Por Heidy Alejandra Martínez Hernández
(UAIM-Las Rastreadoras de El Fuerte)
Quiero empezar diciendo que estoy muy agradecida de haber sido invitada a presentar este libro, que no es solo un libro académico sobre una problemática urgente en nuestro país como es la desaparición de personas, sino que es una crónica de la historia y las luchas de quienes estamos en esta mesa, de las mujeres buscadoras que están sentadas entre el público, y de las miles de mujeres en México que han tomado palas y picos para buscar a quienes nos hacen falta. Es para mí un honor compartir este espacio con Mirna Medina, líder y fundadora de Las Rastreadoras del Fuerte, con Marcos Vizcarra, Abel Sarmiento y con Aída Hernández, autora de este libro, quien ha sido no solo una amiga y aliada, sino una mentora en mi formación académica y un afecto importante en mi vida.
El libro Exhumar la esperanza. Una etnografía feminista en el país de las fosas, de Aída Hernández Castillo, constituye una obra fundamental para comprender la dimensión humana, política y afectiva de la crisis de desapariciones en México. A través de una metodología etnográfica colaborativa y feminista, la autora documenta los procesos de búsqueda emprendidos por familiares que, frente a la ausencia de respuestas, se convierten en investigadoras, peritas, defensoras de derechos humanos y guardianas de la memoria. La obra no solo describe una realidad social, sino que construye un espacio donde el testimonio y la reflexión académica se entrelazan para evidenciar las formas de resistencia que emergen en contextos de violencia extrema.
El libro abre con nuestra historia, y digo nuestra para referirme no solo a la de mi madre en sus búsquedas de mi hermano sino con la historia de Las Rastreadoras de El Fuerte, cuyas voces y experiencias están en el centro del primer capítulo del libro. para entender la crisis de derechos humanos que vivimos en Sinaloa, estas prácticas no han sido totalmente efectivas para silenciar y paralizar a los familiares de los y las desaparecidas, porque ellas han roto el silencio recordándole a la sociedad que nos faltan 136 mil desaparecidos.
Aida, no describe de manera distante y fría las luchas de Doña Mirna, Doña Manqui, Don Paz, de mi propia madre, sino que nos acerca a sus testimonios, al dolor de encontrar los restos de un familiar.. Pero no son solo historias de dolor y violencia las que nos cuenta, también narra momentos de alegría y solidaridad en los que se construye comunidad y se cuidan las unas a las otras, nos habla de sus saberes forenses, de cómo son especialistas en el análisis de contexto, porque solo ellas saben dónde, cuándo y cómo buscar.
En el libro se habla de las luchas no solo de las buscadoras de Sinaloa, sino de quienes en el Estado de Morelos, han descubierto y denunciado el uso de fosas comunes estatales para ocultar cuerpos en los pueblos de Jojutla y Tetelcingo. Nos habla también de las luchas de los familiares de migrantes masacrados y desaparecidos en su tránsito por México, y como desde Honduras sus familias se han organizado para que otros migrantes no vivan lo que vivieron sus hijos.
Un parte que disfrute en especial del libro es el capítulo dedicado a las experiencias de escritura de las mujeres buscadoras, como tanto aquí en Sinaloa, con el libro Nadie Detiene el Amor, como las buscadoras de Morelos con el libro Sanadoras de Memorias, decidieron contar sus propias historias y las de sus hijos. Yo personalmente he podido participar en estos talleres de escritura y perder el miedo a contar mi propia historia. A través de una metodología que se llama Escritura Identitaria, la autora Aída Hernández, con sus compañeras de la Colectiva Hermanas en la Sombra, han impartido talleres virtuales y presenciales, invitándonos a explorar nuestras memorias y escribir nuestra historia.
Dentro de las historias que el libro analiza está la de mi hermano, como parte del entramado de testimonios que el libro reúne. Pero su historia de secuestro, desaparición y posterior hallazgo en una fosa clandestina, no aparece como un caso aislado, sino como una voz que se suma al coro colectivo de experiencias que revelan el alcance estructural de la desaparición y sus efectos en las familias y comunidades.
El relato permite observar cómo la obra trasciende el registro documental para situarse en un plano profundamente humano. Las historias narradas muestran no solo los hechos vividos, sino también las emociones, los silencios, las incertidumbres y las formas de resistencia que acompañan a quienes enfrentan la desaparición de un ser querido. En este sentido, el libro logra evidenciar que cada testimonio individual es simultáneamente una experiencia personal y una expresión de una problemática social más amplia.
Considero que este libro ejemplifica uno de los principales aportes metodológicos de la autora: la construcción de conocimiento desde el acompañamiento y el diálogo con las personas afectadas. Aida Hernández no escribe sobre las familias buscadoras desde la distancia académica tradicional, sino desde una posición ética de cercanía, escucha y reconocimiento de sus saberes. Así, la historia presentada no es solo narrada, sino co-construida en un proceso que reconoce la autoridad testimonial de quienes han vivido la experiencia.
Les invito a leer Exhumar la Esperanza, a dejarse conmover por las historias que ahí se narran, pero que a la vez esta empatía se convierta en solidaridad y conciencia política. No podemos ser indiferentes, cuando somos una sociedad que camina sobre sus muertos. Que les recuerden a todas las familias buscadoras que NO ESTAN SOLAS. También les invito a comprar el libro y apoyar de esta manera sus búsquedas.


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