No te quedes inmóvil
al borde del camino.
Antonio Machado
Sinaloa está de pie a pesar de su crisis de seguridad. Y saberlo ofrece la más completa seguridad de que podemos enfrentar con éxito los problemas de violencia que padecemos ahora. Prueba de todo ello es que los obreros y empleados se levantan cada día con el mismo ánimo para asistir a sus centros de trabajo, con las precauciones que infaustas noticias nos invitan a tomar, pero sin que mengüe el entusiasmo de ganarse el pan de sus familias. Es cierto que cerró sus cortinas o restringió horarios nocturnos un número significativo de negocios y que el desempleo disminuyó los ingresos de varias familias; como también es muy cierto que la conciencia de que podemos salir adelante y de que el mejor camino a recorrer es el que vamos haciendo, no pocos negocios vuelven a abrir sus puertas. Algunos emblemáticos, por cierto.
Y mientras consolidamos la andadura hacia la postcrisis no faltan las pérdidas para nuestra comunidad, muy dolorosas, por cierto. Me refiero, entre otras, a los siete agentes de policía municipal que han muerto de manera violenta en las últimas semanas. No está demás recordar que antes de estas lamentables pérdidas ya habíamos contabilizado 81 agentes caídos durante su jornada de trabajo, en tránsito hacia su casa o al trabajo o en el día de descanso. No tenemos ninguna duda que la razón de su caída está en relación con su trabajo de guardianes del orden. También digamos que vale la pena detenernos ahora a reflexionar sobre algunas cosas en torno a la muerte de estos agentes de policías.
Con la caída de esos policías perdemos a un número considerable de servidores públicos especializados en materia de prevención del delito, perdemos también a jefes de familia que dejan a una amplia camada de huérfanos y viudas y nos queda un vacío en el campo de la seguridad que no se cubre al contratar a un número similar de policías.
¿Cuántos recursos públicos y horas de aula y laboratorios y de entrenamiento dedicó el Estado en la formación de esos agentes de seguridad? La pérdida que ahora tenemos como sociedad es mucho mayor a cualquier consideración que hagamos, pues no se reduce a lo monetario ni al tiempo que se estime en horas clase ni a su paso por la corporación policial. Ellos simplemente eran una parte esencial de nuestra sociedad.
Desde principios de 2025 hemos insistido en tres medidas cautelares con el fin de preservar la vida y la integridad de nuestros policías. Bajo la consigna de Protejamos a los que nos protegen hemos planteado ante la autoridad: a) Que se permita la portación del arma de cargo a los policías después de la jornada de trabajo; b) Que cuando los agentes de policía sean enviados a la atención de una comisión no vayan en una sola unidad, sino en dos o más patrullas y en número suficiente; y c) Que al término de la jornada los policías que salen de turno sean llevados a sus hogares por los compañeros que están entrando al trabajo.
La respuesta que hemos tenido de la autoridad no es la esperada, menos la que nuestro tiempo y situación demandan.
Sólo atendió una de las medidas cautelares: enviar a más de una patrulla cuando hay que atender alguna queja o emergencia de carácter menor. Y al desatender las otras dos medidas se dejaron abiertas las puertas para que nuestros policías se vuelvan un punto muy vulnerable ante quienes tienen vivo interés en sembrar miedo en las corporaciones de policías.
Y ese miedo toma cuerpo al perderse la vida de un policía cada semana desde que arrancó la presente coyuntura violenta. En vísperas de los 19 meses los números no necesitan gritar, pues su sola presencia es aterradora: el promedio de agentes perdidos es de al menos uno por semana. Por eso sostenemos que lo que hemos sufrido en las últimas semanas no puede descansar en un archivo de datos ni en el baúl de una memoria rota. Es deber de la autoridad y también de la sociedad civil el que de esos lamentables hechos saquemos conclusiones destinadas a enfrentar la crisis de seguridad en general y, con el fin de proteger a nuestros policías de los riesgos mayores no sólo durante su desempeño en la jornada de trabajo, sino también al retornar a su hogar, durante su merecido descanso y al regresar a cubrir su turno.
Los argumentos expuestos por la autoridad en el sentido de que la Ley de armas no permite la portación de las mismas en las horas de descanso no nos convencen. Hemos solicitado la opinión de expertos al respecto y nos dan la razón, pues no hay una prohibición sobre el particular. Enriqueciendo nuestra posición al citar que los agentes de la policía estatal comisionados a la protección de civiles (empresarios y particulares amenazados, etc.), portan sus armas de cargo permanentemente: 24×7, como se dice en el argot policiaco. Y podemos preguntar, ¿en qué altera este particular en el funcionamiento general de su corporación estatal o en las instituciones policiales preventivas?
La policía es una pieza fundamental en la superación del presente momento crítico. Sí, más allá de las mil críticas que cotidianamente hacemos a nuestros agentes de policía, todos tenemos conciencia de que el trabajo de prevención fue muy válido en el pasado y quizá hoy debe dimensionarse en más alto grado para seguir encaminando nuestros pasos hacia la postcrisis. No creemos que el puro trabajo policial logre liberarnos de las ataduras que implica la crisis de seguridad que vivimos, pues sin el concurso del resto de las instituciones del Estado y de la imprescindible presencia de la sociedad en todo análisis sobre la crisis y en toda medida encaminada a resolver la mala coyuntura, no hay solución completa. Pero eso sí, todo lo que realicemos lleva implícito el trabajo policial. Por ello siempre sostendremos: Cuidemos a los que nos cuidan. Protejamos a nuestros policías. Vale.
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