¿Cómo se ha concentrado y ha evolucionado el fenómeno de la desaparición de personas entre los 2,478 municipios de México? ¿Cuáles son aquellos con más casos en absoluto y con mayor incidencia proporcional a su población? ¿Qué dinámicas se dan en municipios fronterizos con Estados Unidos? A estas y otras preguntas responde en el Informe de Red Lupa, que es, como explica su web, “una red de mujeres, personas buscadoras y acompañantes que monitoreamos los cambios del fenómeno de la desaparición y generamos información útil para nuestra lucha, mediante el diálogo y el trabajo”, así como un proyecto y alianza “para el seguimiento y vigilancia de la Ley general en materia de desaparición forzada de personas, desaparición cometida por particulares y del sistema nacional de búsqueda de personas”.

El estudio está actualizado al 24 de agosto de 2026, visible en su página titulada: ¿Cuáles son los 100 municipios con más desapariciones de personas en México?

La información recabada en este 2026 se analiza con base en la dimensión local, tal como la describen los datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas de la Comisión Nacional de Búsqueda (RNPDNO), el cual, pese a sus sesgos y carencias acumuladas en la calidad de la información de los casos registrados, y en ausencia de los registros estatales públicos previsto e la legislación y nunca implementados en las entidades, sigue siendo la herramienta más completa para obtener una panorámica de las desapariciones según los territorios y localidades de mayor incidencia en el tiempo, las características demográficas de las personas que han sido desaparecidas y los tipos de delitos asociados, entre otros filtros y factores observables.

El informe se acompaña de un mapa interactivo en el cual de forma inmediata se pueden visualizar los primeros 100 municipios con mayor número de personas desaparecidas y, para cada uno, abrir una ventana pop up con ciertos datos de contexto como el nombre y partido del o la presidenta municipal en funciones, el número de fosas clandestinas reportadas por otro proyecto, la Plataforma Ciudadana de Fosas, con base en fuentes oficiales, así como datos sobre homicidios, feminicidios y el desglose por sexo de las personas desaparecidas. También se lee la tasa de personas desaparecidas por 100mil habitantes, un dato relativamente poco estudiado y casi nunca mencionado por los reportes y mensajes de las autoridades de distintos órdenes y poderes. Y, sin embargo, es muy importante para entender más fondo el fenómeno, la densidad y el impacto de gran calado que puede tener en comunidades que, como, por ejemplo, Villagrán y Salvatierra en Guanajuato, son relativamente pequeñas o medianamente pobladas, pero concentran un número desproporcionado de desapariciones. Al respecto destaca el caso de Atlautla, Estado de México, que, con una población de cerca de 32mil habitantes, tiene una tasa altísima de 576 desaparecidos cada 100mil habitantes y una cifra absoluta de 1839 personas desaparecidas, algo insólito y que debería ser cuestionado ante la fiscalía estatal.

Entre los hallazgos de esta investigación destacan los siguientes:

  • Los primeros 100 municipios, que se encuentran en 24 estados, concentran el 56% del total de los casos de personas desaparecidas en el país.
  • El primer municipio es Tijuana (Baja California) que concentra un número de 3,300 casos de personas desaparecidas.
  • El municipio número cien es Tultitlan (Edomex) que concentra un número de 292 casos de personas desaparecidas.
  • El estado que tiene un mayor número de municipios en el ranking es Estado de México, también tiene el mayor número de personas desaparecidas del país.
  • Para estos cien municipios la tasa promedio acumulada por cada 100,000 habitantes es de 27 personas desaparecidas.
  • Querétaro capital y el municipio de León (Guanajuato) tienen la menor tasa acumulada: 4 personas desaparecidas por cada cien mil habitantes.
  • En estos cien municipios se ha reportado con datos de las Fiscalía Estatales un número total de 2,985 fosas según la Plataforma Ciudadana de Fosas.
  • La mayoría de estos municipios, 82, están situados en zonas metropolitanas y 18 son municipios periféricos.
  • En estos cien municipios hay 38 municipios que están por encima de la media nacional de casos de mujeres desaparecidas (22%).
  • Especial atención tienen los municipios con un porcentaje de casos de mujeres desaparecidas igual o mayor del 40% y que son: Álvaro Obregón y Tlalpan (CDMX), Solidaridad (Quintana Roo), además de los siguientes seis municipios de EDOMEX: Chalco, Tecamac, Chimalhuacán, Toluca, Cuautitlan Izcalli y Atlautla.

Cabe destacar, además, el “caso límite” de cuatro ciudades: Tijuana, Reynosa, Nuevo Laredo y Matamoros tienen entre 2,500 y 3,300 personas desaparecidas y se ubican en estados fronterizos, evidenciando dinámicas de larga data y recientes, en ambos lados de la frontera, de particular relevancia y complejidad, relacionadas con migración y tránsito, recursos, tráficos lícitos e ilícitos, grupos delictivos y redes macrocriminales, colusiones estatales y patrones de impunidad, entre otras. Se trata de situaciones históricas que cruzan la geografía y la economía de toda la franja, pues, de poniente a levante, los municipios de Ensenada, Mexicali, San Luis Río Colorado, Caborca, Nogales, Ciudad Juárez, Piedras Negras, Miguel Alemán, Valle Hermoso y San Fernando conforman también un bloque de focos rojos en el mapa de la desaparición en México, al lado de los ya mencionados casos extremos en el Norte.

Culiacán y Mazatlán en Sinaloa, Acapulco en Guerrero, monterrey en nuevo león, Hermosillo en Sonora, Zapopan y Guadalajara en Jalisco, Morelia y Uruapan en Michoacán, Celaya, Irapuato y León en Guanajuato, el puerto de Veracruz, Tabasco y Benito Juárez (Cancún) constituyen otros focos rojos, pues por su tamaño población y número de desapariciones explican una parte substancial de la problemática, pero sin agotarla ni subsumirla.

Sabemos que en la historia reciente de México el ámbito municipal ha sido el eslabón más débil dentro de la cadena de instancias y determinantes de los ciclos y embestidas de la violencia, que es profundamente social, organizada y política, no simplemente “criminal”, “de bandas” o “mediática”, en una época caracterizada por un creciente número e imbricaciones de actores, motivos, modus operandi y desenlaces de la misma violencia, particularmente de las desapariciones.

En efecto, los mecanismos y lógicas de la desaparición, así como los efectos sociales expansivos, comunitarios, familiares y personales de esta forma de violencia extrema y del ocultamiento de cuerpos que, en ocasiones, se asocia con ella, van mucho más allá de las cifras y los mapas de calor entre estados y municipios con más incidencias.

Historias de vida, precarizadas e invisibilizadas, y proyectos truncos, trastocan memorias y familias rotas continuamente, mientras quedan pausados los caminos de la justicia, no tanto y no solo jurídica, sino simbólica, intergeneracional y restaurativa.

En la larga espera, miles de personas, solidarias y sobrevivientes de las violencias, se han estado organizando y moviendo para buscar y reaparecer a las y los desaparecidos en plazas, mosaicos y pancartas, fotografías y obras artísticas, memorias y palabras que integran resistencias locales, situadas, fluidas y cambiantes, quebrando la monotonía de la numeralia y la letanía burocrática con marchas y bordados, consignas y pases de lista. Lo hemos visto en decenas de ciudades mexicanas este 30 de agosto, también, como en años anteriores, en ocasión del Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, y lo seguiremos viendo hasta encontrarles a todos y todas.

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