Cuando hablamos de cine mexicano que refleje la actualidad de Sinaloa (y gran parte del país), cualquiera se sentiría tentado a señalar «El Infierno», producción estrenada en 2010 en la que el cineasta Luis Estrada presentó en una suerte de western moderno una historia narrada desde la mirada de dos sicarios en un alejado pueblo rural.
Y aunque resultan atinadas las mofas y referencias humorísticas que Estrada realiza a costa de los ejecutores de violencia en el crimen organizado, lo cierto es que existe entre su filmografía una entrega aún más indicada si lo que se pretende es señalar al problema de raíz: el Gobierno y las instituciones de poder.
1999. Tras poco más de 70 años de permanencia constante del PRI en el poder, el cine aún no se atrevía a abordar la corrupción política de forma directa. Fue en ese mismo año cuando «La Ley de Herodes», misma que por primera vez se atrevía a sacar a relucir los voraces excesos del partido en el poder (y que en la actualidad aún permanecen vigentes).
Ambientada en el año 1949, durante la administración presidencial de Miguel Alemán Valdés. Damián Alcázar interpreta a Juan Vargas, un burócrata gubernamental anónimo que es usado como carne de cañón para tomar el titulo de alcalde en San Pedro de los Aguaros, un pueblito ficticio ajeno a la mirada de dios y de la idea de contar con autoridades decentes y competentes.
Pese a sus iniciales intentos de gobernar de forma digna y honesta en su búsqueda por traer la modernidad y el progreso a los habitantes de la localidad, su odisea lentamente se dirije a una espiral de corrupción, traición y abusos de poder bajo los consejos de su padrino político (Pedro Armendáriz Jr.), quien le sugiere aplicar contra sus enemigos la Ley de Herodes: O te chingas o te jodes. Una frase que parece haber calado hondo en la clase política hasta el día de hoy.
Sobra decir que Vargas ahora representa para el imaginario colectivo el arquetipo perfecto del político mexicano promedio: alguien cuyos ideales (sean reales o no) tarde o temprano sucumben ante las tentadoras y efímeras delicias ofrecidas por el poder.
La cinta es considerada hasta el día de hoy un espejo incómodo en el cuál el país se siente obligado a observar su forma de hacer política. Una cuyas raíces se extienden hacia muladares e instituciones religiosas cuyos miembros se ven envueltos en una red de tráfico de influencias y favores por debajo de la mesa con el propósito de salvaguardar sus posiciones de privilegio.
Y a pesar de los descarados intentos de censura por parte de autoridades administrativas y distribuidoras de cine, «La Ley de Herodes» logró ganar un total de 11 premios Ariel, incluyendo Mejor Película, Dirección y Actor Principal, consolidando su lugar como pieza importante en la historia del cine nacional.
Incluso hay quienes se atreven a señalar que este metraje fue clave en el despertar político de principios del siglo XXI que ocasionó que el PRI, por primera vez en su historia, perdiera las elecciones presidenciales contra un candidato panista. Quizás sea momento de construir una nueva «Lay de Herodes» para los tiempos que corren en la actualidad.

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