellas como el delantero francés Kylian Mbappé nació en París, pero es hijo de padre camerunés y madre argelina. El joven delantero español Lamine Yamal nacido en Barcelona pero de padre marroquí y madre oriunda de Guinea Ecuatorial. O el caso más sobresaliente de los hermanos Williams, Nico e Iñaki, jugadores del Atlético de Bilbao, en donde Nico, el más joven de los hermanos, nacido en Pamplona, decidió formar parte de la selección española, mientras que Iñaki, el mayor, por tener más cercanía con la cultura de sus padres, se enlistó en la selección de Ghana, donde dio un gran partido contra Inglaterra.

Casos de cuatro nacionalidades como el mediocampista ofensivo Michael Olisé, nacido en Inglaterra, hijo de padre nigeriano y madre argelina, pero que juega naturalizado como francés. O el del seleccionado estadounidense Giovanni Reyna, también nacido en Inglaterra, de abuelo argentino y abuela portuguesa, madre norteamericana: todos esos países con derecho a múltiples nacionalidades.

En la historia de nuestro país, 17 jugadores se han nacionalizado, pero solo seis han participado en mundiales: el brasileño Antônio Naelson “Sinha”, los argentinos Guillermo “Guille” Franco, Rogelio Funes Mori y Gabriel Caballero. Actualmente en la selección mexicana juega el delantero Julián Quiñónez, nacido en el departamento de Nariño en Colombia, y nacionalizado mexicano en 2023. Lo mismo Álvaro Fidalgo, nacido en Asturias, España, que hoy viste la camiseta nacional. Más allá de rancios discursos nacionalistas, están el cariño y la entrega de estos extranjeros al uniforme que representan, así como el cariño de la afición que, con aplausos y porras, les refrenda la mexicanidad en la cancha. Luego le seguimos…

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