Siguen pasando los días, cada vez se aproxima más la fecha de cosecha del maíz y no llega una solución que le dé certidumbre al agricultor con respecto al precio final que va a tener su grano y si este precio le va a ser suficiente para dar una rentabilidad como recompensa a su trabajo e inversión o si aun después de haber arriesgado todo eso obtendrá una pérdida económica.

La exigencia de los productores de maíz y de otros granos desde hace mucho tiempo es la misma. Tiene que haber rentabilidad en la actividad. El precio al que se vende el producto tiene que ser suficiente para poder pagar los costos que se generaron para producirlo y además generar una utilidad por el trabajo realizado. Se oye tan ilógico que estemos hablando de una actividad económica que cueste más producir que lo que deja de retorno.

Tras reuniones y reuniones, no solo en estos días o meses, si no desde hace varios años, seguimos sin encontrar soluciones, porque seguimos haciendo lo mismo. No ha sido por falta de ideas ni propuestas, ha sido por falta de voluntad y capacidad de llevar a cabo estrategias novedosas para detener la hemorragia que esta padeciendo el campo mexicano.

Las soluciones efectivas por lo general son impopulares. Eso no le gusta a los gobernantes. Es por eso que seguimos tropezando con la misma piedra ciclo tras ciclo, por qué seguimos haciendo lo mismo.

Es un círculo vicioso: el comprador publica los precios de compra, el productor dice que no es suficiente, el gobierno interviene tarde y de manera insuficiente al “rescate”. Y todo esto ya cercanos a la época de la cosecha, donde hay mucha presión y muy poca capacidad de maniobra.

Estamos tan inmersos en este juego que terminamos justificando las cosas como son. Varios “líderes” y personajes de peso en la agricultura en Sinaloa en los últimos días responden a los cuestionamientos del mercado diciendo: “es complejo”. Pero la realidad es que la demanda de los productores es muy simple, necesitamos un precio que garantice la rentabilidad como en cualquier otra actividad productiva.

¿Cómo se puede lograr esto? Aumentando el precio de compra, produciendo más barato, obteniendo un apoyo o subsidio gubernamental o todas las anteriores. La pregunta aquí sería ¿quién va a absorber ese costo, el productor, el comprador, el gobierno o el consumidor? Y lo justo debería de ser que lo hagamos todos de manera proporcional.

Cuando el comprador compra caro aumentan los precios al consumidor. Esto genera descontento en la población y aumento en la inflación. Para que esto no le genere problemas al gobierno, éste ofrece un apoyo o subsidio al productor, con la finalidad que el comprador siga comprando barato y el productor obtenga un mejor precio y no se manifieste. Pero el subsidio se paga con dinero de los impuestos de los mexicanos, por lo que indirectamente el consumidor lo termina pagando sin que se de cuenta.

Esta práctica ha sido la “solución” cómoda y a corto plazo por parte de este gobierno y los anteriores, pero no es una solución de raíz ni a largo plazo que es lo que necesitamos. Los subsidios son “mejoralitos” muy caros y de corto efecto.

Se requiere realmente construir una estrategia ordenada y estable a largo plazo, donde el agricultor produzca en cantidad y calidad suficiente de acuerdo con la demanda de los compradores y del cliente final. El rol del gobierno es buscar los mecanismos para lograr esta economía de manera fluida y efectiva, actuar como mediador, facilitador y árbitro en el cumplimiento de los acuerdos prestablecidos entre productores y compradores.

Para esto, los productores no pueden continuar sembrando lo que quieran y como quieran. Esto termina siendo irresponsable y pone en riesgo su patrimonio y el de sus familias. Tenemos que planear antes de ejecutar. También el gobierno debe de ser responsable y no estar prometiendo cosas que sabe que no quiere cumplir, por que de poder si puede cumplirlas. Al mismo tiempo los compradores y consumidores deben de afrontar la responsabilidad de pagar por lo que demandan. Es muy fácil pedir productos cada vez más elaborados y complejos sin ofrecer el precio justo a las exigencias del cliente.

Vamos buscando soluciones integrales. No hay que inventar el hilo negro, por mucho tiempo funcionó anteriormente con organismos como ASERCA. Debemos de retomar ese tipo de prácticas y experiencias, pero adecuarlas a los tiempos actuales.

Hay que pensar a futuro y no solo las soluciones a corto plazo que nos van a traer mas problemas mañana. Mucho de lo que sufrimos actualmente son consecuencias de lo que hicimos o dejamos de hacer en el pasado. Cortemos esa cadena y empecemos a trabajar y ejecutar soluciones efectivas, duraderas y constructivas. Actuemos con responsabilidad, el tiempo apremia.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO