La presidenta Claudia Sheinbaum recién presentó su iniciativa de reforma electoral, más bien un resumen, llamado “Decálogo por la Democracia”. La idea general es reducir costos del sistema electoral, ampliar la consulta popular a los estados, inhibir nepotismo y reelección consecutiva, regular la IA y presencias mediáticas en las elecciones, y sobre todo cambiar la forma de representación en el Congreso, especialmente las formas en que son votados los diputados de las listas plurinominales. Estos son representantes, elegidos con el sistema proporcional, han suscitado polémicas crecientes, pues en el tiempo se han convertido en cotos y reservas para líderes de los partidos o personajes “impresentables”: entonces, el problema no es mantener una cuota importante de voto proporcional, que la reforma sigue garantizando, sino la forma o el tipo de listas mediante las cuales las y los congresistas llegan a ocupar su escaño.

¿Listas bloqueadas, como ahora, que son decididas por las cúpulas partidistas, o bien, listas competitivas y flexibles en que las y los votantes establecen preferencias para representantes populares que hicieron campaña en los territorios? Modificar esto es el planteamiento central. ¿Se trata de una reforma democratizadora como afirma la presidenta? En mi opinión, con algunas reservas, tendencialmente lo es, o sea, representa una mejora relativa, aunque no absoluta o “en todo” como quisiéramos. Estos son los puntos principales:

1. Eliminación de las listas plurinominales decididas por los partidos
2. Eliminación de los senadores plurinominales
3. Reducción del financiamiento público a partidos
4. Disminución del gasto en la organización electoral
5. Reducción del tiempo de campañas y propaganda
6. Regulación del uso de inteligencia artificial en campañas
7. Prohibición del uso de dinero ilícito en campañas
8. Ampliación del voto en el extranjero
9. No reelección consecutiva y combate al nepotismo
10. Fortalecer mecanismos de democracia participativa

Algo se puede adelantar o reflexionar con base en la información preliminar, lo trascendido en prensa y en las mañaneras, y no en el texto completo o definitivo, mismo que posiblemente será objeto de largas negociaciones todavía en las próximas semanas.

Una posibilidad, además, es que la reforma no pase como tal o sea modificada substancialmente por el Congreso, sin embargo, al ser una iniciativa presidencial de gran calado, parte de los compromisos de campaña y de un áspero debate en estos días, tendrá relevancia también para poner a prueba alianzas y valores en los partidos políticos, dentro y fuera de la coalición gobernante.

Es consabido, en efecto, que la reforma, por como está ahora, ha tenido férreos opositores en el Verde y el PT, aliados de MORENA, y, asimismo, de PAN, PRI y MC, a lo mejor por motivos distintos y con matices, pero con la idea de tumbar la propuesta.

Normalmente, en situaciones análogas y en otros países, los partidos más grandes y con arraigo territorial, por ejemplo, MORENA y el PAN, encuentran convergencias o arman un Plan B extemporáneo para liberarse de cierto tipo de partidos satélites que dejaron de representar intereses legítimos y minorías aún merecedoras de protección y representación. Por otro lado, los medianos y/o lo chiquitos tienden a sentirse amenazados y a crear ejes de “resistencia” con base en su interés, en este caso uniéndose MC, PRI, VERDE y PT.

Aun así, lo más probable es que la alusión de la presidenta a un Plan B vaya en la dirección de modificar en parte el sistema a través de leyes secundarias y esperar los resultados de las intermedias de 2027 para plantear nuevas modificaciones.

El rechazo a negociar y la vehemencia de los aliados de MORENA, reforzado por el histórico oportunismo del VERDE, se han unido a invectivas bastante intestinales de la oposición que habla de “Ley Maduro” o regresión democrática cuando el debate preliminar indica lo contrario. De hecho, en distintas simulaciones que me he dado a la tarea de realizar con apoyo de IA, basado en el resultado del 2024, en el Senado (ya sin pluris como se está planteando) resulta relativamente perjudicado, según la proyección, el primer partido del país, o sea MORENA, mismo que incluso vería bajar un poco su llamada “sobrerrepresentación”.

En la Cámara el sistema sería parecido al actual, pero: entrarían como “pluris” los mejores perdedores en cada distrito (25% de la Cámara aprox.) y los de cuota proporcional por partido (25% de la Cámara), y serían personas electas de perfil distinto, votadas directamente por el electorado más que por los partidos. Es cierto, sin primarias, los partidos y sus dirigencias decidirían quiénes van a competir, por eso se necesita alguna corrección al respecto o elecciones primarias, en mi opinión.

Ya hemos visto en el sexenio pasado cómo, mediante una estrategia de “huelga” o “ayuno” constitucional, la oposición bateó sin discutirlas una serie de planes y reformas constitucionales del presidente López Obrador: curiosamente rechazaron también una reforma electoral que preveía el reparto completamente proporcional de escaños en el Congreso, quizás el sistema más fehaciente o menos distorsivo respecto la relación entre votos y representantes.

Ni siquiera hubo discusión ni defensa de parte de partidos pequeños, que se verían favorecidos, en el contexto de aquella reforma, mientras que ahora cambió todo y la discusión se prende.

Ahora bien, el sistema mayoritario es igual de democrático, guste o no, con sus pros y contras, siendo estos relacionados con el equilibrio entre la mayor gobernabilidad garantizada por el mayoritario, y, por otro lado, el mayor acceso al poder de parte de las minorías, típico del proporcional.

Normalmente, como podría suceder en el caso mexicano si pasa la reforma, sucede que se tiende hacia un bipolarismo, no bipartidismo, entre izquierda y derecha alrededor de formaciones como MORENA y el PAN.

Hoy tres cuartas partes del Senado se basan en una repartición entre un partido ganador y un perdedor en cada estado.

La reforma de Sheinbaum no cambia de raíz, sino modifica en parte, la naturaleza mixta del sistema, al plantear un sistema mayoritario en el Senado.

Así que solo serían 96 senadores y senadoras, reforzando quizás los partidos grandes o territorialmente presentes.

En la reforma, se prevé un sistema parecido al actual, mixto, para la Cámara, agregando además 8 representantes de las y los mexicanos en el exterior con el mismo sistema proporcional, o sea, una innovación importante esperada desde hace décadas.

En materia de control o señalamiento del uso de IA para campañas y spots, es importante comenzar a dar el debate y fijar límites legales.

Por el lado del financiamiento, es necesario reforzar los mecanismos de rendición de cuentas y transparencia, evitando infiltraciones y dineros del crimen organizado.

Refrendar la prohibición de la no reelección consecutiva de todos los cargos y del nepotismo es importante.

En fin, aun con ajustes y cambios que ojalá lleguen a proponerse y discutirse en el proceso legislativo, la reforma tiende a reducir el poder de las cúpulas partidistas y estimular el trabajo o campañas en territorio.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO