La mayoría de los mexicanos anhelan que venga alguien a rescatarlos, a solucionarles sus problemas, a desafiar los retos por ellos, a luchar sus batallas. Buscan rehuir al conflicto, pero no están dispuestos a sufrir las consecuencias, en cambio lo ideal sería que un héroe o salvador resurja para limpiar los obstáculos y guiarlos a la tierra prometida.
Ese sentir no distingue clases sociales, nivel de escolaridad, inteligencia ni capacidades. La esperanza de un héroe o mesías se encuentra en todos lados.
Se llega incluso hasta el absurdo de querer que un jovencito de 17 años hubiera sido el guerrero que derrotara a los rivales que son más fuertes, más experimentados y mejor entrenados, y cargara en sus hombros las ilusiones de todo un país, solo por el simple hecho de que somos mexicanos y nos lo merecemos. Se ansía un milagro y luego otro y luego otro, pero la pregunta sería ¿qué estamos dispuestos a hacer nosotros mismos para definir nuestro destino?
Siguiendo con el ejemplo del reciente mundial de futbol, cada 4 años se repite la misma historia. Termina creyéndose que es más fácil o más probable apostarle a que un milagro nos ayude a cumplir nuestro deseo, en lugar de que hagamos un plan para lograrlo y nos pongamos a trabajar para ello, con la atención debida, con el esfuerzo y la inversión necesarios, asimilando el tiempo que nos llevará a cabo estar en la posibilidad de cumplir con nuestra meta fijada.
La selección mexicana jugó a la altura y al nivel en el que están. El equipo que le ganó a México simplemente tiene más tiempo invirtiendo en estar a mejor nivel. No es un tema de suerte, ni de justicia divina. Es un tema de mérito. Y en ningún momento estoy buscando minimizar el papel y el esfuerzo de los jugadores de la selección y de todo el equipo que jugaron con garra, entrega y mucho corazón. Pero simplemente lograron llegar hasta donde merecían y les ganó un mejor equipo. Eso no quiere decir que sean malos, quiere decir que hay alguien mejor. Y en lugar de quejarnos y victimizarnos, deberíamos de aspirar a llegar a ese nivel haciendo lo propio.
Una buena parte de la “afición” pasó del amor al odio en tan solo 90 minutos. Los esfuerzos y entrega de los jugadores no fueron suficientes para cumplir con los sueños de los espectadores y eso les quitó en un instante el distintivo de héroes para convertirlos en villanos. Así les pagamos.
Antes, todos compartimos la frase de ¿Y si sí? Dejándola como una carga para los representantes de México en la cancha. Que sean ellos quienes hagan lo imposible por cumplir con nuestro sueño.
¿Pero por qué no usamos esa misma frase para motivarnos a nosotros mismos a lograr esa meta haciendo lo que se requiere? ¿Y si sí nos ponemos las pilas y nos ponemos a chambear para tener mayores oportunidades de cumplir nuestros objetivos? ¿Y si sí invertimos el tiempo, esfuerzo y recursos necesarios para ser mejores?
Estas mismas preguntas y este mismo camino aplican para todas las áreas, no solo para el futbol o los deportes. Es más fácil que alguien venga a solucionarnos las cosas, pero es menos probable que suceda.
Nos vendieron en la infancia la idea del héroe fuerte como Supermán, lleno de dones y poderes, o la de Batman que se hizo a si mismo con entrenamiento y perseverancia, incluso como el Chapulín Colorado que era un héroe no convencional que resolvía las situaciones por medio de la suerte o coincidencia más que por su capacidad. Pero al fin de cuentas nos enseñaron a esperar a que venga alguien a rescatarnos, en lugar de rescatarnos a nosotros mismos.
En Sinaloa estamos en búsqueda del nuevo candidato para gobernar el estado, buscamos al candidato perfecto, el cuál se ha convertido en la personificación de los sueños de cada uno de los sinaloenses, todos al mismo tiempo. Un personaje perfecto, impoluto, sobrenatural, fuerte, amable, carismático, inteligente, etc. obviamente no existe y terminamos en el otro extremo, conformándonos o avalando a ese candidato que nos ofrecen los partidos, y con ellos terminamos siendo demasiado permisivos. Se les perdona errores, contubernios, corrupción, mentiras, ineptitud, silencio.
La lista de suspirantes a la gobernatura de Sinaloa en el 2027 es para dar pena.
Debería de ser un llamado de atención. Esa oferta tan pobre y en muchos casos hasta ridícula, que solo nos indica la gravedad del problema en el que estamos inmersos.
En Sinaloa hay mucha gente capaz, mucha gente seria y bien intencionada. Que sean esos perfiles quienes tengan las oportunidades. Aspiremos a lo que nos merecemos, pero hagamos lo que se requiere y no nos sentemos a esperar a que alguien venga y lo haga por nosotros.

Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.