Varias han sido las oportunidades que han tenido los gobiernos de Morena para hacer cambios tan necesarios que generen un impacto determinante para el rumbo de México. Y no solo las han desaprovechado, sino que las han utilizado para dejar las cosas aún peor.

Tienen dominio en los congresos con mayorías calificadas que les permiten modificar la constitución y pasar cualquier ley que se disponga. Cuentan con un apoyo popular abrumador y la mayoría de los votantes creen en ellos. El diagnóstico que tienen sobre las causas y las necesidades de los mexicanos es correcto. Además de contar con presupuestos históricos y una posición sólida en la economía mundial. Controlan a la mayoría de los gobernantes y de los jueces.

Intoxicados de ideología y ciegos a la realidad, han utilizado todos los medios que tienen a su alcance para tratar de forzar la construcción de una fantasía impulsada por el odio y resentimiento al pasado. Destruir todo lo anterior es más importante que construir lo nuevo. El cambio no es para mejorar, es para borrar. Para reescribir la historia a partir de las cenizas. Su moneda de cambio es México.

Iniciando con el aeropuerto de Texcoco, el gobierno tuvo la oportunidad de marcar un precedente contra la corrupción y los tratos con empresarios favorecidos por el poder, pudo hacer una revisión de los contratos y castigar a quienes hubieran inflado los precios u obtenido tratos preferenciales. En lugar de eso, decidió echar abajo un proyecto muy necesario y terminaron pagando el costo de dos aeropuertos obteniendo solo uno de menor capacidad.

Se construyeron obras faraónicas caras e ineficientes como Dos Bocas, Tren Maya, el Interoceánico. Tampoco les importó fortalecer a la CFE, limpiar PEMEX y las aduanas, combatir de manera frontal el huachicol fiscal y el crimen organizado, eliminar de tajo el dinero ilegal en las campañas electorales.

Se tuvo la oportunidad de cambiar de fondo el sistema judicial que es una limitante tan grande en México para la obtención del estado de derecho. Cambiaron la constitución no para hacer un mejor sistema, que rindiera cuentas y que asegurara una justicia pronta y expedita para todos los mexicanos, sin contratiempos ni corrupción, si no para todo lo contrario. Ahora la justicia es todavía más selectiva y más propensa a la corrupción, favoritismo y persecución política.

Del mismo modo se han destruido instituciones que pudieron haberse reformado para ser más efectivas sin sustituirlas por algo mejor, como las de transparencia y rendición de cuentas como el INAI, instituciones que daban créditos al campo como Financiera Rural y las que ordenaban el mercado de granos como ASERCA y las que regulan la competitividad. El INE también fue sujeto a cambios para hacerlo más oscuro y entregado al poder en lugar de hacerlo más transparente e imparcial.

En el ramo de la seguridad pública tienen todo el poder: el ejército, marina, guardia nacional, policías estatales, municipales y ministeriales a su servicio. Con eso pudieron haber hecho un mando único de fuerza avasalladora que controlara la violencia en el país. En cambio, se les ataron las manos a estos mandos y se les limitó que actuaran en contra de los delincuentes, dejándolos crecer y hacerse más violentos y arrogantes.

Así hay muchos más ejemplos de cómo se han escapado oportunidades de resolver temas que por tantos años han estado en un limbo, ya sea por falta de presupuesto, por falta de consenso, por falta de voluntad y ahora que se tiene todo eso al mismo tiempo se ha optado por encubrir y aprovechar esas corrupciones para engrandecer su poder a costa del progreso de México.

Hoy en Sinaloa tenemos la oportunidad histórica de romper con esa racha de malas costumbres, ese círculo vicioso o bola de nieve que nos ha venido sofocando y dar lugar a un nuevo y mejor futuro. Romper con el pacto del crimen organizado y el gobierno.

Aprovechemos esta coyuntura histórica para hacer borrón y cuenta nueva en el gobierno. No para perdonar. Los agravios que se cometieron tendrán que pagarse, se tiene que imponer el estado de derecho. Pero tampoco podemos premiar a quienes fueron causantes de que estemos como estamos, simplemente por que los actuales fueron peores.

Aspiremos a construir el Sinaloa que anhelamos. Recuperemos la paz y la economía, dejando esos pactos mafiosos con el Crimen Organizado y con el Gobierno cómplice. Construyamos un gobierno a la altura, con acuerdos, con reglas claras, con objetivos comunes y con responsabilidad.

Necesitamos gente nueva, gente limpia, con trayectoria y principios. Recuperemos la esperanza de que si se puede lograr un cambio, que si podemos mejorar, que podemos dejar atrás la corrupción que impera en este país. Es cuestión de que nos lo propongamos y realmente exijamos ese cambio, pero hay que participar en él y creérsela primero.

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