Sinaloa y todo México está viviendo una crisis muy importante en el campo. El cultivo que ocupa la mayor relevancia es el maíz, ya que su siembra representa aproximadamente una tercera parte de toda la superficie cultivable en México. En Sinaloa es aún más grave, ya que puede llegar a ocupar hasta el 75% de las hectáreas productivas del estado.
Somos demasiado dependientes de este cultivo. Por muchos años fue la tendencia el aumentar tanto la superficie, como la productividad de la siembra de maíz. Dicha tendencia fue impulsada tanto por los gobiernos como por los mercados. Pero ahora que la oferta mundial superó la demanda nos dicen: “Ya no es negocio, mejor siembra otra cosa”. La pregunta es ¿Y qué siembro? La respuesta no es sencilla.
Primero que nada, se tiene que hacer un buen análisis de los productores y de las superficies productivas que sean rentables aun con los precios actuales a los que se comercializa este grano. Quienes traigan costos totales debajo de los $50,000 pesos por hectárea y levanten 13 o más toneladas por hectárea pueden seguir en el negocio. Podemos estimar que en esas condiciones se encuentren solo una tercera parte de la superficie.
Quienes no entren en esos parámetros tendrán que buscar alternativas.
El problema es que los demás cultivos prioritarios del estado tienen sus limitantes importantes. Tanto en el frijol como en el garbanzo se debe de cuidar mucho que la producción regional no supere las toneladas que demanda el mercado local e internacional, para que no caiga el precio. Aumentar frijol o garbanzo hasta ahora no ha sido una buena solución, a menos que se busquen, se encuentren y se aseguren mercados adicionales a los que ya existen actualmente.
El sorgo es un cultivo que se utiliza como sustituto del maíz en la alimentación animal. Se establece bien en la región. Su costo de producción es menor al del maíz, pero también es menor su productividad y su precio. El único mercado potencial que demanda una fuerte cantidad de sorgo y que le gusta la calidad del producido en Sinaloa es China. Para llegar a ese mercado habrá que romper unas barreras geopolíticas mas que otra cosa, pero puede a ver ahí una posibilidad.
Las hortalizas entre toda la superficie que se siembra en el estado si acaso alcanza unas 50,000 hectáreas, incluyendo: tomates, chiles, pepinos, papa, berenjena, ejotes, calabazas, etc., por lo que aumentar tan solo en mil hectáreas, o incluso en cientos, cada uno de estos cultivos distorsionaría todo el mercado y tumbaría también los precios. Además de que una hectárea de hortaliza requiere mucha más inversión, mano de obra y riesgo que una de grano. La conversión no es sencilla.
Quedan pocas opciones para los productores: la primera es buscar un apoyo económico complementario por parte del gobierno para equiparar las inclemencias del mercado y las diferencias de condiciones de producción de nuestros competidores internacionales. Esta es la más deseada por los productores, es la más fácil, siempre y cuando el gobierno acepte y esté dispuesto, pero dependemos totalmente de ello.
Otra opción es dejar de sembrar y dejar la tierra ociosa. Dejar de invertir y dejar de perder. Esta sería la opción menos deseada, ya que las tierras se pueden enmontar y el productor tendría que encontrar otra fuente de ingreso que le compense lo que deje de producir.
Una tercera opción será la reconversión de cultivos, pero, como mencioné anteriormente, no se ven muchas opciones. Si buscamos nuevos cultivos que no estén en nuestro abanico actual, tendremos que ser muy cuidadosos de no dejarnos llevar por la intuición.
Hoy en día las nuevas tecnologías y las tendencias de consumo están abriendo la puerta a cultivos que antes no considerábamos. Hay quienes están impulsando cultivos como: girasol, nopal, mezquite, Stevia, agave, amaranto, frijoles para germinados o proteínas de los cuales se están haciendo harinas, endulzantes, forrajes, aceites, medicamentos, entre otras cosas. Cabe señalar que estos mercados son muy pequeños todavía.
El reto sería abrir mercados nuevos. Pero bien planeado. Tenemos que estar seguros de que exista un mercado que demande estos productos. Estar seguros de que en la región, y con las condiciones que tenemos, se puede producir en cantidad y calidad que requiera ese mercado. Estar seguros de que el precio nos traerá beneficios, mejores que lo que actualmente tenemos. Solo si estamos seguros de poder lograr esas tres condiciones hay que avanzar.
No debemos de estar inventando, lo que hagamos hay que hacerlo con seguridad, con planeación y estrategia. No podemos apostar con el patrimonio de nuestras familias. Tenemos que encontrar la manera de volver a ser rentables y proveedores. Estamos pasando por una racha muy complicada, pero estoy seguro de que encontraremos la salida. Ojalá que para entonces no se hayan quedado tantos en el camino.

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