Las cárceles tienen una sola puerta,
por allí entra y sale todo.
Cap. José Román Pedregal Soto
Las cárceles son el espejo de la sociedad. Lo que sucede al interior de sus muros, patios y celdas no es nada distinto al universo exterior. ¿Corrupción? Existe afuera y, desde luego, adentro del sistema penitenciario. ¿Violencia? Pues está presente en una y otra parte. ¿Abusos? Quién se atrevería a sostener que no se reproduce al interior del campus penitenciario en formas muy similares a los que tiene lugar acá entre nosotros. ¿Población vulnerable? No es exclusiva de la sociedad libre, la única diferencia entre el sector vulnerable que está privado de la libertad y la población que sufre la exclusión afuera de los muros carcelarios sólo es el número, nunca el dolor y el sufrimiento.
La población penitenciaria en México alcanza ya los 261 mil 388 internos, recluidos en 276 centros de reclusión. Se considera que el número de personas privadas de la libertad creció en un 11 por ciento desde el inicio de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum. Si consideramos a los internos por sexo: 245 mil 22 son hombres y 16 mil 366 mujeres. Y si la referencia es por delitos: 243 mil 365 son por fuero común y 218 mil 23 por fuero federal. Otro aspecto que define el perfil penitenciario es que el 40 por ciento de sus internos está en calidad de procesados, sin sentencia definitiva. Existe una sobrepoblación de unos 15 mil internos, haciendo verdadera crisis en el Estado de México con más del 400 por ciento en algunos reclusorios y en Sinaloa, sobre todo a partir de la crisis de seguridad actual.
Según el reporte mensual correspondiente a febrero del presente año, Sinaloa tiene una población penitenciaria de 4 mil 950 internos. Los reportes sobre la materia señalan que la población ha crecido sensiblemente a partir de la crisis de seguridad que estalló el 9 de septiembre de 2024. Se afirma que hay una sobrepoblación del 32 por ciento. Lo cierto es que la complejidad de la situación que se vive en varios municipios de la entidad se ha mudado al interior de los penales, que en los últimos meses han vivido verdaderas crisis, sobre todo el Centro de Rehabilitación ubicado en Aguaruto, municipio de Culiacán. En esta penitenciaría hubo semanas en las que riñas, revisiones policiales en módulos y cambios de director eran las noticias centrales.
Este mes de mayo cerró con el asesinato de siete reos al interior del penal de Aguaruto, elevando la cifra de presos que perdieron la vida a 27 en todo el estado en lo que va del año: 14 de ellos en Aguaruto, 7 en Mazatlán, 5 en Los Mochis y uno en Guasave. Todo esto confirma que los penales son el espejo de la sociedad y convoca a revisar de fondo lo que hasta ahora se ha hecho y se a omitido en las cárceles del país, particularmente en las de Sinaloa. En los días en que las riñas, esculques y cambios de administración eran tan frecuentes, el gobernador Rocha Moya planteó la necesidad y su interés en construir una nueva penitenciaría en el municipio de Culiacán. Luego del último hecho mencionado, la pregunta de si es necesaria una nueva institución carcelaria, lleva consigo la respuesta: sí. La Penitenciaría de Aguaruto sobrevive a 55 años de su inauguración.
Durante ese tiempo la población sinaloense casi se ha triplicado de un millón 266 habitantes a más de 3 millones. Los problemas se han multiplicado y su complejidad también. La concepción sobre el funcionamiento de las cárceles también evolucionó. Ojalá se construya una nueva institución penitenciaria que albergue fábricas y centros de trabajo que emplee a la población interna, pues ello permite una efectiva inserción social y con los ingresos que se generen una parte sostendrá al sistema penitenciario y la otra a las familias de los internos. Hacemos votos por un nuevo modelo penitenciario.
Pensar que los centros de reclusión están condenados a ser sitios donde se encierra, sin más, a quienes cometieron delitos, es olvidar el verdadero sentido social que el Artículo 18 Constitucional le da a la institución penitenciaria, a saber: “El sistema penitenciario se organizará sobre la base del respeto a los derechos humanos, del trabajo, la capacitación para el mismo, la educación, la salud y el deporte como medios para lograr la reinserción del sentenciado a la sociedad y procurar que no vuelva a delinquir, observando los beneficios que para él prevé la ley”. Por eso hablamos de que es inaplazable una reforma penitenciaria en la que se conciba y permita ejecutar lo que nos mandata el artículo citado. Si la tarea de la transformación no contempla la función de la reinserción social faltará un campo muy importante y sensible por trabajar, y todo esfuerzo está condenado al fracaso.
¿Qué cosas positivas tiene la aplicación de cada elemento contemplado por el Artículo 18 Constitucional? Si hablamos del trabajo y la capacitación para ello, veremos el nacimiento de centros de trabajo en las penitenciarías, que darán empleo a los internos, generarán ingresos para el sistema penitenciario y para los presos (que dejarán de ser una carga para el Estado y para sus familias, como acontece hasta hoy). Si la autoridad se declara sin recursos para esa inversión, puede resultar una inversión muy atractiva para la iniciativa privada, pues no sólo se ahorrarían algunos impuestos como el del predial, también dispondrían de una mano de obra sin problemas de transporte para llegar puntualmente al trabajo. ¿Dónde más encontrar esas ventajas?
Más allá de asumir a las cárceles como espejo de la sociedad, reconozcamos que buena parte de la crisis que ahora viven nuestros centros penitenciarios tienen que ver con la concepción de los mismos: si hay desórdenes en su interior, se considera que hay que mandar administradores de mano dura. No personal formado profesionalmente para ello. Concluyamos que si no atendemos las causas que provocan las crisis, tantos las externas como las internas, estaremos dando palos de ciego y aplicando las recetas que ya demostraron su ineficacia hasta la saciedad, que cuestan vidas, que son tragedias familiares y que esculpen un mal rostro de la autoridad que debe ver que la vida interna de los penales marcha de la mano de la vida pública. Conozco la vida penitenciaria de cuatro países, por haber estado de visita en esas instituciones como defensor de los derechos humanos. Doy testimonio de lo que el trabajo industrial organizado ayuda en la reinserción social de los internos. Y si a eso sumamos el esfuerzo educativo, deportivo y cultural, otros gallos cantarán en el sistema penitenciario. Baste recordar que no pocas obras de la literatura universal se han escrito en las cárceles, por ejemplo: Miguel de Cervantes pergeñó parte del primer tomo de Don Quijote en la Cárcel Real de Sevilla y Marco Polo, apoyado por su compañero de celda Rustichello da Pisa, escribirá sus andanzas de comerciante. Vale.
www.oscarloza.com
[email protected]
X @Oscar_Loza

Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.